jueves, 11 de julio de 2013

Regreso de la playa, contigo

Te recogí en el arrecife, tuve que competir con un cangrejo por tu piel, cuando logré zafarte de su tenaza, te di forma de silueta con peso de hombre sobre la arena. Caminamos sin pegotes de mano. La brisa era tu voz y también tu tacto. Tuve que cerrar los ojos un momento para no encapricharme con tan sutil encanto. Te hablé de los tiempos. Me hice una trenza mientras tanto. Sentimos reventar las olas y vimos a los niños jugar con ellas. ¿Antisolar? Quería un pretexto para recorrerte. Brindamos con agua de coco y más tarde pedí raspado. Pasó el señor de la conchas, el del aceite, la mujer de los collares, y el de los inflables. No gracias... pasó entonces el de tatuajes no permanentes e insinué tu nombre en mi piel. Te escandalizaste. Recién habías salido del arrecife y ya quería yo nombrarte, hacerte permanecer. Me disculpé. Te enojaste y vi el peso que había dibujado con silueta de hombre marcar huellas en sentido contrario a mi piel. Tomé el pareo, hice un nudo ficticio, me puse las sandalias y caminé sin mirar atrás. Debiste pensar que me había ido sin ti cuando lo cierto fue que no permití que tu enojo borrara una mañana esplendorosa. Cuando alcancé el andén, volví a imaginar tu peso junto a mí y... dos pares de pasos, cruzaron la calle. 

Nota: ¡En este blog, nos fascinan los pies! Todos los pies.

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