domingo, 3 de noviembre de 2013

La cita de consolación

Lo aburro. Está será la única cita. Desde ya mira el reloj, no debe ver la hora de regresarme a casa. Ojea la carta. Parece no saber qué pedir. ¿Qué pedirás?-me pregunta. Ay, no he mirado. Ensalada. No, un momento, que pereza comer otra vez pequeñas aceitunas con la impresión de gran filete. Hoy pediré carne o mejor pescado. No me decido. ¿Carne o pescado? ¿Qué recomiendas? No sé, es la primera vez que vengo a este restaurante también. No me mira a los ojos. No le gusto. ¿Eres tú quién está moviendo la mesa? Sí, disculpa. Ya se dio cuenta que estoy nerviosa. ¿El trabajo? Bien, como te dije soy ejecutiva junior en una empresa de consultoría financiera. Sí, llevo tres años y medio. No aún no he recibido un ascenso. Silencio incómodo. ¿Qué quería? ¿Una más exitosa? Me disculpas voy al baño. Un ojo rojo, lo que me faltaba, no traje el colirio. Apenas son las nueve y media. Retoque en los labios. Para qué más vine al baño, oh, sí, para calmarme. Camina derecha, regresa a la mesa, toma la servilleta, ponla en las piernas. Sí, ya estoy lista para ordenar. Me da un filete de congrio en salsa de maracuyá con papá al vapor por favor, sí, gracias. ¿De tomar? Él pidió agua sin gas, ni modo pedir un vino blanco. Sí, gaseosa light. Y me decías, trabajas en la bolsa desde hace siete años, te separaste hace dos. No me imagino el proceso y no voy a comenzar hablando del pasado. No, es que no te imaginas, ella era todo lo que tenía. Un momento, no puede ser, está llorando... esto si no me lo habría imaginado... ahora sí que no sé qué hacer. No sé ver llorar a nadie. ¿Será su estrategia despertar compasión? Ay no puedo ser tan dura. ¿Me decías que van a ser dos años? ¿Has buscado ayuda profesional? Preferí buscarte a ti. Un amigo me dijo que le hiciste olvidar hasta el nombre. Me pongo roja, no sé si es una ofensa o un halago. ¿Qué amigo? Prometí no decir. Está bien. Cancelemos la orden. Vamos a mi casa. ¿Estás segura? 

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