jueves, 24 de octubre de 2013

Hombre manzana


Tengo la cabeza repleta de rostros. El señor de la lotería, la mujer del vecino, el viejito en corbata, el vagabundo sonriente, el niño que lloraba por aquel balón... y no sé cómo es posible, algo o alguien vino a mí, en sueños sería, y te formateó. He buscado tu rostro por horas y sólo consigo recordar tu nombre. De repente sos como esa pintura del hombre manzana y por más que la miro no logro extraer tus facciones en él. Te habrás mudado a otra mente de mujer, habrás partido con todo y memoria y te habrás instalado cómodamente debajo del óleo verde. He querido entonces leer tus cartas y las hojas han borrado la tinta como si se tratara de un chiste cruel, ya no tengo ni tu caligrafía, cómo ha de ser posible, se ha mudado también tu firma. ¿A dónde has ido corazón? Un hechizo habría sido menos preciso. Pero sé que exististe. Sí que lo sé. Mi tacto no olvida, mil poros me hablan de ti, los pliegues del cuerpo se aburren de doblarse funcionalmente. Quiero ser caricia y no te tengo aquí. Escucho un tango y no me imagino visitando los salones sola. Las zapatillas protestan desde el armario pero no podré usarlas hasta que desenrede tu misterio. Mis vicios sin ti son peores a mis vicios contigo. René, dime qué lo hiciste, devuélveme el rostro, dame sus ojos. 




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