viernes, 26 de diciembre de 2014


Con una orilla como destino
con el mar Caribe como horizonte
He de escribir en la arena una palabra:
Gracias


Feliz 2015

lunes, 22 de diciembre de 2014

Sueños alados


En mi laberinto no hay ningún fauno, tampoco hadas o uvas; el césped es sintético y por ende inquebrantable. Siempre me pierdo al doblar a la izquierda y tardo meses en encontrarme. No da hambre ni sed y muchas mariposas tropiezan en mí. A las de colores, no les temo, me despiertan ternura. Las negras o cafés me atemorizan porque se parecen a mí: tengo meses sin dar buenas noticias. Por suerte no estamos en esos meses. Estamos con la poesía, queremos hacer del cuerpo un lienzo entero y del lente un cómplice coqueto. Nos gustan las luces, el juego de sombras, las superficies. Pero ya es mucho lo que le pido a Dante (mi computador). Quiero exteriores. Quiero decir que tu luz me toca y mi piel la absorbe, que tus labios también son mi laberinto. Necesito expresar el infinito como quien muerde una manzana. Quiero gritar que el paraíso es ahora y contigo y que no hay diablura que nos quede pequeña. Anhelo bostezar y que no sea de hambre ni de sueño. Puedo contar las puntas de una amatista y vestirme de morado para transmutar. Ser crisálida, habitación de tus sueños, caparazón en contra de tus miedos. Quiero vestir de gala para cuando , Morfeo, mande por mí. No tiene que subir o bajar hasta aquí. Me basta con un ascensorista cordial que me dé un paseo por la galaxia comenzando en Andrómeda. Aunque hay que ser sinceros y decir, que me gustaría pasear por el territorio de tus sueños. Ir tipo dos de la mañana a mirar en que estás. Encontrarte despierto y toser. Tomarnos un té. Preguntarte por los libros e historias y escucharte decir lo que tengas que decir. Resistir la tentación de besar tu boca. Volver a la cama y despertar.

domingo, 21 de diciembre de 2014

Carboncillo

Un retrato de ti es lo que le hace falta a mi estudio. Así te miraría en lugar de imaginarte tanto. Me pondría labial para nuestras conversaciones de media noche. Buscaría bandas sonoras de películas que nos marcaron a ambos. Silbaría tus ojos y desposaría tus mejillas. Te hablaría de la última línea que leí y abriría el cuerpo de un poema. Te invitaría a brindar por un año sabático. 365 días para huir del planeta que nos conoce y visitar las dunas que nos esperan. El Louvre sería una duna. The National Galery otra. Visitaríamos a Gaughin y le llevaríamos recados de las islas. No me importaría si te enojas con Leonardo y le cuentas lo que ha sido la civilización occidental. Caminaríamos entre cementerios buscando la tumba de Poe. Al cerrar los ojos estaríamos en Kay West y los gatos nos hablarían de Hemingway otras maravillas. Artaud y Rimbaud compartirían libro. Una antología escogida por ti para nosotros. Traduciríamos un poco de Whitman y de paso algo de Capote. La señora Dallaway estaría en el menú diurno y Madame de la Fayette se colaría para decirnos algo. Y es que cuando imagino tu boca salen letras, títulos, poemas. Y cuando imagino tus manos, le das forma a todo con barro. Y mientras cargo el pincel de magenta, un carboncillo café te inventa. 


sábado, 13 de diciembre de 2014

Ecuaciones


Recuerdo las postales, las estampillas, la saliva en los sobres. Recuerdo la sensación de dormir en hamaca y la embadurnada en repelente por la legión de mosquitos. También recuerdo el árbol en el patio y el letrero de prohibido el paso. Mis ataques de asma cuando aún no podía administrar mi propia bombita. Las barbies, los accesorios, los ponys, las caídas en bicicleta, los patines que nunca aprendí a manejar. Recuerdo los perros de mi infancia: Minky, Snoopy, Polo, Pachocho, Conde... No olvido las fincas: los masmelos en chimenea, el mango biche con sal y limón, las siestas... Mi padre y el ron. Las insoladas. Cerro Tusa imponente quebrando el paisaje. El temor cada vez que me subía a un caballo. Mi insoportable delgadez, los orzuelos, la fastidiosa clase de gimnasia sin sostén. Las tareas de sociales, los mapas: el papel mantequilla, el pintar por el revés. La rana abierta: la mayor crueldad, en biología. Los frascos con formol y los fetos. El seno, coseno y tangente. Los novios y los besos o debo decir los besos y el novio... Las salidas hasta las doce, mi primera vez que me quedé hasta el amanecer. Papa John, Visagra, El Blue, Le Bon, El Tejadito. La amistad de Diógenes y Sergio Tobón. Las cartas de Elvira, sus dieciocho con papayera. Los primeros insomnios. El Puerto. Mis fallidos intentos de abandonar la administración. Las ecuaciones incongruentes de Métodos Cuantitativos, la pereza frente a Contabilidad II. Los elefantes en la oficina del adorable Jorge Tabares. El sueño en la clase de tres. Mis citas donde Martha Inés. Todo viene una vez que puedo decir: hace veinte años. 

lunes, 8 de diciembre de 2014

Delirio astral

Vagaría milenios por tu boca. Recitaría poemas en las plazas con la esperanza de verte. Perdería la voz en ese intento de aullar lo que siento. A la intemperie, me convertiría en lluvia para mojarte.  En la mar, sería ola con una oportunidad de tocarte y escogería el Atlántico y la bahía de Cartagena para llegar a ti. Me subiría a una bestia, sin espuelas, y cabalgaría hasta el amanecer en El Tablazo donde sin ruana, vencería la hipotermia con el calor de tu mirada. También le pagaría con un beso a un gondolero por hallarte en Venecia. Subiría los escalonados tejados de Brujas y hasta tendría mi propio canal en Amsterdam. Sería una mujer fluvial para encontrarte aquí o allá y en cualquier estación. Sería cerezo también. Florecería contigo hasta morir. Dormiríamos en camas separadas para que tu cuerpo no se habitúe a mí y el mío tenga una excusa para pasarse. Por lo pronto camino las dunas de los sueños donde por alguna razón voy a color y tú no me esperas al doblar la esquina. Me detengo y ya no soy más coyote, ni correcaminos el amor. Te escribo una delirante carta que deposito en el buzón sin dirección alguna. Comienzo a vagar y un poeta recita a todo pulmón en el centro de la Plaza Bolívar. Comienza a llover y agradezco tener conmigo mi paraguas. Voy a Cartagena pero no me arrimo al mar. Voy en una cabalgata y mi bestia después de un rato, se niega a andar. Por alguna razón un joven me confunde con gondolera y me besa para pasear. Compro chocolate y bordados en Brujas y siento que alguien me mira. Pido el helado con cerezas y muerdo la última por la mitad. 



Un guiño

No sabe guiñar un ojo, cuando lo intenta, guiña todo un lado de su cuerpo. Se eclipsa. Piensa en él. Acaricia los límites de su razón cuando recuerda aquel sabor y aquel tacto.
Desde que lo conoció volvió a llevar un diario. Ahora también escribe poesía. Aprendió origami por Youtube. Y las alas que penden del atrapasueños de su alcoba lo ayudan a pasar por la malla de sus sueños. Es así como se encuentra con él en blanco y negro. Él lleva su maletín de trabajo y ella sus zapatos bajos para no dar zancadas por el mundo. Se ven en La Alpujarra, a la sombra, junto al esqueleto del ferrocarril. Él le cuenta del último caso que decidió llevar y ella baila en palabras para él. A veces cada uno sale por su cuenta. A veces les da hambre del otro y buscan un lugar donde guarecerse. A veces ella abre el diario y él la lee con una sonrisa. Otras no coinciden. Cuando son las tres en el reloj de ella, son las dos, en el de él. Entonces ella piensa viajar en el tiempo sobre aquel último vagón del ferrocarril. Y entrega un boleto a Cisneros y describe la gente y la vegetación. Para cuándo él la recibe, lleva puesto un vestido de paño y un impecable sombrero. Le guiña el ojo y claroscura para no despertar pone sus manos entre sus dedos.  

jueves, 4 de diciembre de 2014

La almohada silente




El espejo tiene mis gestos. La almohada es muda. Ah, silencio...pronto habrá un muerto en esta cama. Se las da de ágil porque tiene alas, de malas él (o ella) yo tengo palmas. ¡Ta! Ahí cayó, llenito con mi sangre. Fumigo o espero con la luz prendida a ver si viene otro. Espero. Decía que la almohada es muda. Han transcurrido más de 365 días con la celda vacía es decir, sin tu cabeza marcando sueños en su superficie. ¿Quién la habita? Mi silencio. A veces mis piernas que juegan a hacer cajón con ella. Y eso que ya no huele a ti. Mi nariz sustrajo hasta la última esencia. Igual que con tu camiseta polo que usaba para arrullarme y dormir. Ahora hace frío, tanto... que tuve que comprar medias. Ahí viene otro. Suena tanto que debe ser macho. ¿O será al revés? ¿Qué tienen con la televisión? ¿Algún pariente? Mejor fumigo. Shhhhhh. Cómo huele de maluco. ¿Qué día es hoy? Noche del 3. Ah, sí, noche del 3. Será que agarro una serie nueva o busco si ya empezó Homeland. De más que no. Algún programa en History, tal vez. La almohada... sigue muda. La he amenazado con sacarla del cuarto o extraer su almidón pero ni así me habla. Y es que me pregunto si alguna vez en tus sueños estuve. No te he vuelto a ver pasar por lo míos y el silencio es doble. Y eso que hacemos el simulacro de ser amigos, de ir al cine, de hablar de hijo. Mi almohada por fin, habla. Dice que el rimel en los bordes obedece a mi llanto. ¡Pero si hace rato dejé de llorar! Afuera, tal vez. El cadáver del primer mosquito todavía mueve la pata. No puedo verlo ahí para siempre. Rápido tomo un poco de papel higiénico y lo lanzo al sanitario. Apago la luz y el segundo mosquito zumba cada vez más fuerte. No tengo energía para pelear. Que me pique. O mejor aún, préstame tu almohada para que no  sea en el rostro. 

