lunes, 23 de septiembre de 2013

Simulacro de muerte

Pronto, levántate, inventa algo que hacer. No digas que no te provoca escribir. Puede ser cierto pero no puedes darte por vencida, no ahora. Cambia la música, Jazmin Levi no te ayudará. Un poco de Cold Play... tal vez, me gusta más esa: sí Lana del Rey Burning Desire... you used to drive fast remember? No hagas demasiados cambios tan pronto. Asimílate. Sí, duele. Nadie te dijo que no dolería. Try to drive fast. No te detengas a pensar demasiado. Está hecho. Vamos por un masaje o mejor aún, a la piscina. Cambiemos de estado, vamos por uno acuoso, o trotemos, ¿podemos trotar? No nos conformemos con recordar la sensación del viento sobre el rostro. Hay que ser espada, volver a sentirlo. ¿Álvaro Mutis? Sí, los escritores también mueren cualquier día. ¿Ilona? No, ella no, ella vive cada vez que alguien la descubre y muere cada vez que tiene que volver a morir. ¿Nos gusta eso cierto? Cada vida debería venir al menos con un simulacro de muerte. Un simulacro para espiar al que fue tu mundo, sin ti. Poder leer los obituarios -si llegan existir- poder estar ahí cuando se discuta el epitafio. Reír si no saben qué decir o sentir desconsuelo si repiten uno común de esos que recomiendan las compañías funerarias. Un simulacro de muerte que no tuviera forma de distinguirse de la verdadera, porque no habría chiste y todos se comportarían casi de manera predecible. ¿Y dolería? No tenemos como saberlo. Mientras no sea cierto que el muerto despierta a las 36 horas... porque de qué serviría un simulacro si estamos dormidos. No alcanzaríamos ni a soñar los sucesos. Despertaríamos a la vida o a la doble muerte y hay sí, querríamos levantarnos e inventar algo que hacer con un cuerpo que ya, simplemente, no nos pertenece. Por eso niña, arriba y ánimo. Ya hemos muerto el amor sin simulacro y aunque no hay punto de encuentro posterior, esta la asombrosa llegada al Uno. Llega a ti y después hablamos. 

No hay comentarios: