martes, 6 de agosto de 2013

Magia

Sucede cuando sopla una flor de pensamiento. Pide deseos tan pequeños, tan factibles, que siempre se realizan. Pide verte a las diez o tomar juntos el desayuno a las siete. Vive al día. No aloja preocupaciones en la almohada ni se come las uñas, de hecho, las mantiene arregladas y azules. Alrededor de su cuello tiene un accesorio con reliquias budistas y junto al reloj, en la mano derecha, lleva una manilla de cuero con palabras inscritas: peace, love, compassion, grow, together... Escucha a Carla Morrison y a Pablo Alborán y tiene una cartuchera de osos para sus plumas. No es infantil, a veces por el contrario, le duele haber perdido la inocencia. Hoy necesita un favor grande y recorre el jardín persiguiendo la flor más generosa. Le pide perdón antes de arrancarla y mentalmente piensa lo que necesita. Cierra los ojos y sopla tan fuerte como puede. La flor decidió no volar. Todos sus pistilos siguen en pie. No puede ser. Vuelve a soplar, esta vez con un ojo entreabierto y... ocurre lo mismo, nada que se desprenden los pistilos. ¿Será el aire? Ni sabe qué está pensando. Lleva la flor adentro y resuelve ponerla en un solitario. Su tallo es frágil pero soporta ser centro de mesa. ¿Y la magia? Entonces llegas, cuelgas el saco en el perchero, reniegas por el día en el trabajo y olvidas darle su acostumbrado abrazo. El problema no se resolvió. He perdido el toque. Entonces te prepara la comida y se sienta junto a ti y frente al televisor a ver cómo el programa que dice gustarte, lo que te da, es somnolencia. Está embarazada y hoy tampoco fue el día para contarte. 

No hay comentarios: