viernes, 20 de diciembre de 2013

Todos tus nombres

No quiero ser su niña bonita, tampoco el ave de un nido incompleto. No pido hogar. No quiero viernes predecibles ni sábados compartidos. Prefiero un miércoles a las tres. Un jueves a las siete. Después de almuerzo y antes del desayuno. Quiero irrumpir en su vida como una ola. También quiero quedarme con los pedacitos de piel que muda el último domingo del mes. Recorrer con una esponja ese cuerpo de hombre que también se transforma. Quiero salir de mi oscuridad y reír cuando me diga: ¡bruja! Quiero perder mis dedos entre sus manos y mis letras en su voz. Quiero no tener que preguntar dónde estabas y no creer que es feliz porque me encontró. Quiero que sea feliz -desde antes- Yo lo estaba buscando. Noche tras noche lo llamé. Con un diccionario de nombres, pronuncié todos aquellos que podían parecerse a él. De la A a la Z... por ratos me quedé en la M por Miguel... (¡Tan lindo!) y me vi forzada a continuar, entonces lo encontré en Simón, en William y también en Andrés. Me figuré encuentros diversos. En la fila de un banco. En la caja del supermercado. En la estación de gasolina, en la silla continua del avión y por supuesto, en mi restaurante favorito. Pero fue en el cine donde creí verlo. Iba solo. Igual que yo. Tenía un tarro de crispetas proporcional a su tamaño y una gaseosa agrandada. Entró a la misma película. Dos sillas más atrás. Entonces recité: Miguel, Simón, William, Andrés... en esas llegó una chica, subió sola y se sentó a su lado. Hola Andrés. Se parecía a él, tenía uno de sus nombres pero, no estaba solo después de todo.  

No hay comentarios: