lunes, 6 de mayo de 2013

Amuleto


Amatista para las transformaciones, turmalina para la ansiedad, cuarzo rosa para el amor. Hay quienes se mofan de esta tradición sin embargo lucen imitaciones de ajíes en sus muñecas u ojos turcos como pendientes o llaveros. El amuleto ha perdido su esencia. Ya nadie se siente protegido por él. Tampoco atrae la suerte para ganar el baloto o gozar de ese merecido ascenso. El amuleto -no vamos a decirlo duro- ha perdido su poder. Tanto así que las hierbas han remplazado a las gemas y se toma agua de san juan o valeriana en lugar de portar cerca al corazón... una pequeña piedra. Se ha perdido la fe en lo pagano, ya nadie menciona a la Diosa. Pronto habrá eclipse de luna ¿y quién hace ofrendas a ver? Ya ni miramos al cielo. Las noticias tendrían que anunciar un asteroide para que algunos gomosos pongan al día su telescopio y apunten al cielo. De resto... el asfalto nos sube por los pies, nos vuelve postes, nos quita la luz, nos llena de estática, nos recuerda que perdimos la fe en la bondad de las pequeñas cosas. ¡Qué bello era tener tu nombre tallado con bisturí en esa madera que encontramos junto al camino, volverlo dije, lucirlo en el cuello! Recuerdo haber comprado para ti, un medallón de San Gabriel. Recuerdo tu beso y tu mano empuñándolo, el "detente" guardado en la guantera y la bendición de tu madre cada vez que tenías clase de noche y debías manejar por carretera tarde y cansado. Recuerdo que entonces, el abrazo y el beso... eran amuletos.
Ya nos deseamos suerte de manera mecánica. Si, ajá, gracias. El amuleto se partió, ya no están nuestras iniciales jugando a ser el mundo. Sin embargo, me resisto a permitir que el asfalto se me trepe por los pies, no seré poste ni apagarán mi luz, caminaré descalza: adiós estática y volveré al camino donde el eucalipto sabe de mí. No le mentiré. Esperaré a encontrar un trocito de madera donde la esencia del bosque esté dispuesta a transitar conmigo.

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