domingo, 16 de junio de 2013

Beso callejero


Junio 13. Lugar: Bar Guayaquil. Hora: No me acuerdo. Alcohol en la sangre: ninguno (en la mía) mucho (en la de él) Aunque mucho puede resultar una imprecisión. Digamos lo real: tres vasos de whisky -a favor de uno de coca-cola- (el lector sabe de sobra cuánto nos gusta en este blog tomar coca-cola) Motivo de celebración: cumpleaños. Entorno: amigos. Responsable de capturar la foto: Marco Ramírez.


Ahora sí, podemos comenzar por decir que horas antes, cuando desperté, ya te habías ido. Madrugaste a trabajar con todo el equipo en una producción fotográfica. No fui la primera en felicitarte aunque desde la noche anterior te estaba haciendo ojitos de celebración y propuestas... Marqué y dejé mensaje -tocó dejar mensaje- e hice mi día como cualquier otro. Estuve en la U., recibí una asesoría, visité a mi madre y salí a comprar algo para que destaparas al regresar a casa. Hijo por su parte te hizo una tarjeta hermosa, con marcadores de tres colores y un calificativo para su cariño: muchísimo. Te esperamos. Llegaste, repartiste besos y abrazos y al cabo de minutos estuvimos listos para la calle.

El beso fue un intermedio entre el tercero y cuarto whisky cuando el vaso tenía más hielo y agua que licor. La servilleta que cubría el vaso estaba ensopada y por poco tiembla de frío sino es que tus manos la sostienen por segundos. No sé cómo fue que accediste a un retrato "tan mañé"  pero la secuencia que publiqué dos entradas atrás justifica la encerrona a la que fui sometida. Mentiras, me presté... y fui de las que más gocé con el  diálogo "mandado hacer" que Marco le puso a las fotos. Ésta sin embargo, no tiene texto. El que piense durante un beso... entra perdiendo.

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