martes, 6 de agosto de 2013

Spinoza en su cama


Y entonces corazón, ¿qué hiciste hoy? Sólo estudiar, no me digas. Debes estar aburrídisma, verás como te quito ese aburrimiento. ¿Cómo que no quieres? ¿No hoy? ¿Eso qué significa, que mañana tal vez? A ver, ¿qué estás estudiando? Spinoza. No me vas a decir que este deseo mio por ti es una causa inadecuada... ¿cómo que tal vez? te estás llenando de cucarachas el cerebro. Permíteme ilustrarte: la naturaleza es siempre la misma, en todas partes. Mi naturaleza es amarte. ¿Cómo que esto no es amor? Voluntad, apetito, deseo. Sí, me gusta cuando dices apetito, préstame ese cuello. ¡Qué me ponga serio...! La alegría que tú me generabas se está tornando en algo muy feo corazón. No quiero mencionarlo y tampoco debí sugerirlo. Vamos sé tú otra vez, despréndete los textos... Y no me mires así, no vas a fusilarme y lo sabes. Eres demasiado dulce para un pensamiento inapropiado. ¿Lo eres? No me digas que te descubriste en otras facetas, ja, eso es. Te entiendo corazón. Ves mi índice, ¿dime que no quieres cosquillitas? Apetito... vamos, deja los textos, olvida las citas, desnúdate de ti y acuéstate otra vez conmigo. 

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