miércoles, 26 de marzo de 2014

Edita


Edita

¿A qué se dedica? Edita. ¿Qué edita? Parte de su vida. ¿Cómo? En principio: lee. Dos años se resumen en ochenta o noventa páginas con letras que si bien son negras, parecen carmesí. Afectos y ternuras (como si fueran algo diferente)  trascendieron el umbral de la memoria para hacerse historias donde se aglutina la fuerza de su voz. Lee sin prisa y sonríe cada vez que lo ve pasar. Su rastro es inconfundible. Es el viento a estribor. Y ella la bitácora donde se datan adioses, encuentros y bienvenidas. El cuerpo, también edita. Allí donde lee un formalismo y anuda una bufanda, recuerda que es justo lo que tendrá que ponerse mañana. Donde llueve: siente frío; donde hay licor: casi se emborracha.     Al final, sólo un fragmento del compendio será visible. El mejor fragmento. El decisivo. Aquel que no construyo sola porque un maravilloso ángel llegó a su encuentro con la palabra y su voz. Así pudo tomar el cincel y comprender qué era prescindible, qué podía decirse mejor. Ahora hace un pastel, porque no es prudente eso de escribir mientras se edita, pero no se aguanta, siente la enorme necesidad de decir; gracias.  

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