domingo, 28 de julio de 2013

Farolito

Fotografía: Jose Luis Ruiz

Farolito que alumbras apenas mi calle desierta
cuántas noches me viste llorando llamar a su puerta...

Sin traerme más que una canción, un pedazo de tu corazón... los domingos escucho bolero y en sus notas podría jurar que viene tu voz; sabes silbar como Agustín Lara y sonríes al tararear. No ves la hora de que sea Lunes y ya tienes la semana mentalmente programada. Sabes por ejemplo, que el viaje a Bogotá no será el miércoles sino el jueves, que irás a la Cardioinfantil y a la Clínica Shaio, que jugarás golf con tus amigos y que debes recoger la talega en el club. Quizás puedes pasar por ella más tarde y me pedirás que te acompañe. Hablaremos entonces del tiempo ...que van tan rápido como crece Tomás. Y me dirás una frase que comienza con "Ese socio..." Y a esta hora sabré que tienes antojo de mondongo y habré de comprar una porción con todo: aguacate, banano, chimichurri y ají... porque te encanta ponerle ají. Entonces me abrirás la puerta con esa sonrisa amorosa, con la bata azul de tela de toalla y en pantuflas, porque nunca caminas descalzo y me darás ese besito que tanto añoro y ya habrás leído la prensa, y el crucigrama estará intacto, porque no te entretiene desde que siempre sale lo mismo; y me señalarás un artículo que debo leer en el dominical. Lo leo y lo comentamos y me recomiendas entonces un libro de Andrés Openheimer -aunque no es mi estilo- Y pongo el mantel y te sirvo la mesa y me siento a tu lado mientras almuerzas. Y con los ojos me dices cuan rico está; y te encanta caliente y te veo regar... maldices esta torpeza familiar y nos reímos de los últimos morados que nos hemos hecho tropezando a ciegas cuando nos levantamos de noche. Te levantas y me preguntas si me quedo un rato más. Te gusta hacer la siesta sabiéndote acompañado. Y te digo que sí, que estaré un par de horas. Entonces me pides con pena que te tienda la cama porque te gusta hacer siesta con ella tendida. Y corro a organizarla y dejo tu almohada por fuera. Te bajo las persianas. Simulamos la noche. Y la luz del baño parece otro farolito esperando tu ronquido-canción. Y me siento a leer y a esperarte...  

No me acostumbro a tu ausencia, es así como un farolito Cartagenero, en el lente de Jose, no podía significar otra cosa más que la luz que venía siempre de tu cuarto.

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