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Cuando el reloj no marca las horas

El palo de agua me trae tu lluvia. La hamaca tu peso. El balcón tu horizonte. El bolero tu música. La butifarra un platillo, el bollo con suero y queso. El jugo de zapote o níspero. La nevera full de hielo. De almuerzo, un tamal costeño y de siesta sólo después de haber tomado un café. El aire de la habitación en diez y seis. El lado izquierdo de la cama, tu lado. Pronto un fax te interrumpe el sueño y tienes que revisar balances de fin de año. La camiseta del Vikingo: tu alegría de estar frente al mar. La visita de la abuela. El "cuidado mami" para que no se fuera a tropezar en la entrada al balcón. Reloj no marques las horas... Parece ayer y también una tonelada de tiempo. El roncito en las rocas el cambio de cenicero. Tu renuencia a escuchar mis ideas de cuentos. Tu gusto al leerlos completos. La llegada del socio del sanandresito con un chicle verde. La ausencia de bronceado en ti. Tus delgadas piernas luciendo alguna pantaloneta azul. Los besitos al aire y tu mano apretando la mía. El morado del último golpe típico de un Restrepo. El "¡Qué bárbaras!" cuando nos veías entrar luego de horas en la piscina. El descanso hasta del noticiero. ¿Qué día es hoy, flaca? Aquí pierdo la noción del tiempo. Es miércoles papá. 

jueves, 20 de noviembre de 2014

Agujero negro

Todo es ficción. El camino, tus lentes, mi rostro observándote. Las seis treinta en el reloj. La fealdad, la belleza, la monstruosidad. Tu mano en la barbilla y la mía extendiéndose para alcanzar tu cuello. El sonido ronco de la voz del presentador deportivo en las noticias. Mis palmas afanosas por sentir el calor en el aire, por decir que estamos próximos a llegar. El ferry, las gaviotas, la isla. Una lluvia insipiente que aleja a todos los pasajeros en cubierta. Un motín en la cocina. Mi soledad. Mis ganas de volver a ese momento en que me ensucié el vestido y tú te reíste y me dio rabia y no pude cambiarme. Todo es ficción. El instante en que supe que sería madre. Dos rayas en una prueba casera. ¿Para qué más? Mi abdomen inflándose, las arcadas, el malestar. Que es una niña. Sexto mes: que no. ¿En qué momento me hice responsable de otro ser cuándo aun no había aprendido a responsabilizarme de mí misma? El parto. Su llegada sin llanto, sus ojos abiertos, sus diminutas cejas arqueadas. No podría amar más, más nunca. Sus primeros pasos, su mano arriba en busca de equilibrio. Mi juventud en el sifón. La avena en lugar de leche. Mis siestas vigilantes. La primera vez que dijo mamá. ¿Sí es ficción? Cuando aprendió a montar en bicicleta no dejó de hacerlo nunca. Los peluches, las piñatas, los magos, las palomas, la piscina. Eso que llaman infancia. Su entrada a la pubertad. El matrimonio, la separación. La música, el teatro, el cine. Tu fotografía. Mi literatura. Los otros. Los mismos ciclos, la belleza, la monstruosidad. Las noticias. La guerra en paz. Los presidentes, las elecciones, los comisionados, los cónsules, los curules del congreso. Las comunicaciones, el Internet, el teléfono celular. Los psiquiatras y los demás doctores. El psiquiatra. La psicóloga. Los estudios, las publicaciones, las entrevistas, los ensayos, la tesis. Las muertes, los fantasmas, los simulacros de fantasmas. Y así, todo vuelve a empezar. 

lunes, 10 de noviembre de 2014

Una pestaña azul

El olor del incienso se propagó por la sala con rapidez. Envolvió la cerámica de una pareja en gris. Sopló el anturio con sus tres conatos de flor. Y comenzó a consumirse. Ella, mientras tanto, sostenía un libro de su autor favorito entre manos. Respiró profundo y sintió la necesidad de buscar un tomo de poesía. Lo hizo con los ojos cerrados y las palmas abiertas y extrajo de la sección un lomo vino tinto. Lo abrió en unas hojas sueltas y descubrió la fecha en que le practicaron una tubectomía por laparascopia (26.05.11). La había olvidado porque no dolió, ni un poquito. El teléfono comenzó a sonar y se preguntó quién podría ser. No tenía identificado el número y por la terminación parecía una de esas sucursales bancarias que llaman desde las siete de la mañana. Lo dejó sonar. Volvió al libro y abrió la página en un naufragio. Quiso prestarle su brújula al poeta pero era demasiado tarde. Se preparó un café y continúo leyendo poesía hasta tanto el olor hubiese opacado al incienso verde. Salió a la terraza y miró hacia arriba mientras la lluvia bañaba su rostro. Alimentó al cachorro y regreso al estudio. Quiso decir que sus pestañas eran azules y que una trenza amarilla sobresalía en su coleta y que mirar el mundo con cortinas azules es como naufragar entre una cubeta. No puede explicar bien por qué, le parece. Toma la pluma manzana y no puede evitar renegar de su pulso inconforme. Extrae el diario de lomo café y antes de escribir, se cerciora de que valga la pena decir que un día como hoy (fecha) recordó cuándo le practicaron la tubectomía. Debió cambiarla ese procedimiento. Menos rostros bajo la lluvia y más poesía quizás. Pero no. Lo máximo que ocurrió fue que subió 20 kilos y después de una vida siendo flaca, fue gorda. Los cachetes se inflaron y pasó de una talla a otra y a otra con desánimo. Concebir o no concebir. Hijos o ideas. Dejó de temer por lo primero y se dedicó a concebir lo segundo. En algún lugar escribió un cuento titulado Traía puesto un jardín y quiso explicar allí, la fertilidad mental. Los hombres se alejaron. El otoño perpetúo soledades y en la página del poema puso a secar un trébol. Las pestañas azules soltaron su índigo al baño del día siguiente. 

sábado, 1 de noviembre de 2014

Solfeo entre lecturas y notas

Haré un intento a ver qué sucede... Llamaré a la noche con otro nombre, quizás, el de un consorte. Escribiré un beso con más de dos sílabas y la palabra amor, de regreso a mí. Abrazaré la delgadez de un eucalipto y pretenderé con ello, cargarme de tierra. No saldré con sombrilla bajo la lluvia. Tampoco jugaré ajedrez sin ti. Miraré ausente las noticias y buscaré a Chopin como sosiego. Leeré un libro con solapa de letras doradas y confirmaré que la soledad nunca ha sido un drama. Y de nuevo buscaré la pijama temprano, me pondré las medias para el frío y me serviré un vaso de coca-cola bien helada. ¡Vaya contradicción! Desharé la trenza que anuda mi cabello y acompasaré melodías con los dedos. Me diré que aún puedo aprender piano y me regañaré cuando salga a relucir la excusa del tiempo. Lo cierto es que hay días que me muero de aburrimiento. Do. Y aún no te he dicho que te soñé, o más bien, que tu silueta me sorprendió en sueños. Era de noche y caminábamos sobre un cascajo húmedo. Me torcí el pie y estábamos lejos de casa. Me apoyé en ti y te oí tararear un blues. Re. Vi tu imagen en el retrovisor. Frené en seguida. Te busqué tras mis grandes lentes y el smog parecía haberte tragado. Mi Me subí al Metro a un vagón vacío, raro eso de vacío, y me senté en todos los puestos por un fragmento de tiempo. En las estación Industriales te subiste. Un vagón para ambos y sentía que el espacio era pequeño. Fa. Le temo a la vejez. Llegar sin ti a mi lado es una puñalada al viento. So. ¿Qué estamos haciendo? Improvisando. Tú sigues en el Metro y yo ya tengo el cabello blanco. Son las cosas que suceden cuando desanudas una trenza. La. El vino está servido. Sabe mejor desde que viene de ti. Tu sorbo parece el de un ave. Tu beso, ya superó las dos sílabas. Si. Y llega una correspondencia con sello de cera y un par de iniciales. Me entusiasmo al verla. Me cuesta creer que es para mí. ¿Será de ti? Do. La carta resulta ser la invitación a una boda. Blanca.

