sábado, 28 de septiembre de 2013

Summertime sadness

Summertime sadness suena en su mente. Alguien se lanza al vacío y también es ella. Alguien sostiene a un San Bernardo y le dan ganas de acariciar a su perro. Alguien llora en un auto e innumerables veces, ha sido ella. Podríamos decir que es Lana del Rey o que es Lana interpretando a Lana, o Lana interpretando a alguien más. Sea como sea, ahora es ella quien se desdobla en el salón en un movimiento rápido, imperceptible. Algo en ella, sin embargo es consciente del desdoblamiento porque en un gesto se lleva la mano a la mandíbula, pretendiendo quizá sostener el peso de las últimas ideas. Es sábado y para cualquier otro la tarde sería una invitación a salir, para ella, en cambio, constituye el deleite de quedarse dentro, de hurgar en los recovecos del sentir, de extraer la última polución, de leer una y otra vez esa frase que describe al deseo mejor que el deseo mismo. ¿De cuándo acá tan corpórea? ¿De cuándo acá tan dermis? Podría decir que a partir de un año, un mes, una fecha o mejor aún, de un nombre. Sí, de alguien que le enseñó a desear deseándola para partir luego a las quimeras, a lo platónico, al deseo de lo imposible que inevitablemente conlleva una tristeza veraniega que se alimenta a sí misma con el dolor de la distancia y lo absurdo de la ilusión. Ya, ya, así duela, déjalo pasar como tantas otras veces y ve por ese helado de las cinco que te prometiste desde las cuatro.


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