lunes, 17 de febrero de 2014

Espiral de referencias

El primer paso fue un poema. Allá donde los tigres tienen oro y la ansiedad y el alivio de oír tu voz hacen que el amenazado, sea el amor. El segundo, fue un cuento que tuve que cerrar a fuerza de la lluvia que se desató al mismo instante que abrí el libro. El tercero fue un intento inútil de encontrar el cuento que había decidido esconderse en tan bella antología. El cuarto fue tomar un compendio de campos de golf y leerlo como si en realidad entendiera las diferencias entre un campo y otro, siempre que fueran 18 hoyos... el 19 me recordaba al bar donde celebraba el juego mi padre. Toda verde, decidí elegir como quinto, un libro de tarot, sí, la mirada de Jodorowsky que involucra arquetipos, tiradas e interpretación del color... entre otras cosas. Quise hacer una lectura por bibliomancia y tan pronto me salió el arcano VI, El Enamorado, me dije que no, no podía ser. Busqué entonces lo que mi mano eligiera y una fotografía le salió al paso. Me costó reconocerme en esos años. Supe que era feliz y que entonces, no me había dado cuenta. Quise retratar la espiral y este fue el resultado. Ahora mismo felicito a un amigo por su cumpleaños e intento imaginar si algún día dejaremos de celebrarlos. Quizás en treinta o cuarenta años sea inquilina en un hogar de ancianos. Allá donde cada año se está más cerca de la muerte y del alivio o más lejos de la razón y el cuerpo sano, la espiral será la propia mente, intentando comprender en qué momento se fue la vida por el caño. 

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