sábado, 25 de octubre de 2014

Olor de nube

Tomé un avión para llegar a tu encuentro. Las roncas hélices me filtraron su aroma. A dos grados centígrados por poco se congela mi nariz. Se nubló el paisaje. El avión se hizo turbulencia. Descendíamos. Tu imagen en el retrovisor se diluía frente a plataneras con un plástico azul protegiendo sus frutos. Había llegado a una tierra que no sé si visitaste. Así como cuando viajé a La Paz y estabas todo preocupado por la altitud. Ya no tengo tu voz preocupándose por mis viajes. Tampoco tu bolsa de candados buscando el más propicio. No tengo tus ánimos aplaudiendo mis travesías, tampoco tus ojos leyéndome. Tengo tu recuerdo filtrado en mi lucidez y mi delirio. Tengo tu paz mitigando mis guerras. Tengo tu amor protegiendo mis pasos. A veces, una pluma se atraviesa en mi camino. Una de esas pequeñas y etéreas, una justo desde ti. Camino con la seguridad de tu observancia. Hablo con la elocuencia de tus palabras. Y me pregunto si así me imaginaste. Si tu camino y el mío se cruzan en los umbrales de la vigilia y el sueño, si me llegan cifrados, tus consejos. ¿Quién soy? ¿Quién seré? A veces temo. A veces gozo. Me arropo con tu sombra. Extraño tu beso. Ojalá estás palabras lleguen a ti por el viento.  

miércoles, 8 de octubre de 2014

martes, 7 de octubre de 2014

El dolor no entiende de festivos ni lecturas

Esperaba verte hace unas horas. Tardé, tuve que envolver mi dolor en una servilleta con la inscripción ingenua de nunca jamás. Sonreí. Sentí calmante tu solapa. No te conté que lloré ni lo crónico que quiere parecer ser esta aflicción entre vértebras lumbares. Sólo tú puedes tomarme. Sólo tus nombres me hace olvidar lo demás. Sólo tus letras afinan mi oído y tus historias alimentan mi alma.  Pág. 142. (Entre el fútbol y tú, me quedo contigo) No temas pensando que me quedaré dormida o que olvidaré el nombre del personaje que mencionaste hace unas páginas. Te sigo. El estudio es un caos así que es mejor acomodarnos en el sofá de la sala. Hay buena luz ¿sí ves? ¿Me decías?  ¡Qué viva el primero de mayo! Pero sí es el día del trabajo... un primero de mayo en mí, es igual a un 12 de octubre o un 7 de agosto. Miento, sé lo que se conmemora pero no me conmemoro diferente. Voy de aquí para allá, del dormitorio al estudio, del estudio al salón con afán de letras. El dolor no es cómplice de mi falta de sosiego. Por su culpa tengo que suspender cada tres páginas. Acomodarme. Palpar el punto máximo. Escuchar lo que tiene para decir. Ver que balbucea palabras, que necesita una mano para poder ser. Me apiado de él. Le pregunto: ¿qué tienes? Soledad. Es apenas lógico. Nadie quiere abrazar el dolor. ¿Me abrazarías? Eso hago al describirte. ¿No sabes cómo eres? Bueno, eso sí es algo nuevo. Eres un ardor, una punzada, una molestia, una inflamación. No entiendes de festivos ni de mundiales ni de horas de vigilia, ni de la importancia del sueño. Atraviesas... te riegas en mi pierna derecha, aprisionas mi nervio ciático. ¿Que si quiero decirte algo? Seguro, basta. Te doy un titular a color y te marchas. ¿No ves que un libro me espera?



sábado, 20 de septiembre de 2014

Un voto de confianza


Esperaba más de mí. No está desazón que quema las entrañas ni el tiempo detenido con tu mirada. Esperaba menos temor, más certeza. Quería dibujar tus labios como una estampa y tatuar tus ojos a ocho centímetros de mi mirada. Quería pronunciar tu nombre como una estampida y soñar tu tacto como si fuera posible. Me queda un olor que se desvanece, una voz sin eco, fragmentos de tu cabello enredados en mis dedos. Me sobra este dolor. Me sobra el llanto contenido, la mueca que fue sonrisa y los zapatos lacerando mis pies. Anhelo tu discurso expansivo, tus personajes en fuga, mis personajes siguiéndolos, mi búsqueda. Añoro tu tiempo entre mi tiempo, mis dedos entre tus manos, mi silencio en una noche fría. Lo cierto es que desciendo desde el techo en un intento por marcar tu espacio. Dos o tres lágrimas se deslizan sin temperatura precisa por un rostro sin desmaquillar. Cambio la tele por un libro y es una loca la apuesta de Millás. La pescadería está en la portada nada más. Julia revisa la palabra pobrema y le amputa el ma como si fuera sencillo amputar sílabas de palabras reales o ficticias. En otra esquina miro con cariño Voces que trae la brisa de Nubia Mesa. Estoy prendida del cuento de la tía Adela. Y mientras leo anhelo de nuevo tu discurso expansivo, tus personajes en fuga, tu lectura voraz. Ya no me duele el estómago y me descalcé. Y está tan frío el piso como lejos tus ojos ausente tu boca. Arrímate no más y hazme creer que el cielo, está en la tierra.

lunes, 8 de septiembre de 2014

Dibuja mi música

Estoy contigo. Más allá de las voces y los silencios. Cerca del atardecer, justo en frente de la parada del bus. Estás conmigo. Más acá del reloj anunciando ciclos. Lejos de la última estación. Aquí donde una corchea es tu mano abierta y la música clásica lo más contemporáneo.  Estoy contigo. Soy piano. Soy chelo. Soy saxofón despierto. No poseo más dirección que tu aliento. Tus ojos me han visto llorar y los míos cuentan las veces que te han visto maldecir. El cielo queda cerca de tu casa donde un jardín de hortensias recibe tu tacto sin tijeras. ¿Cómo sé dónde vives? Debo confesarlo: te seguí. Allí donde la noche es más fría y caminar sobre maderos hace crujir tu morada de ermitaño. No entré. Después de llegar tan lejos, me arrepentí. No vi un timbre ni una campana que pudiera anunciarme. Sólo los ladridos de los perros que un par de veces silenciaste. Rompí nuestro pacto, ahora me siento terrible. Quizás una cena en mi casa pueda remediarlo. Quizás no. Pero tengo que decirte porque de lo contrario pensarás que te mentí. Y quiero que tu mano abierta siga siendo esa corchea que rompe mi silencio.

martes, 19 de agosto de 2014

Selfie

Dame un perfil, ignora el calor, busca la sombra. Un selfie en exteriores para acompañar una entrada que todavía ignora lo que va a ser. No digas que lo miras a él, no te delates tan rápido, elige actuar. Pretende la tarde, abrázala toda, canta, piensa en un  número del uno al cien. Rompe el silencio, teclea al revés. Inventa un tatuaje de agua para el tobillo. Olvida la cita odontológica, otro año sin ir. Imagina una presentación para el café, es frío, bébelo. Busca helechos en los balcones, bifloras, halla besitos. Repasa ese poema de Rojas Herazo que tanto te gustó. Cierra los ojos y recuerda la obra que lo acompaña. Siente la costa, la brisa, la mar.  Dibuja con los dedos dos gaviotas. ¿Serán pelícanos? Nos desviamos. El selfie en exteriores se achanta y se pregunta porque lo elegí  para narrar un día cualquiera. 

domingo, 10 de agosto de 2014

Puerto Escondido


Creí verte tras la última estación, justo antes del anochecer, entre mi vigilia y un sueño. Creí sentir tu largo abrazo, tu fuerte beso, tu mirada precisa, tu sonrisa cómplice. Creí bajarme donde me correspondía y el asfaltó se mudó. Me vi de pronto en una carretera, sola, sin un transeúnte a quién preguntar. No supe si caminar o esperar de nuevo el asfalto, la estación, la ciudad. Caminé. Un jeep pronto me salió el paso y aunque sacudí mis brazos no se detuvo. Puerto Escondido, su placa, me dio un indicio de dónde me encontraba. ¿Puerto escondido? ¿Quién le pondría ese nombre a un pueblo? Caminé hasta donde me lo permitió la sed. Me doblé y perdí el sentido. Otro jeep se detuvo y alguien cargó mi cuerpo. Alguien también me dio agua. Estaba exhausta. Volví a mirar en la última estación, justo antes del anochecer y te vi entre mi vigilia y un sueño. Elegí la vigilia y abandoné la idea del puerto.   

domingo, 3 de agosto de 2014

De Bitácora, Agradezco


Tus ojos, tu iris jugando a confundirme con tu retina, tu visión 20/20 señalándome el camino mientras mis lentes se escurren por esta pequeña nariz. Agradezco tu lectura nocturna de novelas detectivescas que en tu voz me hacen sentir a la intemperie y amenazada en la ciudad que describes. Agradezco tus manos; tu dedo corazón untado de la tinta indeleble por el último renglón donde firmaste. Me intriga sobremanera tu olfato porque desconozco el filtro de aromas que permeas hasta tu gusto. Saber que te encanta el picante me pone en desventaja pero me quemo las manos abriendo un ají para prepararte un bocadillo mexicano. Agradezco tu boca, la generosidad de tus labios, ese color morado que provoca darle calor aunque la temperatura no cambie a rosado. Anhelo tus besos como grifos de letras enmudeciendo mis labios. Tu exilio es mi inspiración. Tu síndrome de Ulises es mi rival. Soy provincia, eres metrópoli. Agradezco entonces los rieles e mi imaginación nocturna, esta capacidad de soñarte y tener la ilusión de que tú también me sueñas. Sin barcos, autobuses o aviones, nos encontramos a las tres y seis. Cada uno en sus respectivos pijamas con sus respectivas presencias. Y así, mientras te diriges a Laura, yo discuto algo con Marcela y en algún punto las presentamos, entonces ellas hablan de algo más y mi iris juega a confundirte con mi retina. Ambas nos dilatamos y ya juntos, nos fumamos las tres horas que quedan de noche. ¡Cuánto agradezco despertar y recordar tu sonrisa en mi sueño!

