jueves, 26 de diciembre de 2013

Entre dolores

No puede levantar el brazo derecho. No puede siquiera intentar una coleta. Debe llevar el cabello suelto y amordazar el dolor. Debe tomar una pastilla cada doce horas y esperar... sin embargo no se queja más allá de lo que dicen sus ojos. Necesita escribir y el antebrazo arde cada vez que digita la y. Debería descansar pero no puede. Si se llena de palabras sufrirá una indigestión mental. Necesita drenar el inconsciente. Necesita decir: te soñé. Necesita también de un segundo, un minuto, una hora perdida en las letras que otros soñaron. Necesita encontrar en Steinbeck la razón por la cual su padre eligió Las uvas de la ira como su libro entre libros. ¡Hay tantas cosas que no alcanzó a preguntarle! Y diciembre se esfuma con el color grisáceo de los pinos que aquí no conocen el invierno. Y las festividades no son lo mismo sin él. Y ya el dolor es otro. Es pura nostalgia. Dos lágrimas descienden por su mejilla y sabe que la felicidad nunca volverá a estar completa sin él. No importa cuántos libros le dedique ni cuántos personajes tengan matices suyos... él no estará para reírse o preguntar. Tampoco le dirá flaca qué vaina ni le transmitirá ese coraje tan peculiar, tan irreductible. Lo mejor será entrar. Volver al escritorio. Decir sin más vueltas: te extraño papá. 

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