viernes, 31 de enero de 2014

Aplausos mudos

Dejaste tus pasos desperdigados en todas mis superficies. No puedo cerrar los ojos sin verte. No puedo escuchar el celular sin pensar que se trata de ti. Tu voz pretende anudar mi melancolía pero tu ausencia arde. Simulacros de ti no me devuelven la alegría. Y la busco en mí. La busco en mí. Ha resuelto esconderse allí donde el ángulo de mi periscopio es torpe. Entonces juego a reír con el iluso propósito de despertar una comediante que no existe. Dos o tres jajaja no tienen el impacto esperado. He perdido hasta la ruta de los sueños. Cada noche, cada nueva hora que transcurre en vigilia es un desespero que surge como aeropuerto de aplausos mudos que a decir verdad, parecen más como palmadas. Gotas para el insomnio, las cuento y las sorbo. Por fin duermo químicamente y es triste despertar porque dormir así, no repara. Abro los ojos con resignación y de nuevo te busco donde hace meses ya no habitas. Sabía que esto podía pasar, monólogos enteros se habían preparado para sacudirme pero me hizo falta entrenamiento. Ahora tengo es que contradecir al cuerpo: obligarlo a nadar, mantenerlo vertical, prohibirle el café. No seas tierno por favor, mira que tu amistad ahora es como una daga y no puedo olvidarte sino hay distancia. Necesito que suenen los aplausos, que aprueben esta decisión sin sentir derrota. 

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