Pág. 58 Bitácora del cuerpo

jueves, 31 de julio de 2014

En manos de Waite


Esto que tengo, es sólo un tránsito. ¿Qué dicen los astros? Que los consulte para otros. Abrir la baraja de Waite y permitir que un loco guíe mi camino. Hacerle el amor al Tarot como en los viejos tiempos: sin peros. Confiar. Sentir la fuerza del león en mi mano. Celebrar con el dos de copas. Viajar con el dos de Bastos. Desinhibir el mundo. Compartir un diez de oros. No temer a la señora pálida del caballo. Mirar bien su bandera. Ver que los cambios a veces, son bienvenidos. Sí, seré pitia una vez más para otros. Abriré las cartas como quien se asoma a ventanas. No hay enredo con las energías. Sólo mi voz y el tiempo suspendido en tus preguntas. Debo prepararme, comprar un baño, recibir la consulta como el mejor regalo. Debo comprar velas para iluminar lecturas. Debo sentir gozo con este descubrimiento, estoy en manos de Waite una vez más.   

martes, 29 de julio de 2014

A las flores les duele morir

Fotografía: Tomás Strelkov
Un niño se pescó un jardín. Lo hizo con el lente sin aspavientos. Creyó encontrar el ángulo perfecto. No te imaginas mamá. A ver... interesante. Espera le pongo efecto. Blanco y negro puede ser. ¿Qué dices? Me encanta. Espera hago un par más. ¿Sabes qué flores son? No. Margaritas. ¿Cuánto duran? Están muriendo. ¿Les duele? No hay forma de saberlo, lucen bellas hasta el final. Aunque hay forma de conocer su estado por el verdor en sus tallos. No compres flores mamá. No así. ¿Podría traer unos Anturios? ¿Cómo son esos? Los que hay en la casa de la tía Moni. ¿O una orquídea? Tan efímera. ¿Qué es efímera? Fugaz. Me gusta efímera mamá. A mí también. Mientras sea una muerte natural. Y nos quedamos sin saber si a las Margaritas les duele. Es una lástima que no puedan desangrarse para un grito o una queja.  Sospechamos que sí, como a todos, les duele morir. 

martes, 22 de julio de 2014

La tómbola

Me duelen las sombras. Partir y no llevarte conmigo. No partir y dejar el sobre con tu invitación sobre la mesa. Mirar las margaritas en el salón. ¿Sabrán que están muriendo? Palidecer de a poco. Dejar que otro día suceda sin trascender. Sentir miedo. Dejarme abrazar por la angustia. Intentar crear desde la oscuridad. Saber que me tomo lo prescrito. Preguntarme por qué no es suficiente. Acudir en el pasado al espacio donde vivías. Conversar sobre el cielo, sobre el después. Querer hablarte del ahora. Crecer a la fuerza y no saber dónde esconder a la niña curiosa que pregunta qué es una tómbola y por qué un cantante dice que eso es la vida de noche y día. ¿No es una múcura? No sé qué horas son en Oriente, ¿hará alguna diferencia si no tengo ningún pie allí? Sé que el viento dobla los papiros tras la ventana y que los helechos están contentos desde que no están colgados. Sé que en mi corazón son las cinco y cuarto y mi pulso es 90/120. Infinita no puede ser la tristeza pero qué eterna luce mientras trascurre. El relativismo de la felicidad es puesto a prueba, no se salva, siempre dura poco. El pétalo de una margarita cae sobre la mesa. Sí saben que están muriendo. Ya no sé quién está más triste si ellas, o yo. 

jueves, 10 de julio de 2014

Litio

Siempre me ha gustado el dulce. Es paradójico que una sal sea responsable de mi bienestar. Litio. Azul o blanco tirando amarillo. Tiza en la lengua. Dificultad para tragar. Una sola dosis. 750 gramos para una mañana u otra. Sin garantías. Sin promesa de venta. Litio... en la voz de Nirvana está bien porque alguien rapó su cabeza y promete no flaquear, con amigos imaginarios hace su travesía más liviana. En Evanescence cae como nieve y es ella quien no quiere olvidar cómo era sin él. Litio, sana la oscuridad y haznos libres. Sin embargo, tú, molécula natural, nos haces presos de un hábito. Es a las nueve, no a las diez. Kay Jaminson pierde una pastilla en una alcantarilla de Londres. La caja está vacía, hay que correr a comprar. Es el litio o la locura. ¿Quién prefiere la locura?

Emboscada


El vacío pretende ser llenado con imágenes. De la preocupación al aburrimiento hay un instante de motivación. Tardo en darme cuenta que retrato tu ausencia. Tu silencio en mí es una emboscada. Recurro al pasado, una fotografía nuestra entre mis manos se deshace por el crujir del tiempo: ya no la sonrisa, ya no el abrazo, ya no... ¿Qué queda? No pienso decirlo. Mejor sigo un coro de Alicia Keys y me digo que no podías quedarte para siempre. Juntos no va más. Sólo queda la distancia y vaya si es una Señora engreída. Cree que sólo existe ella. No es así. Existen los libros. Las escenas. Los conjuros: un delicado hilo azul entre tu dedo meñique y el mío. Quizás nacimos para la frialdad. Y hay que ver que los témpanos también se quieren. Y mientras uno de los míos se desprende en un intento de comunicación, la familia en el ártico discute sobre su inútil rebeldía. Sólo tengo palabras y ninguna nos hace reaccionar. Una, una palabra fue la causante de este alboroto. Una mala palabra... Y cómo el status quo no va a proporcionarme una tregua, seguiré retratando ausencias. 

lunes, 7 de julio de 2014

Hostiga tu ausencia


Como un puñal en el vientre, como un disparo en un dedo, como ahogarse en la ducha: hostiga tu ausencia. De nada sirve el recuerdo es como quien ve el interior del cofre de un muerto. Sordos los dioses no atienden mis suplicas. Ni una palabra, no. Ni una llamada, menos. Sólo el silencio. Hostiga tu ausencia y me disfrazo de ti para extrañarte menos. Tres o cuatro palabras te inventan, con un guión te hago audible. Me llamas por mi nombre y mis poros se erizan. Pinto tan bien el sonido de tu voz como tu reflejo en el espejo. Estás aquí. Nadie puede convencerme de lo contrario. Estás aquí y ya te atiendo. ¿Qué quieres tomar? ¿Vino, cerveza, quizás algo más fuerte? Whisky, sí, tres hielos. Ya vuelvo. ¿De dónde salió? ¿Cómo fue que llegó? ¿Lo invoqué o me provocó? Sí, ya voy. ¿Y qué se hizo este sujeto? Comencemos de nuevo: como un puñal en el vientre, como un disparo en un dedo, como ahogarse en la ducha: hostiga tu ausencia. 


lunes, 30 de junio de 2014

Los pies que más amo


Perdí la cuenta de las veces que he enumerado sus dedos. También las instancias en que me aproximé a ellos con un leve masaje y crema Johnson. Los días en que los he visto negros de jugar fútbol y arrastrar pantano, y las noches en que los he obligado a ponerse medias como si así se espantara un resfriado. Los pies que amo, son de mediano. Una forma tolkiana de decir que si tuviera que poner mi vida en manos de alguien, sería en sus pies. Once años de preguntas, dudas y certezas. Once años de magia, de lecturas, de música --hace seis-- en guitarra eléctrica. Once años de supervivencia me has regalado. Infinidad de motivos para subsistir para ti. Once años de pasos compartidos y pasos creciendo por separado. Ya tus pies viajan y los míos esperan. Ya recorres el mundo y traes el asombro de otras tierras, no sin la gratitud por la propia. Ya piensas en lo que quieres hacer con tus pies y futbolista sigue en las opciones. Defensa lateral izquierdo tu posición. Con ternura y paciencia me nombras los jugadores de la Selección y me preguntas hasta por el número de la camiseta. Tus pies le han dado tierra a los míos. Tus pies me han enseñado a preguntarme el mundo.  

jueves, 26 de junio de 2014

Yourcenar y los sueños

Encontré esta reflexión sobre los sueños en el libro Fuegos de Margarite Yourcenar.

"Nos acordamos de nuestros sueños, pero no recordamos nuestro dormir. Tan sólo dos veces penetré en esos fondos, surcados por las corrientes, en donde nuestros sueños no son más que restos de un naufragio de realidades sumergidas. El oro día, borracha de felicidad como uno se emborracha de aire al final de una larga carrera, me eché en la cama a la manera del nadador que se lanza de espaldas, con los brazos en cruz, caí en un mar azul. Adosada al abismo como una nadadora que hace el muerto, sostenida por la bolsa de oxígeno de mis pulmones llenos de aire, emergí de aquel mar griego como una isla recién nacida. Esta noche, borracha de dolor, me dejo caer en la cama con los gestos de una ahogada que se abandona: cedo al sueño como a la asfixia. Las corrientes de recuerdos persisten a través del embrutecimiento nocturno, me arrastran hacia un especie de lago Asfaltita. No hay manera de hundirse en esta agua saturada de sales, amarga como la secreción de los pájaros. Floto como la momia en su asfalto, con la aprensión de un despertar que será, todo lo más, un sobrevivir. El flujo y reflujo del sueño me hacen dar vueltas, a pesar mío, en esta playa de batista. A cada momento, mis rodillas tropiezan con tu recuerdo. El frío me despierta, como si me hubiera acostado con un muerto."

