domingo, 30 de junio de 2013

Domingo

Domingo, ven, abrázame, dime que tienes las mismas 24 horas de los demás. Dime que no tienes ni un minuto más aunque yo te atribuya eternidades sutiles. Dime que son impresiones mías; que la tarde transcurre igual, que es falso que duermo más; que no es cierto que temo. Dime. Háblame día como me susurra la noche. Deja de inspirarme para que haga lo que te place. Atardece, ya te vas. ¿Por qué todo lo tuyo me recuerda a él? Por qué no puedo transcurrir sin pensarlo; sin añorar mis tardes en su casa. Sus ojos verdes con permiso para eludir el baño me persiguen en el recuerdo. ¡Lo quiero tanto! Se habrá ido el cuerpo pero lo demás camina hasta en mi teclado. 

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