martes, 30 de julio de 2013

La caja

Tengo el recuerdo de un beso en un cofrecito azul acompañado de una manilla de hilo. Guardo el portavasos rayado de aquel bar al que me invitó. Y ya. No me dio mucho para recordar. Tampoco soy de las que acumula recuerdos, sólo conservo digamos, lo más significativo. Todo cabe en una caja convencional. Cómo es de dulce desarrugar una servilleta que contiene un mensaje del tiempo, hacerlo con cuidado, sentir como ha mutado su olor. Volver al tren de Ottawa a Toronto, conversar con el profesor de física que lucía como profesor de física. Encontrar una postal enviada por mi hermana desde París, cuando aún se enviaban postales. Hallar un poema de Serú Giran en una tarjeta enviada por mi amigo Luis Cruz. Ver la letra de Diógenes llamándome Helena, cuando nadie conoce ese nombre amputado. Cómo es de lindo el ayer cuando la amistad es el recuerdo. Cuando Ilona aún llueve, cuando no ha comenzado a morir por el gas ni en el Gaviero ha notado su ausencia. Como es de lindo cruzar las piernas y abrir la caja y no saber qué escoger, buscar a Elvira en un viaje a Alemania, encontrar en inglés otra tarjeta firmada por Lordana. Y lo mejor viene de la mano de mi hijo: sus primeros dibujos, garabatos en verde cuando su color favorito era en verde, garabatos en rojo, cuando ya todo era rojo, sus primeras letras, su composición de M A M a así, sin tilde, sin necesidad de acentos. Luego sus frases: mamá (con tilde) te estrallo mucho besos te amo tomi te quiero cuando vienes. Sin pausas, sin signos de interrogación, sin eñes.Y las fotos cuando no existía lo virtual. Cuando se llevaban en rollo a imprimir. Cuando uno no sabía la cara que había hecho y no podía borrar la que no favorecía. Las fotos... ya son bits, códigos binarios en un celular, códigos para el computador, proyecciones... intangibles. Conservo la caja y aún la alimento. Muy de vez en cuando imprimo un correo. ¿Cómo más dejaré constancia de que estuviste aquí, y un pedacito tuyo permanece en mí?     

No hay comentarios: