jueves, 2 de enero de 2014

En pie

Toma todas las prendas de invierno. Abajo los suéteres, las bufandas, las camisas cuello tortuga, las medias térmicas. Agarra la lluvia por la cola, dile que no te asfixiará más. Ve a la mesa de noche y bota los inhaladores de última generación. Conserva el Ventilan -por si las moscas-. Imagina un año completo sin dificultades respiratorias, sin servicios de urgencias, sin esteroides ni nebulización. Imagina también un año sin dolores óseos, sin analgésicos, sin cirugía. El litio... no, déjalo en su lugar, o más bien, dale un ascenso, cámbialo de cajón. Has una purga con los demás medicamentos. Estás muy joven para tener una caja de todo lo prescrito con anterioridad. Vamos, revisa la fecha de vencimiento, sorpréndete por el tiempo que muchos han estado allí. Corre al sanitario -para otros retrete- y despídete de pastillas que no necesitarás. Ahora inhala profundo, lleva el aire hasta el estómago, reconoce que te sientes saludable. Lo que para otros es corriente para ti es un deseo de año nuevo. Nunca sabes cuánto durará. Qué importa. Disfruta el presente. Duerme hasta las diez. Sueña con él. Despierta y toma una fotografía, has muecas por favor, y cuando arbitrariamente te decidas, arriba al blog. Sin un comienzo ni un final, sin una cohesión entre historias, sigue narrando aquello que bien, o se te ocurre, o te ocurre. ¿Dónde está la diferencia? 

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