martes, 28 de mayo de 2013

Clandestinos

Quiero darle sentido a esta tarde al saber que te veré a la noche. Quiero pasar el dedo por el gris de la ventana y abrir un azul cobalto entre el cúmulo de nubes empecinadas en ocultar el sol. Veo la lluvia regresar a mí. Mal tiempo. Torre de control, sin embargo, te da permiso para aterrizar. Hablas español. La lengua no es un obstáculo. No llevo ningún cartel con tu nombre pero sé que estoy ahí, para esperarte. Con un morral al hombro me haces saber sin cuántas cosas puedes ser sin necesitar. Quiero aprender a ser clandestina como tú. Te pido la mano negra para legalizarla en mi cuerpo y romper fronteras. Sin embargo me recuerdas que te gusta es ilegal y me veo prometiéndote que no te pondré visado y mucho menos, meses de permanencia. A cambio te pido que me robes un beso -que no reportaré ante autoridades incompetentes- Ahí sí: accedes. Estamos listos para viajar donde tu mano señale. El descenso a la ciudad, es diferente a lo que habías visto o imaginado. Las curvas te marean y mi risa le añade peso a esa sensación. Atardece y las gotas se escurren con velocidad por un parabrisas de un auto que no tiene modo bruma. Las luces juegan a hacer camino y te prometo que falta poco. Es una lástima que no puedas ver la ciudad desde arriba y que en cambio, tengamos que seguir cayendo. Caemos y no sé si estás nervioso por todas las veces que tengo que pisar el freno o tienes alguna clase de síndrome viajero.  Un aguardiente te caería bien. Me orillo en una fonda justo antes de llegar. 
-Bébelo todo, fondo blanco. -no sabes a qué me refiero con fondo blanco pero haces caso y te lo llevas a la boca de un sorbo. Te quema y me miras con el mismo fuego. 
-Pareciera que me conoces mujer. 
-Sos clandestino. Yo así, no lo puedo beber.
Regresamos al auto y ya es tu mano la que rompe los tratados urbanos de no agresión. Ignoro si es una iniciación pero a diferencia del guaro, te dejo llegar hasta el final. 



martes, 21 de mayo de 2013

Deshidratada por el oficio

-¿Qué tiene doctor?
-Síntomas de deshidratación.
-¿Cómo?
-Parece haberse deshidratado después de escribir durante horas.
-¿Pero cómo es posible?
-¿Qué bebe mientras escribe?
-Café.

La jornada empezó temprano, a las 4:00 a.m. hora de la musa, ha oído decir. Una palabra zumbando alrededor del cuarto, la despertó. Se levantó enseguida como quien descubre una nueva noticia. A tientas, llegó hasta el estudio y se encerró antes de prender la luz. Encendió el computador y con la letra zeta escribió: Zarpó. Aún no podía saber desde dónde y con qué destino pero tenía la certeza de que su personaje había zarpado. Quiso entonces elegir el puerto y lamentó no saber unas cuantas palabras de Papiamento. Ya sabía que estaba en Curazao y lo colores pasteles empezaron a inundar la geografía de aquellas calles acaloradas y distantes. Se imaginó a un pescador que estaba justo por salir y su nieto lo alcanzaba para decirle que quería acompañarlo. El viejo renegó pero no tardó en acceder a tan grata compañía. El muchacho prometió hacer silencio y obedecer a todo lo que su abuelo le dijera. Amanecía rosa y el atún no tenía forma de adivinar que varios miembros del cardumen no llegarían a la noche. La atarraya de por sí, tenía impregnado el olor del mar, la nostalgia de la pesca, el sordo auxilio de esos ojos móviles y fríos. La lanzaron y se sentaron a esperar. El abuelo prendió un tabaco y el nieto le hizo señas de que eso estaba mal. Pasaron dos horas y comenzaron lentamente a subir la pesca del día. Una cría de delfín se había atascado y les extrañó que su madre no estuviera cerca o que otros delfines hubieran saltado cerca de la barca como suelen hacerlo. Vaciaron el atún y el nieto miró al abuelo con pesar del pequeño delfín. ¿Qué le va a pasar? No podemos dejarlo. Prometo cuidarlo. No, ni modo. Su madre debe estarlo llamando. No escuchamos su llamado pero él sí. Ven, vamos a soltarlo. Entonces todo el peso del abuelo se inclinó hacia el lado derecho de la barca y mientras el nieto sostenía el rostro del delfín, el abuelo ponía la cola en el agua. Prendieron los motores y la barca comenzó su regreso. El nieto no dejaba de mirar el sitio donde habían dejado al delfín y sonrió al ver que otros delfines llegaban hasta el sitio. Apenas era medio día...

