martes, 21 de mayo de 2013

Deshidratada por el oficio

-¿Qué tiene doctor?
-Síntomas de deshidratación.
-¿Cómo?
-Parece haberse deshidratado después de escribir durante horas.
-¿Pero cómo es posible?
-¿Qué bebe mientras escribe?
-Café.

La jornada empezó temprano, a las 4:00 a.m. hora de la musa, ha oído decir. Una palabra zumbando alrededor del cuarto, la despertó. Se levantó enseguida como quien descubre una nueva noticia. A tientas, llegó hasta el estudio y se encerró antes de prender la luz. Encendió el computador y con la letra zeta escribió: Zarpó. Aún no podía saber desde dónde y con qué destino pero tenía la certeza de que su personaje había zarpado. Quiso entonces elegir el puerto y lamentó no saber unas cuantas palabras de Papiamento. Ya sabía que estaba en Curazao y lo colores pasteles empezaron a inundar la geografía de aquellas calles acaloradas y distantes. Se imaginó a un pescador que estaba justo por salir y su nieto lo alcanzaba para decirle que quería acompañarlo. El viejo renegó pero no tardó en acceder a tan grata compañía. El muchacho prometió hacer silencio y obedecer a todo lo que su abuelo le dijera. Amanecía rosa y el atún no tenía forma de adivinar que varios miembros del cardumen no llegarían a la noche. La atarraya de por sí, tenía impregnado el olor del mar, la nostalgia de la pesca, el sordo auxilio de esos ojos móviles y fríos. La lanzaron y se sentaron a esperar. El abuelo prendió un tabaco y el nieto le hizo señas de que eso estaba mal. Pasaron dos horas y comenzaron lentamente a subir la pesca del día. Una cría de delfín se había atascado y les extrañó que su madre no estuviera cerca o que otros delfines hubieran saltado cerca de la barca como suelen hacerlo. Vaciaron el atún y el nieto miró al abuelo con pesar del pequeño delfín. ¿Qué le va a pasar? No podemos dejarlo. Prometo cuidarlo. No, ni modo. Su madre debe estarlo llamando. No escuchamos su llamado pero él sí. Ven, vamos a soltarlo. Entonces todo el peso del abuelo se inclinó hacia el lado derecho de la barca y mientras el nieto sostenía el rostro del delfín, el abuelo ponía la cola en el agua. Prendieron los motores y la barca comenzó su regreso. El nieto no dejaba de mirar el sitio donde habían dejado al delfín y sonrió al ver que otros delfines llegaban hasta el sitio. Apenas era medio día...

-¿Le ha dicho algo?
-Mencionó un delfín, un niño y un viaje a Curazao.
-Debe ser una historia que está escribiendo.
-Cuántas horas pasa frente al computador.
-Muchas, muchas...
-¿Qué dijo que bebe?
-Café.
-¿Come?
-Lo mínimo.
-Puede estar anémica. 
-¿No dijo antes que deshidratada?
-Ambas.
-¿Hay forma de cambiarle la rutina?
-Quizás. Unas vacaciones... ¿dijo usted que mencionó Curazao?
-Sí, ¿por qué?
-No hemos ido. No... quizás sea una buena sorpresa.

-¿Dónde estoy?
-En Urgencias.
-¿Qué hacías en Curazao?
-Ya sabes cómo es... una idea zumbante... después no me puedo detener.
-Más vale que aprendas. De lo contrario tendremos que ir a todos los sitios que visitas con palabras.
-¿Me lo prometes?


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