lunes, 24 de junio de 2013

Colapso vial

¿Ahora qué pasó? Este bus no avanza. Donde llegue otra vez tarde me despiden. Justo hoy que me levanté temprano. Y todavía estoy lejos. Faltan como ocho cuadras. No soy la única molesta. Ya hay personas junto al conductor reclamándole como si fuera su culpa. Y para rematar este calor bochornoso. No tarda en llover. Cuando amanece el día bonito, llueve. Ah, parece que hay un choque. Con tal de que se arregle rápido. Que no ha llegado el azul. ¿Dónde se metieron los azules? Desde que pusieron esas benditas cámaras no los volví a ver como antes. Y es que ya la gente como que se acostumbró al pico y placa. Como si uno debiera acostumbrarse a eso en vez de ver desarrollo vial. ¡Qué no hay paso! A mí me va a dar es un infarto. Debería haber una divinidad a quien invocar en estos casos. Colapso, Calipso, lo mismo da... mentiras... siquiera nadie escucha lo que uno piensa. Y ese señor qué... hace rato que mira y mira. ¿Será que no encuentra nada mejor que hacer? Yo mejor me abro paso. Permiso, permiso, gracias, permiso. Y alcanzo a escuchar como reniega el conductor. Después de mí, todos se bajan, nadie se sube. Mierda, hoy estoy con los tacones nuevos. Ocho cuadras y de tacones nuevos. Pero yo que me iba a imaginar. Vieron... ya empezó a tronar. Lo bueno es que traigo mi paraguas. Espero eso sí, llegar antes de necesitar abrirlo. Uy... qué totazo se metieron ese par. La culpa fue de la cheyenne... ¿así es que se llama? Volvió miseria al taxi... Cuatro cuadras. Qué estado físico... siete y cuarenta y ocho, ¿en doce minutos si llego? Corra pues mamita que su vida depende de esto. Llega sudando, extenuada después del colapso y la recibe Juliana: Ay Diana, siquiera llega, el jefe tuvo un accidente. 

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