jueves, 26 de septiembre de 2013

No le cabe una nube a esta tarde

La lluvia arruinó mis planes. Me acuarteló. Lo que iba a ser una tarde de investigación, se convirtió en una de imaginación, contigo en mente. Tres horas más frente al computador y quizás haya chance de vernos pero llenos de ropa: chaqueta, bufanda, pantalones, botas. Qué poca oportunidad de ver y más aún de rozar tu piel. Tendré que conformarme con tu barba, con mi mano inventando una excusa para pasar por ahí con el frío como pretexto para decir que mis ropas no bastan que me estoy congelando cuando no es cierto. Es ganas de ti y de tu contacto lo que me trastorna. Alucino con tu mandíbula abierta, con tu boca queriendo morder mis labios, con tu mano debajo de la mesa sobre mi pierna. Sí, alucino. Y no le cabe una nube a esta tarde. Entonces necesito que te conviertas en nube y te precipites, para que llegues sin tocar el timbre y la ventana entreabierta te deje pasar. Sé nube para mí esta tarde. Sé nube para que me baste mirarte para entender que no tiene dimensión mi deseo. Sé nube para recordarme que no puedo retenerte, que estás aquí para acompañarme pero te esfumaras tan pronto salga el sol y la luz te robe a otras esferas. Sé nube y déjame soplarte. Déjame jugar a ser el viento que te impulsa. Nubes es todo lo que hay y tú eres todo lo que me ocupa. Entonces por suerte, no le cabe una nube a esta tarde: estoy llena de ti. 

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