jueves, 4 de julio de 2013

Literalidad

Lateralmente, la literalidad, no existe -a menos por supuesto que aborden una clase con el maestro Hincapié que de entrada omitiría la opción lateral- No sé a ustedes, pero a mí, me gusta transgredir los bordes. De niña, si me daban a pintar un mapa yo comenzaba por el mar... es decir, por el afuera. Prefería el azul al territorio. Pronto todos los colores tenían la misma altura y el marino... media menos de la mitad. Creo que por eso no paso ninguna prueba psicotécnica. Me río de pensar en el perfil que puede catalogarme: difícil de controlar, puede llegar a tener problemas con la autoridad. Cierto. No voy a desmentirlo. No me avergüenza. Es. Entonces, cuando leo, leo entre líneas; cuando escribo, escribo en pares; cuando escucho música, tengo dos ventanas abiertas, una con una canción en pausa y otra en curso que repito una y otra vez. La música si que no es literal. Cuando dicen "contigo" yo pongo un nombre propio. Cuando hablan de beso yo pienso en sonrisa. Cuando dicen sonrisa me imagino los ojos. Lateralmente, es agradable que la literalidad no exista. Poder alterar los estados. Inventar una Olinda a partir de Olinda. Viajar de mi sala a tu mesa. De una pantalla a unos ojos. De unos ojos a una sonrisa.       

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