-¿Le ha dicho algo?
-Mencionó un delfín, un niño y un viaje a Curazao.
-Debe ser una historia que está escribiendo.
-Cuántas horas pasa frente al computador.
-Muchas, muchas...
-¿Qué dijo que bebe?
-Café.
-¿Come?
-Lo mínimo.
-Puede estar anémica. 
-¿No dijo antes que deshidratada?
-Ambas.
-¿Hay forma de cambiarle la rutina?
-Quizás. Unas vacaciones... ¿dijo usted que mencionó Curazao?
-Sí, ¿por qué?
-No hemos ido. No... quizás sea una buena sorpresa.

-¿Dónde estoy?
-En Urgencias.
-¿Qué hacías en Curazao?
-Ya sabes cómo es... una idea zumbante... después no me puedo detener.
-Más vale que aprendas. De lo contrario tendremos que ir a todos los sitios que visitas con palabras.
-¿Me lo prometes?


Distant love

A Vad

Tengo un amor a distancia lo suficientemente lejos para comenzar una guerra; en otro idioma para estar siempre incomprendidos; con raíces estacionarias luciendo primavera mientras aquí llueve, por un fenómeno infantil. Tengo un amor a distancia, que no me tiene a mí. I will come back -dijo la primera vez- En sus ojos vi algo más: no le creí. Volvió, años después. Una y dos veces más: volvió. Y verlo llegar y partir siempre habría la pregunta de lo que habría pasado si... una pregunta que me obligué a cerrar a la fuerza con un signo de interrogación con punto en negrilla. Tomé otras decisiones. Me mantuve fiel a esas elecciones. Sin embargo hoy estamos a 15 grados, tengo asma y una parte de mí está en Londres. Un sujeto ruso, amable, suspende su trabajo para ofrecerme una bebida caliente. Le sonrío y le doy las gracias. ¿Are you ok Klaus? Le digo que sí pero no estoy bien del todo. Extraño la compañía de su silencio. La ausencia de sus verbos y los míos buscando un denominador común en inglés para acariciarnos con palabras. Estoy en modo Londres, en mi recuerdo él sigue ahí... nos encontramos accidentalmente en la cocina; lo veo introducir comida pre-cocida al  microondas, esperamos a que timbre. Le hablo de sembrar algo en el jardín. Se ofrece a ayudar. Fuma como loco. Me atraviesa la transparencia de sus ojos. ¿Are you better?... Me pregunta por Elvira y le digo que nos visitará pronto.  Araño los pocos recuerdos que me quedan. Intento no ser muy dura conmigo por la indiferencia que le doy a ratos pero le agradezco al frío y al silencio las conexiones con los buenos momentos de nuestro pasado. 






sábado, 18 de mayo de 2013

Los Socios


A mi Padre

-Papá, ¿puedo dejarte a Tomás a dormir de hoy a mañana? Jose y yo tenemos una fiesta donde unos amigos.
-¿Y él sí se queda conmigo gorda?
- Claro papi.
-Tráelo pues.

-Hola socio.
-Hola socio. ¿Cómo estás?
-Bien.
Y Tomás entra directo al cuarto del computador no sin antes instalar sus cosas en una de las habitaciones; se pone a jugar uno de los tantos juegos en línea que ofrece Club Penguin. Al rato le da hambre y le pregunta a su abuelo si pueden pedir pizza. De pepperoni –por supuesto– El Socio le da gusto y a la media hora están disfrutando la comida en compañía de Irma. Cuando llega la hora de dormir Tomás va por su morral y se pone la pijama. El cuarto que antes parecía propicio le resulta inmenso entonces sale con la almohada y se acuesta en el mueble azul de la biblioteca.
-Aquí estoy más cómodo- le dice al socio.
Apagan las luces y quedan solamente encendidos los dos televisores. El abuelo ve las noticias en el cuarto mientras el nieto no se despega de Cartoon Network.  De repente le da sueño y el mueble azul no es tan cómodo y los árboles que alcanza a ver por la ventana empiezan a lucir amenazantes. Corre entonces al cuarto del abuelo y le pregunta si se puede quedar en su silla de estar. A lo que el Socio se ríe y le pregunta:
-¿Dónde verdaderamente quieres dormir?
Tomás lo mira, lo piensa, y sin decirle una sola palabra pone su mano en la cama donde él también está.
-Hecho socio. Acuéstate aquí.
Ya seguro, Tomás cierra los ojos pero tiene que abrirlos para ver si el Socio sigue despierto y lo está cuidando. Sí. El socio está despierto. Al cabo de un rato de abrir y cerrar los ojos, se queda plácidamente dormido hasta el otro día. Es la primera y única vez que han compartido la cama.
Al día siguiente Tomás le pregunta si puede usar el jacuzzi y si tiene burbujas para llenarlo. Burbujas no. No hay de qué preocuparse, el shampoo Johnson funciona igual. Cuando el Socio pasa a revisar encuentra a Tomás rodeado de burbujas blancas y el frasco de shampoo vacío. No puede evitar reírse y tomar una foto con su celular.
No sé a cuántas personas le haya él contado esta historia pero estoy segura que a más de dos. Desde que es un bebé, el socio representó no sólo la prolongación de la existencia sino la amistad más estrecha y verdadera. Hoy sigue acompañándolo cuando tiene partido, cuando el estrés es un examen o cuando simplemente, quiere un consejo para abordarme a mí, su mamá. 

