lunes, 13 de mayo de 2013

Entre quedadas y despechos


Fotografía: Daniel Efe Restrepo

Cuatro dedos para no verte, uno más para obstaculizar mi percepción de tu aroma. Uno más para recordarme que debo guardar silencio. Sí, estoy enojada. No me recuerdes lo que pasó anoche. No quiero pensarte otra vez abrazado a un sanitario después de haberte bebido la ciudad sin más llamas que las uchuvas que pusieron como pasante. El matrimonio de mi prima...¿Recuerdas? Se suponía que ibas a ser el parejo perfecto, aquel que desmintiera ese rumor de que yo, estaba quedada. Claro, como así nos dicen a las mujeres después de 30, sin marido ni novio a la vista... Tú no entendiste la gravedad de ese señalamiento. Te dedicaste a bailar con todas menos conmigo. Te dedicaste a beberte la fiesta sin determinarme. No, no me digas lo siento. Soy yo quien siente haberte invitado. Creí que por ser mi amigo comprenderías... ¿qué va? Es cierto. Estoy quedada. Después de Juan no hay nadie. Al menos no lo invitaron, eso sí habría sido más que uno oso. ¿No lo invitaron o no fue? Tendré que preguntarle a mi prima cuando regrese de luna de miel. Y tú... ¿por qué bebiste tanto? ... ¿Cómo?... Lo siento Juan, no debí invitarte, cómo es que nunca supe... ¿tú y mi prima? ¿Pero cuándo? Ay disculpa. ¿Quieres que te prepare una sopa?

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