sábado, 18 de mayo de 2013

Los Socios


A mi Padre

-Papá, ¿puedo dejarte a Tomás a dormir de hoy a mañana? Jose y yo tenemos una fiesta donde unos amigos.
-¿Y él sí se queda conmigo gorda?
- Claro papi.
-Tráelo pues.

-Hola socio.
-Hola socio. ¿Cómo estás?
-Bien.
Y Tomás entra directo al cuarto del computador no sin antes instalar sus cosas en una de las habitaciones; se pone a jugar uno de los tantos juegos en línea que ofrece Club Penguin. Al rato le da hambre y le pregunta a su abuelo si pueden pedir pizza. De pepperoni –por supuesto– El Socio le da gusto y a la media hora están disfrutando la comida en compañía de Irma. Cuando llega la hora de dormir Tomás va por su morral y se pone la pijama. El cuarto que antes parecía propicio le resulta inmenso entonces sale con la almohada y se acuesta en el mueble azul de la biblioteca.
-Aquí estoy más cómodo- le dice al socio.
Apagan las luces y quedan solamente encendidos los dos televisores. El abuelo ve las noticias en el cuarto mientras el nieto no se despega de Cartoon Network.  De repente le da sueño y el mueble azul no es tan cómodo y los árboles que alcanza a ver por la ventana empiezan a lucir amenazantes. Corre entonces al cuarto del abuelo y le pregunta si se puede quedar en su silla de estar. A lo que el Socio se ríe y le pregunta:
-¿Dónde verdaderamente quieres dormir?
Tomás lo mira, lo piensa, y sin decirle una sola palabra pone su mano en la cama donde él también está.
-Hecho socio. Acuéstate aquí.
Ya seguro, Tomás cierra los ojos pero tiene que abrirlos para ver si el Socio sigue despierto y lo está cuidando. Sí. El socio está despierto. Al cabo de un rato de abrir y cerrar los ojos, se queda plácidamente dormido hasta el otro día. Es la primera y única vez que han compartido la cama.
Al día siguiente Tomás le pregunta si puede usar el jacuzzi y si tiene burbujas para llenarlo. Burbujas no. No hay de qué preocuparse, el shampoo Johnson funciona igual. Cuando el Socio pasa a revisar encuentra a Tomás rodeado de burbujas blancas y el frasco de shampoo vacío. No puede evitar reírse y tomar una foto con su celular.
No sé a cuántas personas le haya él contado esta historia pero estoy segura que a más de dos. Desde que es un bebé, el socio representó no sólo la prolongación de la existencia sino la amistad más estrecha y verdadera. Hoy sigue acompañándolo cuando tiene partido, cuando el estrés es un examen o cuando simplemente, quiere un consejo para abordarme a mí, su mamá. 

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