martes, 12 de noviembre de 2013

Relojes

No digas te extraño, no cedas a la costumbre, no temas a la soledad. Abre un libro, siembra una idea, sé mamá. No escondas las horas, no huyas del tiempo, rescata el reloj del cajón y lúcelo en tu muñeca. Mira como los días juegan al carrusel para estar mil cuatrocientos cuarenta minutos junto a ti. Un dos de noviembre nunca será un dos de octubre pero es un dos. Entre ellos un mes. Un mes que llevas en la mente como ningún otro. ¿Ha de volver? Es mejor no pensar en eso mujer. Nunca me amó. ¿Para qué te atormentas? ¿Para que afirmas mentiras? Lo amaste, te amó. Terminó. También termina el amor. Y es una suerte que así sea. De otro modo no podría volver a comenzar. Estarías anclada a los mismos ojos, te acostumbrarías a cada gesto de sus párpados y creerías que es lo único en el mundo cuando es sólo un fragmento. ¿Sí ves? A las ocho en punto, a tu derecha... ¿quién es? ojos donde no te has mirado, un amigo por descubrir. ¿Me lo presentas? Paciencia, ya viene... camina hacia a ti.   

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