jueves, 17 de octubre de 2013

Sabotaje a una meditación

Momento de orar. Más de un minuto para dar las gracias. Tiempo para concentrarse en la respiración y con los ojos cerrados desapegarse hasta del último sueño. Estar atenta al silencio, no prestar atención a los pensamientos, dejar tu nombre pasar -siempre pasa- volver al aire, sentir un ligero escalofrío y un pequeño calambre en uno de los pies. Llevar las manos al pecho, al tercer centro, sí, al corazón, escuchar qué dice, con qué se lleva bien, contigo también se lleva. ¡Otra vez me vas a sabotear la meditación! Inhalación profunda... tus ojos en mis ojos. Exhalación resignada, tu boca en la pared. ¿Qué es esto? Posición de loto. Tu abrazo desmedido. Abro los ojos con ofuscación. Estamos meditando, estamos meditando... ¿Y sí meditar en ti también se puede? Qué desorden. Volvamos  a la posición inicial. Pies juntos. Miremos hacia adonde sale el sol. Manos sobre la cabeza. Om. Vamos bien. La imagen de ojos amorosos rodea todo centro y contorno... ¡Ojos amorosos también sos vos! Que me perdonen los budas, hoy estoy en vos. 

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