Floto como la momia en su asfalto, con al aprensión de un despertar que será, todo lo más, un sobrevivir. Sobrevivimos cada noche, cada despertar, borrachos de dolor recordamos un fragmento, un grito quizás. Un otro que nos sobreviene como si nos conociera desde lo más profundo. Ceder al sueño como a la asfixia es dejar de estar conscientes. Caer. El abismo de la noche nos abraza y de nada sirve resistirse. Qué grave es cuando el insomnio hace Meca en nosotros. Cuando nos arrebata el sueño. Cuando nos pinta de rojo los ojos y se disfraza de falso descanso. Es mejor dormir. No importa el mar. Se es tripulación, se navega sin instrumentos. A veces confiamos en una voz, en unos ojos. A veces disfrazamos el inconsciente de alguien a quien amamos. A veces lo contrario, aparece la opulencia del último resentimiento. ¿Para qué soñamos? Quizás para no reconocer que morimos cada noche y volvemos a nacer cuando despertamos. El sueño nos da la ficción de vida o al menos de movimiento. Volvamos a Yourcenar, flotemos.  

domingo, 22 de junio de 2014

Los padres que se fueron, los papás que quedan

No quise creerte cuando me dijiste en medio de tragos que presentías te quedaban pocos años de vida. Me refugié en palabras, el futuro sin ti era impensable. Superamos la noche, no sin llanto. Nada cambió en ti. En mí se marcó un miedo. Perderte era algo para lo que no me preparaste. Siempre hablamos de la vida, de lo guerreros que debíamos ser, de la lucha, la ecuanimidad, la templanza. Tercer día del padre sin ti. ¡Cómo pesa! Voy a los recintos del recuerdo con la intención de arañar una hora, de escuchar tu carcajada, de verte abrazar a Tomás. Voy a esos recintos que habitabas. A la sala, a tu silla, a un sofá. Me quedo mirándote sin saber qué decir. Contemplo de cerca tu risa. Veo el ala de una mariposa café asomarse desde la cortina. Tienes un ron servido pero está como aguado. Llevas tres interpretaciones de la múcura y cantas con anticipación, la cuarta: La múcura está en el suelo ay mamá no puedo con ella. Es entonces cuando me dices que la múcura es la vida y entonces elijo cantar ay papá no puedo con ella. Me abres los ojos, grandes y verdes y desde esa estancia me dices: cómo no mi amor si yo te ayudo a cargarla. 

domingo, 15 de junio de 2014

Placenta onírica

Fe
Mientras algunos llevan los problemas a la almohada, otros nos dormimos con fe de encontrar viejos amigos, amores perdidos, y soluciones a identidades trigonométricas en curso por un hábito escolar que no desapareció nunca. Mientras algunas eligen llorar en la intimidad de un cuarto oscuro y agradecer el difícil día que termina, otras procuramos sonreír y meditar antes del sueño. Tenemos fe. Sabemos que el abismo es certero, que Eurídice continúa cayendo y Orfeo lamentándose. Escuchamos la lira y ante nuestro inevitable caer, nos escurrimos por un tobillo, brincamos sin entender bien por qué o cómo es que algo de nosotros termina saliendo al encuentro de lo que amamos cada tarde o cada noche. Y digo cada tarde porque las siestas también cuentan. Reponen, es lo que dicen. El inconsciente aflora con infinidad de recursos, con colores, sensaciones. Es entonces cuando preferimos no despertar antes del amanecer, queremos aprovechar cada segundo de oscuridad, cada momento de su silencio placentario. Así disponemos los poros como antenas. Así somos sin consciencia cada fragmento de cuerpo libre. Alguien vuela y otro alguien despierta. Fue un niño con un balón o adolescente descubriendo los efectos colaterales de un beso. En otra instancia suena el despertador y es una ambulancia la que se abre paso. Nunca se sabe qué capricho dibujará el embrión que volvemos a ser. Deshacemos la posición fetal y ya no importa siquiera con qué pie nos levantamos. Ahora todo se centra en recordar. 

miércoles, 11 de junio de 2014

Carta a un amigo poeta

Medellín, Junio 10 de 2014

Querido Julián:

Leí decir que un profeta desterrado, un conato de ángel traía el rumor de que tu nombre Álvaro Julián Moncada Gómez circulaba en los pasquines del infierno. Supe al instante que debía buscar ese pasquín, y que debía sobornar como fuera a ese conato de ángel para que hecho demonio me permitiera un descenso hasta la mismísima imprenta. Allí, donde una cubierta de blanco acaramelado albergaba tres dígitos inhóspitos y tus letras reunidas en celebración. Un ejemplar de tu libro en mis manos, al leve rose de mi mirada en ti,  abrió mi corazón con tan bellas poesías. Venas y arterias fueron testigos de que quería decir varias cosas: al amor, que en ti había encontrado un intérprete; a la tentativa de hombre: que me llevara consigo por el laberinto del insondable poema; a tu eternidad: que me abriera la puerta líquida de un espejo. Y, en fuga, me presté para perpetuar tu danza a la caza de la noche. Fue tal el asombro y el gozo que me regalaste que no pude evitar la tentación de preguntarte cómo era tu proceso creativo. Nos reunimos entonces en El Acontista y otros conatos de ángeles te escucharon con placer. No sé qué fue más bello, si descender al infierno guiada por tu libro o descubrir que mi infierno y el tuyo se parecen en fachada, jardines y aposentos. También busco la poesía pero contrario a ti, ella a mí, me es esquiva. Mi nombre está en el borrador de un pasquín. Creo que allá abajo no se atreven a publicarlo porque de niña tenía relación directa con el Diablo y una vez incluso, asusté a mis compañeras de colegio diciendo que era mi amigo. No sé cómo te la llevas con él, a mí el tipo me cae bastante bien. Pero es cierto, lo olvidaba, tú no te preocupas. Tienes la convicción de un destino inevitable. Y que sea un atrevimiento en mí decirte que tu destino es la palabra. Sin artilugios ni premeditaciones nos regalas un libro lleno de magia. Ignoro cuántos papelitos te hablaron antes de que te sentaras en un café, un baño, una esquina o el trabajo mismo a plasmar versos y poemas pero me siento agradecida de tu proceso. Saber que El Pequeño Periódico también fue tu casa y que varias veces le diste color a la última página me hace pensarte con familiaridad. Y es que gracias al mismo editor es que estamos hoy reunidos. Gracias a la Fundación Arte y Ciencia nuestras voces se hicieron libro. Algo profundo nos emparenta, así como la generosidad del Aprendiz de Brujo donde ambos tuvimos la oportunidad de conversar sobre nuestros textos. Es un gusto compartir contigo esta noche la mesa de la palabra.
Con gratitud y aprecio,

Claudia



lunes, 9 de junio de 2014

Invitación para mañana


Para más información visitar www.fundarteyciencia.wordpress.com
http://www.vivirenelpoblado.com/periodico/notas/10484-autorretrato-en-ochenta-y-nueve-entradas

domingo, 8 de junio de 2014

El mundo sin otro

La última ficha del juego parece un marcador de mundial. Ganar por uno no es lo mismo que perder por cero. Gana la tesis desde que regreso a las primeras aulas, a Beatriz Elena, al transeúnte, a Paul Auster, a la Ciudad de Cristal. No puedo decir que alguien me sigue, soy yo quien se sigue en un pasado reciente. Los viernes, los sábados, no me pertenecen. Le pertenezco a filósofos que desconocía, al barco como la mayor heterotopía. Intento hacer una topografía de mi ciudad fantasma y antiguas presencias se arriman. Olvidé la intimidad en mi afán por vivir sola. Ya no tengo de eso. ¿Qué es intimidad? Soplo un uno, sostengo un cero. Nadie en la mesa juega conmigo. Soy los dos únicos jugadores con dos juegos posibles y donde ambos saben, lo que tiene el otro. Esta es mi última ficha. El mundo sin otro es imposible. De afuera me llegan voces infantiles, de verdad que juegan, le dan al banco de aluminio con una piedra. Por un momento me provoca pararme y decirles que hagan silencio, que alguien procura trabajar pero me arrepiento. Necesito sus ruidos para no tener una intimidad ensordecedora. 

Boceto de un instante entre tus manos

Mi rostro sueña tu rostro entre las sábanas.
Las sábanas sirven de eco para tu voz.
Tu voz pronuncia mi nombre como nadie más puede decirlo
mi nombre en tu boca tiene la silueta del cariño
y el cariño por ti, tiene el aroma de la complicidad.
Un aroma innegable con gotas de sudor
sudor de ganas
ganas tu boca.
Tu boca mis labios.
Tu labios mi boca.
Retruécano anatómico a merced de una almohada
que no es nueva, que se hunde, con dos o tres nudos,
que sabe de ti y de mí, más de mí...
Tu mano dibuja mi rostro sobre la almohada
y mi rostro se alza, es otro entre tus manos.


miércoles, 4 de junio de 2014

El próximo Martes 10 de Junio: Los pasquines y Bitácora

Me complace invitarlos a la presentación de dos libros que, como Editor, me han deparado grandes enseñanzas por el talento, el esfuerzo y la belleza de la obra de los dos jóvenes autores Claudia Restrepo Ruiz y Álvaro Julían Moncada.

