domingo, 9 de junio de 2013

El plan

Tengo un plan para ambos. Estoy lista. Pero no has escuchado el plan. Dijiste que era para ambos, eso me basta. ¿Estás segura? Claro. No digas luego que por qué no te lo advertí. No lo diré. Conduzco yo. Eres capaz de cerrar los ojos hasta llegar allí. No, no te pongas con cursilerías. De ojos cerrados, ahí sí no salgo. Bueno, vamos. ¿Y así estoy bien o me cambio? No vamos para misa, estás bien. Listo, salgamos. Entonces me da la mano hasta el carro inundado de un optimismo extraño. La tarde es hermosa. Como es domingo tengo el pelo revuelto y no me importa bajar la ventanilla. El viento es... viento. Entonces pronto me doy cuenta que le hemos dado la vuelta a la manzana y que llegamos al Mall donde parquea justo al frente de la droguería. ¿Estará enfermo? No lo noté. Se baja y pienso que va a comprar un helado. Pero antes de ir a ningún lado,  se limita a darle la vuelta al carro justo hasta mi ventana, para preguntarme al oído: cinco números. ¡No puede ser, este imbécil me sacó a comprar el baloto!

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