lunes, 31 de marzo de 2014

Ánforas tristes

Te veo en un fragmento de un poema de Pessoa:¡Ah, qué fastidio que quieran que yo sirva de compañía! Me siento fatal, sí, te he querido de compañía. Te he querido abordo de mi soledad. He llenado de ausencia ánforas tristes. Y si no te quiero de compañía, ¿cómo más te quiero? ¿Cómo más te puedo querer? Si contigo todo se escribe y las cosas pierden importancia. Si contigo mi expectativa de vida ya superó los números probables. ¿Fue ilusión tu compañía? Puedo seguir hablándote desde el amanecer hasta la tarde. Puedo prometerte un verso, cambiar de apariencia, mudar los años lóbregos. Estoy cansada sin ti. ¿Cuánto peso te puse? ¿Por qué tenía que quererte así? No debí anhelar tu compañía. Debí cerrar con llave la puerta de mis sueños. Pero mira que tú eres hábil, te cuelas por allí donde no hay más remedio que llenar con plastilina agujeros irrisorios. Tú te cuelas, tú eres mi compañía. Tendré que conducir un par de horas, detenerme con la ciudad como testigo. Abrir la puerta del copiloto, pedirte con dulzura que te bajes, imaginar que lo haces, suspirar, cerrar la puerta, poner reversa, no mirar por el retrovisor. Regresar. Abrir la puerta del estudio, encender el computador, buscar el correo y comprender que mi Odisea ha terminado. Ya no tengo adónde más volver.     

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