Claudia, cuyo libro Bitácora del cuerpo es el fruto de un ejercicio estético con la palabra y la fotografía.  Al inicio de su aventura en el blog, ella se afanaba por "provocar con la imagen". Las fotografías que le enviaban los amigos reposaban un tiempo en su archivo y luego, como impulsada por una ráfaga, brotaba de su ser una historia. Era como vestir la imagen con palabras.

  Julián, en su libro Los pasquines del infierno nos entrega poemas fraguados a fuego lento en la caldera del alma. Está escritos con el rescoldo de lo que el poeta ha visto arder: el amor, el tiempo, el misterio, la vida misma. 

Me gustaría que nos acompañaras a la presentación de estas dos obras en la cual los dos autores conversarán con la escritora y periodista Nubia Amparo Mesa.

Te agradecería que pudieras invitar a tus amigos.

Te esperamos:

Martes 10 de junio a las 6:30 PM, en la Torre de la Memoria de la Biblioteca Pública Piloto.


Un abrazo

Angel Galeano Higua

Fundación Arte & Ciencia

Editor




lunes, 2 de junio de 2014

Sin frac, una excursión onírica

Una excursión a la montaña, sin nadie, mucho menos con frac, o medias vestido y tacón, acaba de ocurrir. Sucedió mientras dormía como suceden las grandes cosas que no nombramos. Una estampida de Mustangs clamaba mi nombre. La fuerza del galope del caballo era el canto de la montaña. ¿Pero dónde? En la montaña. ¿Y con quién? Ya dije que no recuerdo a nadie. Recordar... no implica que alguien haya hecho un tiro al aire para provocar la estampida. Es probable. ¿Qué recuerdas? Un caballo mestizo, entre blanco y café... ¿Qué hacía? Creo que protegía a alguien además de correr. ¿Una cría? Quizás. Estoy exhausta. Pero si acabas de despertar mujer. Exacto, por eso mismo. ¿Y desde cuándo sueñas con caballos? Desde que no voy en barco sino a pie. ¿Y la bitácora? En piel de cabra. Ha pretendido continuar sin imágenes. Pero ya ves... hay lectores de palabras y lectores de imágenes. ¿Y qué dice ésta? Tal vez...que quiero correr.

domingo, 1 de junio de 2014

Te pasó algo

Un raigal de dudas hizo nido en mi mente contigo como semilla. La Cruz del sur te vio partir a eso de las ocho, sin mí. No pude escribir una dirección en el último beso. Callé una solicitud tan simple como llámame cuando llegues. Sin conocer tu destino, cómo saber si llegaste... Te pasó algo, me digo. Es entonces cuándo me llevo la mano a la boca y... te pasé yo.  Atravesé como un puñal tu pecho. No vi la herida, no puedo asegurar si sangrabas o no. Sé que te atravesé. ¿Estarás bien? Y es que me atravesaste también.  Fue una puñalada simultánea. Hemorragia interna al costado izquierdo. Quise llamar a emergencias pero no supe a cuál servicio acudir. Hipocondríaca comencé a sentir que me dolía todo: tu mano en mi pierna, tus ojos inventando el click de una mirada, la curva de mi hombro retratada, las papilas de mi lengua engrandecidas, tu saliva activando una reacción no alérgica en mi sistema digestivo. Me recosté. Cerré los ojos e imaginé una ruta para tu aventura. Respiré profundo, ubiqué el no dolor. Sonreí. Un momento, sin ti parece incompleta la sonrisa. Ya, ya te veo. Me digo que es puente, que la gente se silencia, que los atravesados no son amenazados. Aunque sí, no tengo talismanes en tu contra. Me apuñalaste con cuarzo el corazón. ¿Aló?

De papiro a papel

Me acerqué al papiro y descubrí que sus hojas vienen de a tres. Un diminuto tallo que se trifurca en delgadas líneas verdes de unos veinte centímetros de largo para que la flor completa parezca un sol. Me pregunté enseguida cómo es el proceso para volverlo papel y gracias a Youtube encontré la manera. Un proceso sencillo que primero extrae el agua y el azúcar del tallo grueso y triangular de la planta para luego enviarlo a la oscuridad y bajo presión. Dos semanas después un resistente pliego de color acaramelado está listo para usarse. De papiro a papel la planta trasciende. Cien, doscientos, trescientos, ¿cuántos años? 
Mis diarios huelen a tiempo transcurrido y no sé con qué se hacían los cuadernos de entonces. Es claro que el colegio los pedía de 100 hojas rayados para que tuviéramos buena letra y sí, no mancháramos el papel. Desobedecí, mi primera mancha fue una A mayúscula. El inicio de la palabra Aquí ¿Dónde? desde mi ventana ¿Qué hacia? Pensaba en ti... De papel a cuaderno de materia, de materia a un desobediente poema. ¿Cuánto hace? Varias décadas. Se siente bien hablar de décadas. No importa que sean sólo dos. Ahora soy cada vez más exigente a la hora de comprar libretas. O no. No es cierto. No es que sea exigente. Cada vez son más exigentes las libretas que me eligen. La última tiene un tapizado de rosas y me adquirió en Aquí Leo Librería. Aún es virgen la libreta. ¿O lo soy yo para ella? Hechas a mano, me dijeron. Y recordé cuando disecaba pétalos de rosa para hacer mis propias agendas. El blog es un papiro extraño. Es tan blanco, casi aséptico. No sé de dónde viene tanto espacio para plasmar ideas. Tampoco sé dónde queda ese espacio y cómo diablos terminé escribiendo en una url.    

martes, 27 de mayo de 2014

Pululan mares

Una pequeña tempestad invoco el mar a la costa. Estrellas y erizos mudaron sus corales bajo llantas de automóviles con chasises oxidados. Una placa antioqueña escuchó el grito de la mujer que decía tener todas sus pertenencias abordo. Los niños saltaban de alegría y lanzaban barcos de papel a la nueva laguna salada que tenían justo en la sala. Informes meteorológicos informaron que el mar de leva continuaría y que sí, varios centímetros podía subir el nivel sobre las costas. Los pescadores entonces no supieron si debían salir mar adentro o ver qué traía ese mar nuevo. Las vendedoras de fruta se enojaron por las bateas que habían dejado repletas de nísperos y zapotes en su puesto de la playa. Los que promocionaban viajes a las islas, veían las islas encima y ya no había turistas para llevar. El aceite de coco entró en quiebra. Las palabras se hicieron lluvia huracanada. No más vendedores ambulantes de gafas. Promoción en remedios para la tos. Largas colas frente a las farmacias. ¿Hasta cuándo? Principios de junio. Cancelados los vuelos por mal tiempo. Vacíos pisos enteros en los hoteles. Comida en descomposición. Diez o quince inquilinos con pánico de salir, piden servicio al cuarto. El viento susurra amenazas en los balcones. La última insolada ya pasó. No hay quien suba a reponer con víveres la nevera. En la esquina, el papel al viento de la chocolatina jumbo jet. ¿Mamá cuándo nos podremos ir? No por ahora mi amor. El televisor no tiene señal, no hay wiffi, no trajimos libro. Fácil, tomen el directorio de teléfonos, subrayen todas las palabras que no conocen. Rápido, aquí hay un bolígrafo para cada uno. ¿Has logrado comunicación? Los noticieros dicen que pululan mares. El fenómeno es en todas las costas del mundo. ¡Ves por qué te digo que es más barato salir en temporada baja!

domingo, 25 de mayo de 2014

La urdimbre del mal

La perdición está en nosotros. No importa cuántas veces acusemos al mundo de nuestras pequeñas desgracias, el mundo... no es responsable. El mal se teje en el instante mismo que decidimos sin decidir, traicionarnos a nosotros mismos. Así como cuando aposté por tu mirada y sucumbí en un beso sin control y carente aún más, de planeación. Tu boca me hizo olvidar quién era. Fui o había sido una mujer con pocas reglas y llegaste tú y me ayudaste a quebrantar la última. Tienes tanto en casa que mi calle, no puede evitar sentirse culpable. Sí, un fragmento de verso que escribí hace años y que viene al caso. Mi calle está poblada de letras, de imágenes, de recuerdos con nombre propio, día y lugar. Mi calle se acuesta a las nueve. Mi calle tiene pero no usa televisor. Mis adoquines son tildes, diéresis, comillas y puntos suspensivos en los más diversos colores y presentaciones. Los faroles sí, continúan siendo nidos de luciérnagas y los semáforos, bueno, los semáforos tienen tres luces diferentes al rojo, amarillo y verde. Si alguien pasa por aquí, reconocerá que algo anda mal enseguida. Tengo banda sonora para casi todo. Hasta para el mal. Es el sonido que hace alguien al pisar una copa de vidrio. Irremediable. Esta tarde transcurrió mientras observaba armar a un autómata. Al menos eso creía, pero el director Guiuseppe Tornatore tenía otros planes. Olvidé casi todo. Y digo casi, porque no olvidé tu beso. Son las ocho y de nuevo soy calle. Hoy no vendrás a buscarme. 

