miércoles, 1 de mayo de 2013

Cuello de almas


Hoy se vistió de negro. Justo el color que debe evitar. Imán para almas que necesitan, uno, o dos segundos de diálogo -monólogo también sirve-. Ya se alojó el pito en su oído. Ya trató de sacudírselo como si fuera agua. Ya sabe que no está sola. La primera en trepar le dice que el túnel es un cuento; que ha ido de aquí para allá esperando encontrarlo y que la luz... simplemente no se manifiesta. Otra vez lo mismo. Sepan y entiendan que no soy medium. Es primero de Mayo por favor, ¿no me van a poner a hacer una sesión de terapia grupal justo hoy o sí? Llevo cinco meses y seis días vagando señora, fue muy complicado dar con su dirección. A mí me pasó lo mismo, yo llevo ocho meses, nueve días y seis horas... Entiendo. ¿Quién quiere empezar? La voz de una niña se cuela entre el tumulto: yo sólo llevo un día pero parece una eternidad...
¿Cómo es que saben del tiempo, no dicen pues que del otro lado es atemporal? Lo sería si no hubiera calendarios exhibidos en la mayoría de oficinas, si los computadores al abrirse no tuvieran la hora y la fecha justo ahí, abajo a la izquierda; si los noticieros, las emisoras... ya, ya, ya entendí.  ¿Decías mi niña? Fue ayer, bueno, anoche. Empezó a dolerme el estomaguito y mamá me decía que todo estaría bien, papá discutía con los médicos por hacernos esperar y de repente... el dolor se fue. Mamá supo que algo andaba mal porque palidecí. ¿Qué es un apéndice? Ay mi niña, un órgano que no sirve sino para causar estragos. Se te reventó. ¡Quiero a mi mami! Y ella te quiere. Tengo sueño, me iré ya. ¿Quién sigue? Atropellé a dos en estado de ebriedad, fui a dar contra un muro. Mi hijo me reclamó en la morgue diciendo que había ido a buscar lo que quedaba del borracho de su papá. Pero ya no lo estás. Es cierto, no lo estoy. Tengo sueño... ya también creo que parto. Yo fui enviado a matar un tipo de cuello blanco. El guardaespaldas salió más listo y me apuñaló en silencio y sin escándalo, ya van a ser dos años, seis días y hora y media. Deja de perseguir al tipo. Es cierto, para qué lo persigo. Tengo sueño. ¿Puedo?... ¿Cómo lo hace? ¿Hacer qué? Ser cuello de almas. No lo hago. Soy. Con suerte algún día yo no tenga que contar los días en el calendario de alguien más y otro hombre, otra mujer, pueda sentir mi voz en su oído y escucharla decir lo que me quedo pendiente sea el opio que necesito para trascender. ¿Hay más? Por supuesto. ¿Qué te garantiza entonces que no soy yo quién te está escuchando en este momento? Nada. Tienes razón. Me ha entrado un sueño...

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