jueves, 3 de octubre de 2013

Entre ella y yo

He colmado de distancias esta mañana. He abierto una brecha entre mi pasado y yo. Le he dicho a aquella mujer que no me busque más, que no estoy, que cambié de domicilio y que no tengo teléfono. Le he dicho que todo lo que queda es esta imagen. El único puente entre lo que fui y lo que soy. Que lo único seguro es que continuaré escribiendo y que asumo el riesgo de no consultarla en mis narrativas por venir. Se ha puesto histérica -quiere figurar- Lo lamento, no hay espacio para sus protagonismos. Dice que le duele y que nadie más va a escribirla. Eso es seguro. Pero le duele... ¿Cómo ser indiferente? No, no logrará atraparme. Sabe manipular. Debo es dejar de pensar en ella. Reconocer que tengo una lista de cosas urgentes que me demandan y que no pueden acceder a mí, mientras ella se interponga. Necesito escribirle una postal, desearle lo mejor, sugerirle otro destino, decirle por ejemplo, que un crucero zarpará en dos días o que puede comprar un boleto de avión con cualquiera de los libros que hay detrás de mí. ¿Podré librarme de ella? ¿Podrá ella seguir sin mí? Quizás pueda resolver los dramas de control que eligió vivir. Repasarlos una y otra vez, con suerte le brindarán una perspectiva nueva. Pero y si cambia... ¿qué ocurrirá conmigo futura? Es cierto, no puedo desprenderme de ella, a lo sumo puedo entretenerla en una referencia pero somos una misma entidad en diferentes tiempos. Tengo es que aprender a ignorar sus pataletas, a evadir sus afanes de mimos, y a darle afecto en una medida que seguro no sabré medir. Aquí tienes mi nuevo domicilio, éste es mi teléfono y llama cuando quieras, eso sí, no abuses quieres...

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