lunes, 19 de mayo de 2014

Certeza de ti

No es un sol que me habita. Es más bien un planeta con dos lunas y atmósfera gaseosa en una galaxia a millones de años luz. Un punto lejano a la vista de un telescopio incompleto. Durante años te estudié, aprendí de ti, me memoricé tus formas y presencié hasta un doble eclipse. Mi vida era contemplarte. A veces tenía que abrir bien los ojos para que me visión no me engañara con naves que creía ver, atracar en ti. De noche, soñaba con comerciantes de agua y municiones de las más extrañas formas y colores. Me inscribí virtualmente en un programa de la NASA. Sabía que no te había descubierto, que muchos antes de mí habían observado tus dunas, leído tu atmósfera, anotado tus frecuencias. Pregunté por ti. Cuánto anhelaba una expedición humana a ese espacio finito aunque sólo mis huesos resistieran el viaje. Me habría ofrecido para ti. No como sacrificio humano sino como gozo de saberme cercana a ti. Decidieron enviar una tortuga. Creyeron que un caparazón en el espacio podría llegar en mejor estado. Me hice tortuga. Camuflé mi condición humana y ocho hexágonos dibujados en mi espalda los convencieron de enviarme en un Voyager de nombre natural. Durante el trayecto, la ausencia de gravedad distorsionó mis sentidos. Mi mente flaqueó. Olvidé porque había elegido un destino que ahora me parecía cruel. Ninguna otra tortuga viajó conmigo y los suministros pronto se agotaron. Había oxígeno para rato pero creo que olvidé respirar. Padecí una necrosis en pleno vuelo. Entre más cerca estaba de ti, más lejos estaba de mí misma.


sábado, 17 de mayo de 2014

La lección del saxo

Creí que no me amabas y me estabas enseñando a extrañarte. Siempre has sabido mejor que yo, cuándo estoy lista. Creí que había muerto el amor y el desfibrilador señaló actividad eléctrica. Una mirada se hizo guiño, un guiño caricia, una caricia deseo, el deseo beso. Hacia falta que te dijera que me moría por volver a tener algo contigo. ¿Me moría? Sí, quería vivirte otra vez, reconocer que es a tu lado que me gusta mirar el horizonte. Escuchar el sonido de tus llaves en el pantalón. Escudriñar el miel de tus ojos hasta empalagarme. Dormir en tu pecho, soñar tu sabor. Despertar y tenerlo. Mío. 
Contigo mis fantasmas se asustan. Contigo puedo llover los domingos. Junto a ti mis pies cansados parecen bellos. Desde que te conocí, no te he resuelto nunca. Conoces la medida de mi siesta, arropas hasta mi enfermedad. El saxofón recuperó su voz. Los blues y el jazz regresaron para quedarse. Willie Dixon tiene razón: I can ´t quite you baby ¿Seis meses te parecen tiempo suficiente para ese put you down a little while? Ya la mañana es otra. Hay luz a pesar de tantas nubes. Dame tu viento dulce Géminis. Sopla otra vez esta boca de arroz. Viaja conmigo a los confines del mar que no ha muerto. Inspira lo cotidiano en una compartida taza de café. Llega. Desempaca. Escoge el lado del clóset. Muda mis zapatos, instala tus tenis. Revienta mi mediocridad. Prende el televisor. ¿Qué importa si es Fox o Fx? Dime otra vez cómo estuvo tu día. Dame unos minutos y te inventaré la noche. Sí, con Dixon por supuesto.


martes, 29 de abril de 2014

Invitación a la presentación del libro

Queridos amigos,
Les reitero la invitación para mañana a las 6:30 P.M. en la librería El Acontista.
Presentaremos Bitácora del cuerpo (con tu viento a estribor).
De la mano del Editor Ángel Galeano Higua.
Los esperamos,

Claudia Restrepo Ruiz

miércoles, 23 de abril de 2014

El blog se hace libro


Queridos amigos: quiero compartir con ustedes el nacimiento de Bitácora del cuerpo. Un libro que nace de mi experiencia con el blog y con ustedes.

Bitácora del cuerpo es el fruto de un ejercicio estético con la palabra y la fotografía. Al inicio de su aventura en el blog la autora se afanaba por "provocar con la imagen". Las fotografías que le enviaban los amigos reposaban un tiempo en su archivo, y luego, como impulsada por una ráfaga, brotaba de su ser una historia. Era como vestir la imagen con palabras, dotándola de una travesía. "Ellas se leen y me dicen :"¡no puedo creerlo!". Había dado en el blanco de una emoción oculta.
En este libro la voz se hizo mujer. Desde insospechados rincones, Claudia Restrepo Ruiz, autora dela novela Ciento uno, ha recogido renovadoras semillas. El terror producido por la ropa en el clóset, el encuentro apasionado en la silla de atrás de un auto, el lío de una ejecutiva enredada en plena reunión en sus propias medias, la exploración prohibida que una joven hace de su cuerpo, las delicias explayadas de un beso, los apetitos de la exhibicionista, de la callada, de la ebria, de la confundida, de la ingenua.
La palabra se incrusta en la soledad de una partida de ajedrez, en la nostalgia de un recuerdo, o en la celebración de unos ojos de trigo, o en la espera del barquero que cruzará tu alma...
Son más de sesenta relatos cortos, precisos, contundentes, salpicados de alegre sensualidad en los cuales el estilo atrevido, coqueto y provocador nos llena de regocijo y nos alienta para no sucumbir en la asfixiante atmósfera de nuestros días.

Ángel Galeano Higua
Editor

lunes, 21 de abril de 2014

Voz y quebranto



Entonces es definitivo amor. De todos mis rostros eliges el más oscuro para exiliarme. Sin despedidas, sin drama, sin dolor. Y me niego a perderte... cuando nunca te tuve. Gatos me persiguen y son tus ojos en mi terraza, en la sala, en el estudio los que se multiplican. Leo en voz alta y veo que hay tantos textos para ti. No sé cuándo los escribí, sólo sé que me inspiraste. Y es definitivo amor que he de llevarte en mi espalda sin tristeza. La nostalgia estará en el título de varias canciones y sabré por ejemplo que Cesaría Evora conjuga cielos con besos y voz con quebranto mientras yo pido: volver a empezar. Fue la voz la responsable de este quebranto. No será la voz la que nos reconciliará. Será un rostro, un día cualquiera, en cualquier lugar. En esta vida o en otra; mentiría si dijera que lo mismo da. 

viernes, 18 de abril de 2014

A Gabo

Macondo está de luto. Las mariposas se negaron a volar desde ayer. Melquiades no tuvo forma de predecir el día ni la hora. Sólo supo que un sueño separaría a Gabo de la vida. Años de sonrisas, de buen humor, de generosidad, de anécdotas compartidas comenzaron a inundar la red con mensajes de despedida. Y en todos, esa sensación de orfandad por su partida. Gracias Maestro decían algunos, mientras otros evocaban frases suyas o abrían sus libros en busca de consuelo. ¿Cómo se despide a un maestro? Sus enseñanzas quedan a disposición del universo. La partida, la pérdida, el abrazo a la eternidad. Lo mejor será buscarlo en sus libros. Leer en voz alta algún fragmento. Recordar sus consejos de escritura. Acariciar la dedicatoria con flor incluida en Doce Cuentos Peregrinos. Tener la tranquilidad de ese último abrazo de Mercedes. Que el amor te siga acompañando. Buen viaje Maestro.



miércoles, 16 de abril de 2014

Con un poco de suerte


Tuve la suerte de amarte. Podrás llevarte las palabras, privarme de tu presencia, silenciar mis intentos de comunicación pero ese pasaje sigue siendo mío. Sólo yo tendré paseos oníricos contigo. Y las catedrales me verán llegar una y otra vez con la misma gracia pedida por triplicado. Y los parques me verán escribir en el diario que lleva tu nombre. Una mujer silente con escasos recuerdos pintará paisajes con bienvenidas sin necesidad de reconciliaciones. Los árboles... recibirán mi mensaje y lo pasarán entre copas y follajes. En dos días y medio el  árbol que te ve trabajar tendrá mi voz entre hojas corriendo por su tallo. Con un poco de suerte tal vez, una ninfa escuche mi llamado y con más suerte todavía, se arrime a ti, mientras duermes con un sueño donde me escuches decir: te amo. Y entenderás entonces que nunca te he dado  la espalda, que mi lealtad ha sido inquebrantable. Y comprenderás tal vez que mi juicio no es el mejor, que tengo mis temporadas, que a veces soy clara muy clara y a veces, en proporción de mis temores: oscura, muy oscura. Y quizás esté de buenas entretanto no me juzgues y veas el ocho en la horma de mi zapato. 


martes, 15 de abril de 2014

Un pasquín


Me pregunto si te lees en mí. Si alcanzas a vislumbrar la fuerza de tu ausencia en mi vida. Ha caído el farol del ermitaño, se ha derramado el petróleo y los sueños se han inundado. El anciano en mí me sugiere distancia como prudencia. Del loco, sólo conservo el perro. Miro el tarot y no lo entiendo, quizás no lo quiero comprender. El arcano trece no muda su apariencia, sentado con firmeza sobre ese caballo, con esa bandera, me invita a morir. No sé perder, mucho menos perderte. Divago en lo que no debí decir. De nada sirve. Cruzada de brazos aprendo del silencio y ubico este dolor de ti, en el centro de mi pecho, en la mitad del esternón. Raíces de mi vida agonizan mientras tanto. Abro y cierro libros en busca de un norte. Se rompió mi brújula. Un ermitaño sin farol y sin brújula busca donde pasar la noche en un cielo que han anticipado como rojo. ¿Era este mi apocalipsis?  Trato de extraer de Los pasquines del infierno un pasquín para mí y el séptimo me sale. También pienso que el conato de demonio que trae el ángel consigo. Tendré que buscar a Julián Moncada para que me dibuje una ruta desde ese infierno. 

