lunes, 16 de diciembre de 2013

Oscuro sabor

Apropiarse de un rostro no siempre es tarea sencilla. En noches como hoy uno se pregunta qué hay debajo de tanta oscuridad, qué ocurre tras bambalinas, dónde está el cuello, los brazos, el tronco. ¿Es negra la tristeza? ¿Tiene color la nostalgia? ¿Estamos en una frecuencia fantasmagórica? ¿O soy yo, la oscura? No quiero mirarme a los ojos. No quiero reconocer su historia. La boca del lobo abrió sus fauces de nuevo y sólo puedo anunciarle una indigestión. No podrá comerme. Tengo suficiente sal en el cuerpo como para envenenar su metabolismo. Que busque otra soledad por devorar. Estoy cómoda con la mía. Ya no tropiezo de noche con los zapatos y puedo ir sin encender la luz hasta la cocina para sentarme luego en la sala con un poco de leche. Puedo sentir aquel nombre en los poros desvelados y no desfallecer de deseo. He sobrevivido a su indiferencia, a su distancia, a su desamor. Tengo ahora que aprender a sobrevivir a su nombre en los umbrales del sueño para no despertar más con su sabor en mi lengua.Eso, precisamente eso, es lo que me molesta. 

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