miércoles, 15 de enero de 2014

Tus ojos oscuros


a William Rouge

Dejaste tus ojos oscuros en la mesa de la sala. Apenas te fuiste noté su presencia y no, no me los medí. Sé que tu mundo tiene los colores del viñedo, la sangre del alcohol y los versos in fraganti. Sé que en ti se fermentan saludos y adioses y que ves rojo en todo lo que amas. Los sostuve en mis manos y no supe qué hacer con ellos. Tus ojos, conmigo. Tenerlos aquí era como sentir que continuabas viéndome. Tu barba apenas si se dibujaba en mi mente con acariciar la punta de los lentes. La sonrisa, inevitable. Entonces recordé esa línea tuya que dice que una ciudad no cabe en aviones... y pensé que nuestra ciudad, también tiene tu color. Pero no sólo por el amor sino por la sangre. Ay, tanto me dicen tus ojos oscuros que no sé dónde ponerlos. Prometiste regresar por ellos y aquí están, lejos del sol, cerca de ti conmigo. Lo cierto es que los puse en una repisa y cada que paso cerca te pienso. 

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