jueves, 17 de octubre de 2013

No hay cariño perfecto

He querido decirte que me voy. He tenido la frase en la boca durante horas pero no he osado contradecir tu alegría. Con ternura vienes hasta a mí con la ropa recién planchada y la ordenas en el closet por color. Traes el café con leche, con la arepa tostadita y me miras con tu resuelta felicidad doméstica. ¿Cómo decirte que olvidé quién soy al estar junto a ti? Los viernes de fiesta no son suficientes para recuperarme. Estoy perdido y tu en lugar de ayudarme me perjudicas con tanto querer. No será sencillo herirte. No te lo mereces. ¿O sí? Pero qué digo, mírate, ya preparas la cama para ambos. Me pones la almohada a la altura que me gusta. Me sacas la pijama y hasta me pasas el control. Ni siquiera notas mi aflicción. Crees que todo se debe al estrés del trabajo cuando es en casa que me angustio. Hoy no por favor. Ya te pusiste el babydoll. habrás de querer sexo después de CSI y yo no quiero más que una cerveza y un sueño. No quiero oírte decir que el doctor nos anticipó esto. Que en la depresión era normal. Eres tú quién me deprime y no es justo decírtelo. Y sí no vuelvo... seré como el personaje de aquel cuento... no, no puedo ser tan débil. Matilde... ¿Sí? Quiero irme por un tiempo. ¿Irte, pero por Dios, para dónde? Qué ocurrencias las tuyas. No refuto nada, ya te lo dije. Cuando me haya ido repasarás esta escena cientos de veces pero al menos tendrás la certeza de que quería partir. ¿Por qué? El tormento será tuyo. No me preguntaste. 

No hay comentarios: