viernes, 3 de mayo de 2013

Renuncia de taquígrafa

He querido renunciar a él como quien pasa una carta a bienestar laboral. He querido... me he dicho que nadie necesita una taquígrafa a distancia. Taquígrafa, así dice mi tarjeta. Las voces me llaman, me dictan y yo pongo en limpio lo que sus bocas exhalan. Una carta para el concejo de administración, una citación de asamblea, un memorando para Jiménez. Las bocas tienen tecnología pero me prefieren a mí. Dicen que le pongo color a lo inanimado. ¿Color? Debe ser una excusa suya para compartir con alguien esas oficinas estadio donde bien podrían ubicar seis cubículos. El mío por ejemplo, no es más que un escritorio donde acomodar dos impresoras y un portátil. Sostiene también un porta lápices y un talonario de hojas en blanco para apuntar razones. El calendario, sí, lo tengo exhibido y me encanta porque trae los festivos con relleno verde... dan ganas como salir de camping. Mis jefes... usualmente me marcan por el interno. "Traiga block y lápiz" Lo llevo. Usualmente, no me siento. De pie escribo los garabatos que sólo yo entiendo y que corresponden a lo que ellos expresan. Odio que suene el teléfono en medio de un dictado... me desconcentra.  Y entonces sí alguno se da cuenta, protesta y verlos ofuscados, me estresa. Usualmente siempre llama uno cuando estoy en dictado con otro. Gajes del oficio y recortes presupuestales les negaron una taquígrafa a cada uno. Tienen que compartirme y no les gusta. A mí me encanta trabajar para Encinales,  y no porque sea el más joven, es más bien por... la voz. El más difícil en cambio es Lopera; ese señor habla en cursiva y detesta cuando le digo ¿Cómo? Verse interrumpido lo saca de casillas. Volviendo a Encinales... es a él a quien he querido renunciar. Lleva dos meses por fuera en un entrenamiento y el trabajo es aburrido desde que no está. Los otros cuatro pasan las mismas cartas, tienen los mismos intereses y les gusta joder, usualmente -con memorandos- a las mismas personas. Se han vuelto... predecibles. Encinales llama y me dicta otras cosas. El otro día me dictó dos frases para anexar a un ramo de flores para su novia... me pidió el favor de encargarme del resto: llamar a la floristería, pedir las rosas bien rojas, como sí hubiera otras... y le dije que sí a todas sus solicitudes. Y justo cuando la llamada iba a terminar, no sé cómo, me atreví a preguntarle cuándo regresaría... él se extrañó y me dijo que si no era mejor tenerme lejos y descansar un poco de tanto gerente inútil. -lo dijo en broma por supuesto- y quise decirle que descansar de ellos sí, pero que tenerlo lejos a él no... pero no pude. Luego supe que lo iban a trasladar definitivamente y en un arranque   imprevisto, tomé la máquina de escribir ubicada en otro escritorio, le puse la hoja, gradué el ángulo recto y escribí a toda prisa:

Medellín, Mayo 3 de 2013

Señores
Bienestar Laboral
Ciudad

Respetados señores:

Por motivos personales, no puedo continuar ejerciendo mi cargo como taquígrafa. A partir de la fecha, les concedo un mes para encontrar la persona que ha de sustituirme y con gusto le haré el empalme de ser necesario.

Muchas gracias por todo el tiempo y apoyo que me brindaron durante mi ejercicio de la profesión en La Compañía.

Cordialmente,


Mariela Bermudez.

Enter, enter, enter, enter... cuando tuve la hoja en mis manos, sonó el teléfono. Sí, ¿Dr. Encinales cómo está? Ya mismo, con mucho gusto. eh... Doctor... hay algo que debo decirle. Voy a renunciar. Lo lamento mucho Mariela, ¿así de mal la tratamos? No, no es eso, para nada. De hecho aún no he pasado la carta. Piénselo bien Mariela...  ¿Puede pasarme a Lopera mientras tanto?


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