domingo, 25 de agosto de 2013

Gris_es


¿Me ves a color? ¿En realidad puedes verme después de tu todo? ¿Qué haces, tienes con quién hablar? El cenicero de la sala extraña tu cigarrillo; la poltrona, tu peso; y yo, tu cuerpo. Hoy he repasado los últimos momentos en cuidados intensivos, el breve tiempo que te tomó decidir desde una cama común; el rosadito de tu piel que se iba perdiendo en una conquista de coloración amarillenta mientras mis dedos se aferraban al último contacto con tu pelo. Las lágrimas de entonces no se parecen a las de ahora. Pero al menos puedo llorar. ¿Me ves llorar? No me regañes. Año y medio sin ti, quién lo creyera. Te tengo congelado en las horas felices, en los diálogos profundos, en la sonrisa coqueta. Tus visitas siempre eran cortas y con la misma duración vienes y ocupas mi nostalgia, los domingos... El farolito aún sigue encendido y me preguntas si estoy escribiendo. Te cuento la trama de mi próxima historia y me haces un par de observaciones que atiendo con cuidado. Te asomas a mis lecturas y me preguntas qué tal están. Maravillosas papá. 

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