domingo, 1 de septiembre de 2013

Tregua

Me complace una tarde a tu lado. Cambiar rutinas por caricias, alejarme del escritorio por un jolgorio de besos. Me gusta la risita nerviosa, el sudor en las manos, el sentir que no tengo control alguno. Disfruto quebrarme ante ti, ser rama de bambú, recibir tu viento. Anhelo convertirme en música, hacerme vocal;  darle de comer a las yemas de mis dedos. Pretendo inventarte un cielo: poner una sucursal de la aurora boreal con un conjunto de nubes verdes. Quizás hasta sople una flor o la vuelva una media luna al no arrancar todos sus pétalos; no hace falta llegar al final, al me quiere. ¿Y si no me quieres? Lo que importa es querer niña, lo que importa es querer. Y mientras llego al último pétalo que he decidido arrancar, levanto mi mirada hacia a ti y antes de que los besos comiencen otra vez, siento que necesito pedirte una tregua. No sólo es piel esto que te disfruta, es ojos, y nariz y boca también. Y no sabe qué hará sin ti. No sabe cómo regresará a la poltrona, al escritorio, a la rutina. Porque ahora que se mira las yemas de los dedos sabe que tiene gula de ti.  



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