Luto

¿Cómo pudo ser? ¿En qué momento me tomó ventaja otra vez? Entre la tercera y la cuarta luna el bajo ciclo regresó para recordarme lo prestada que es la alegría. Su escaso vínculo con lo material. Su renuencia a acudir a mi llamado. De nuevo la sal. De nuevo el dolor, el insomnio, la inapetencia. De nuevo las piernas pesadas como yunques, los ojos vidriosos, la espalda curva. Tal vez me ha faltado matar la depresión. Asesinarla con palabras. Presionar su yugular. ¿Pero cómo? Está en mí. ¿Adónde apunto? La sien. Seguro está ahí escondida. Y seguro también que si le apunto se mueve. Antonio, ¿en qué estará Antonio? Quizás en un ayuno de silencio o frente al telar. Quizás discutiendo el marcador del Domingo con Ramiro, peleando con Susana o en la tienda, comprando más leche para Paula. Esa Ciento uno, siempre fue que no lo dejo hacer más que una lista. Y si la llamo... sí la convenzo de reescribir el final. Si hago uno alternativo con todo este pesimismo dirigiendo el barco. ¿Por qué no? Me disculpará Antonio el deseo de robarle su ilusión de vida por algo más preciso, más conciso y por cierto seguro. Sin embargo ¿qué afán de matar el masculino? ¿Por qué me duele mi fuerza, por qué le temo a mi determinación? Algo más está muriendo y quizás ese es mi luto.

domingo, 13 de abril de 2014

Hache

Tu voz me sostiene en una firme línea de chat. La sola idea de vernos es el mejor plan. Busco poemas de Olga Orozco mientras cierro una ventana con el despertar de Pizarnik. Tom Odell suena para ambos. And I want to kiss you make you feel al right, I am just so tired to share my nights. ¿Estás? Durante minutos ambos hacemos algo más. La línea queda abierta, insisto en llamar. ¿Cómo fue que empezó? ¿Es importante? No. Es una lástima que esta mirada coqueta no llegue hasta allá. Estoy de nuevo a tu lado, habitación 903. ¡Qué frío hace! No por mucho tiempo. Mi desnudez ama tus besos desenfrenados. Qué tengo clase te digo... y cómo duele separarme de ti por unas horas. Prestar atención cuando dejé todos mis sentidos atentos a tu lado. Las nueve, media hora, regresar a ti. Lamentar no poder quedarme. Necesito dormir. ¿Para qué dormir cuándo estás viviendo un sueño? Eso me digo, en esas me pierdo. ¿Y si despierto y no estás? Volveré a tocar la línea del chat. I want to take you somewhere. Siempre puedo invitarte de regreso a mí. 


sábado, 12 de abril de 2014

Caminos que andan


Como es adentro, no siempre es afuera. Como es afuera... ¿Cómo es afuera? Atrapada en dermo-kilómetros no pienso en llover, lluevo. Pero hay sal en mi lluvia y lejos, muy lejos está el mar. Mi atmósfera reclama tu pie invadiendo mi espacio, tu mirada planeando un beso, tus manos haciendo las veces de separador en pieles de letras. Ahora la ciudad se hizo para soñar que la habitas, la música para unir ambos silencios, la noche para esperar un chat. ¿Y si no llegas? Nuestra cita fracasa. Las palabras dejan de dibujar besos y me siento huérfana sin ti. Los ríos son caminos que andan... Paradiso requiere más de una lectura. El niño Cemi, el futuro poeta, me dice que no le preste atención a tu distancia. Las persianas se mueven, está por amanecer. ¿En realidad nace el día? Está atrapado en la sucesión de infinitas noches. Millas de cielo comienzan a habitarse con trinos de aves. Mi reloj biológico me dice que vuelva a la cama, que aún me quedan como mínimo dos horas de sueño. Si fuera cierto... prefiero entretener el pensamiento en líneas a padecer el enojo del insomnio y este calor que no baja con las horas. Bostezo. Es notorio que estoy cansada. El día comienza conmigo agotada sin saber que río tomar. 

lunes, 7 de abril de 2014

Bitácora del cuerpo se hace libro






Es muy grato compartir la cercanía de mi próximo libro. Publicado con Fundación Arte & Ciencia. Estaremos con ustedes a finales de mes. 

Les dejo una breve reseña del libro:
Bitácora del cuerpo es el fruto de un ejercicio estético con la palabra y la fotografía. Al inicio de esta aventura en su blog, la autora señalaba que ese afán era el que la impulsaba a “provocar con la imagen”.
Las fotografías que le enviaban los amigos reposaban por un tiempo en su archivo y luego de un tiempo, como una ráfaga, salía de pronto una historia. Era como vestir la imagen con palabras, dotándola de una historia. “Ellas se leen y me mandan decir:¡no puedo creerlo!”. Había dado en el blanco de una emoción oculta. 

En este libro la voz se hizo mujer. Desde los rincones más insospechados, Claudia Restrepo Ruiz, autora de la novela Ciento uno, ha recogido maravillosas semillas. El terror producido por la ropa en el clóset, el encuentro apasionado en la silla de atrás de un auto, el lío de una ejecutiva enredada en plena reunión en sus propias medias, la exploración prohibida que una joven hace de su cuerpo, las delicias explayadas de un beso, los apetitos de la exhibicionista, de la callada, de la ebria, de la buscona, de la confundida, de la ingenua. 

Son más de sesenta relatos salpicados de alegre sensualidad en los cuales el estilo atrevido, coqueto y provocador de esta escritora, nos llena de regocijo porque abre una compuerta refrescante en la asfixiante atmósfera de nuestros días. 


El editor

domingo, 6 de abril de 2014

Doble duelo

Todos tenemos un ser favorito en el mundo. Mi papá era ese ser. Me gustaba recién levantado, al medio día, en corbata, con chaleco, en pijama. En la casa, en el club, detrás de la dirección de su auto. En la silla del sofá, imprimiendo una hoja en su escritorio. Con un cigarrillo en la boca, con la candela entre manos. Con un lápiz para leer la prensa y anotar... un número quizás. Tomando café. Regando la sopa. Leyendo a Galeano. En Domingo me gustaba más. Los domingos eran para estar juntos. Entonces me daba a la tarea de comprar algo para almorzar, disponer la mesa, ver que no faltara el aguacate. ¿Dónde quedaría nuestro tarro para Mondongos? Las hierbas, el ají, las arepitas bien calientes, la gaseosa con hielo a todo dar. Sus pantuflas... ¿Puede haber algo más bello que recordarlo? Dos años y por Dios que no me acostumbro. Cuando un amigo suyo me saluda con cariño regresa todo a mi recuerdo: la sonrisa coqueta, sus ojos en límite del mar. Ojos de ciénaga, a veces verdes, a veces azules... Insisto papá: ¿qué hacer con el amor que queda? ¿Dónde pongo tu silencio? ¿Qué hago con lo que me dirías en los umbrales de mis noches? ¿Cómo enfrentar el nuevo día? Ya no está tu llamada a las seis para ver esta flaca cómo está. Ya no soporto los clubes, esos palitos blancos de golf donde va la bola, los bufetes, la gaseosa con dos hielos nada más, la pimienta, el puré, los fósforos porque no hay candela, los boleros cantados por alguien más. Ya no soporto el domingo, tener que levantarme, fingir que puedo ser soporte de alguien más. Las fotografías no tienen ni idea de quién fuiste. María Bonita ya es María la fea. No me gusta acordarme de Acapulco ni de México, ni de Agustín Lara tampoco. Me hacen llorar. El mismo efecto de Abril en Portugal. Hay lugares a los que no puedo volver, por ejemplo: Podestá. Y hay instrumentos que parecen haber nacido para rendirte memoria. Cuando nací, me pusieron en tus brazos después de mamá y ahí, en ese instante, supe que no habría nadie más. Aprendí a escribir para que tus ojos me leyeran. No aprendí a cantar pero me sé de memoria esas, tus letras. Un domingo te llevaste también a mi mejor amigo y mi duelo es doble desde entonces. 

lunes, 31 de marzo de 2014

Todo en lunes

Hasta el clima sabe quién es antes de la tormenta. Sabe hacerse tormenta. Sabe también ser brisa, almidonado sol o lluvia pasajera. Sabe ser. Ella llueve. Gracias a Lezama Lima y a Cervantes, su estudio parece encogerse en medio de descripciones barrocas. Ella quisiera ser un personaje cualquiera para poder leer su destino. Sería mucho más sencillo que improvisar una foto con emociones ambivalentes. Podría elegir  incluso un personaje masculino; liberarse de una vez y por todas de tanta fluctuación de género. No tener el cabello sobre el rostro. Sentir cuando se rasca la cabeza. Los lunes siempre es igual: despierta con ganas de crear y destruirse. Llueve. Inventa un charco, para un taxi, daña un semáforo. Todo en lunes. Inventa el amor de la semana. La frecuencia de su risa y una que otra lágrima. Mira el calendario en 31 y se dice que abril, es cierto, se vino encima. Un lanzamiento próximo la obliga a caer aún más fuerte. Sus palabras contra el asfalto saben a granizo. La ansiedad se la ha venido devorando de adentro hacia afuera. Quiere sentir en libro lo que ha visto en pantalla. Y faltan tan sólo unos días pero ella insiste en llover, en azotar el aire con presencias, en remover los escombros de su pasado y hacer un listado de pérdidas. Sus lunes son de ímpetu, de oscura presencia, de imaginación rayada, de tinta hasta en la piel.