jueves, 20 de junio de 2013

Arráncame la vida


Habitada por presencias danzantes su brazo dibuja un cisne allí donde su cabeza se hace lago. El invierno ha congelado sus piernas y espera el toque en la espalda para deshacer la estatua en que se ha convertido. El lente que la observa es su compañero de baile y el ritmo no es ballet. Perdió las zapatillas... por eso al lado -donde no se ven- están los tacones cerrados. Se calza. El ritmo será salsa o tango. ¡Que sea tango! La grabadora -no ipod- suena regia cuando se presiona el botón. Play: "En estas noches de frío... llegan hasta el cuarto mío, las quejas del arrabal..." El mentón mira hacia el piso de madera mientras los pies se deslizan con perfecta simetría. Su mano en la cintura la dirige con precisión. "Arráncame la vida" murmura en medio de unos ochos que se vuelven nueves. Hacerla perder la cuenta le causa gracia y presume su capacidad para desconcentrarla. Ella le clava cariñosamente el tacón en el empeine  y la breve canción se convierte en el intervalo de una lid. "la última vez que lo besé..." "Hace cuánto no la beso" No pueden estar más conectados y más distantes. El vuelo del vestido dibuja una elipse mientras ella insiste en no mirarlo. Al piso, sólo al piso... Se arrancan la vida entre pasos y al final cada uno regresa a su rincón de la Academia. No mirarlo tanto tiempo es como contener la respiración diez minutos bajo el agua. Cede a su tentación para la buena, o mala suerte de encontrar sus ojos esperando su mirada. Ya el beso... tiene una oportunidad.


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