martes, 28 de mayo de 2013

Clandestinos

Quiero darle sentido a esta tarde al saber que te veré a la noche. Quiero pasar el dedo por el gris de la ventana y abrir un azul cobalto entre el cúmulo de nubes empecinadas en ocultar el sol. Veo la lluvia regresar a mí. Mal tiempo. Torre de control, sin embargo, te da permiso para aterrizar. Hablas español. La lengua no es un obstáculo. No llevo ningún cartel con tu nombre pero sé que estoy ahí, para esperarte. Con un morral al hombro me haces saber sin cuántas cosas puedes ser sin necesitar. Quiero aprender a ser clandestina como tú. Te pido la mano negra para legalizarla en mi cuerpo y romper fronteras. Sin embargo me recuerdas que te gusta es ilegal y me veo prometiéndote que no te pondré visado y mucho menos, meses de permanencia. A cambio te pido que me robes un beso -que no reportaré ante autoridades incompetentes- Ahí sí: accedes. Estamos listos para viajar donde tu mano señale. El descenso a la ciudad, es diferente a lo que habías visto o imaginado. Las curvas te marean y mi risa le añade peso a esa sensación. Atardece y las gotas se escurren con velocidad por un parabrisas de un auto que no tiene modo bruma. Las luces juegan a hacer camino y te prometo que falta poco. Es una lástima que no puedas ver la ciudad desde arriba y que en cambio, tengamos que seguir cayendo. Caemos y no sé si estás nervioso por todas las veces que tengo que pisar el freno o tienes alguna clase de síndrome viajero.  Un aguardiente te caería bien. Me orillo en una fonda justo antes de llegar. 
-Bébelo todo, fondo blanco. -no sabes a qué me refiero con fondo blanco pero haces caso y te lo llevas a la boca de un sorbo. Te quema y me miras con el mismo fuego. 
-Pareciera que me conoces mujer. 
-Sos clandestino. Yo así, no lo puedo beber.
Regresamos al auto y ya es tu mano la que rompe los tratados urbanos de no agresión. Ignoro si es una iniciación pero a diferencia del guaro, te dejo llegar hasta el final. 



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