miércoles, 15 de mayo de 2013

Últimas palabras de un chupasangre


Ábrela más. Desnuda tu hombro. Sal de la tela. Sé helipuerto para mi lengua. Te quiero beber. Llevo 24 horas sin probar tu sangre. Ni decir que es dulce. Me encantaría si fuera fría y me diera sensación de paleta. Automáticamente sería un necrófilo y dudo que las chicas vean un padre pudiente en mí con ese aspecto. No soy ni huesos. Soy digamos, un pequeño ser articulado dotado de una sensibilidad... ¿especial? Quizás. ¿Por qué no? Sí, quédate quieta. No escuches mis alas. Ponte el audífono. Perfecto. Ah, un poco más. Lo que bebo no es ni una gota. Gracias... Gracias... 

Maldito zancudo de mierda. Otra vez voy a tener que llamar a fumigar. 
Una, dos, la tercera es la vencida. Ahí cayó... 

...se suponía que era yo quién quería helado. No siento la pata, se ha ido la fuerza. Vuela... Vuela... me confié en el audífono, ahora entiendo cuando dicen tecnología de mierda.

martes, 14 de mayo de 2013

Ocre en rosado

La espátula dejó huellas cónicas de color hueso sobre una superficie naranja. Por más que lo intento no puedo descifrar la firma del pintor. V C H con otra letra que se vuelve agua, me hace pensar que puede tratarse de un Víctor o un Vicente, quizás es mujer y se trata de Verónica. No puedo saber. Quien enmarcó el cuadro se suicidó en extrañas circunstancias -como si pudiera hablar de un suicidio en circunstancias corrientes- y sólo él sabe el nombre del artista. Hay textura en la obra. Geometría también. Gris, Negro, Ocre y un toque de Rosado. El rosado es lo que más me atrae. En una superficie casi de naviera, sorprende encontrar esa ternura difuminada en círculos, huellas de algo más. Bien podría tomar una foto y subirla para que vean el cuadro pero la verdad es que prefiero que lo imaginen. El lienzo es de 120 x 60 más o menos. No lo medí. Es un cálculo aproximado. El cielo es más pastel al lado derecho. Es naranja puro al izquierdo y café en la esquina inferior izquierda. Un momento... parece haber mezclado un poco de verde tras el crema... un efecto sombra con poder matiz. Si llegaste hasta aquí en la lectura te preguntarás qué carajos estoy haciendo. La verdad es que necesitaba un break. Honestamente a ratos me intoxica lo que escribo. Me siento recurrente en la mirada y me ofusco detrás de la pantalla que tú no ves. Es entonces cuando busco motivos que me abstraigan de estas realidades que invento y me acompañan: me ayuda mucho mirar afuera, fijarme en un verde, notar que ha comenzado a llover. El escritorio es un caos de textos por estos días y el cuadro me serena a pesar de su emotividad. Muchas veces me pregunto el propósito del blog. Muchas veces respondo que es un ejercicio. Miento. Hace rato que pasamos ese umbral. Mi toxicidad se purga con estas hojas en blanco que lucen más agradables que las demás. Mentiría si digo que he pensado en dejarlo. No. Por el contrario, ahora quiero trabajar en proyectos que lo nutran. Involucrar artistas. Soñar en conjunto y procurar que la imagen y el texto sigan contando historias.

Hoy es un día ocre en rosado. No hay imagen. Sólo la mención de la misma. Está en ti, imaginarla. A propósito: yo estoy de blanco y morado. 

lunes, 13 de mayo de 2013

Entre quedadas y despechos


Fotografía: Daniel Efe Restrepo

Cuatro dedos para no verte, uno más para obstaculizar mi percepción de tu aroma. Uno más para recordarme que debo guardar silencio. Sí, estoy enojada. No me recuerdes lo que pasó anoche. No quiero pensarte otra vez abrazado a un sanitario después de haberte bebido la ciudad sin más llamas que las uchuvas que pusieron como pasante. El matrimonio de mi prima...¿Recuerdas? Se suponía que ibas a ser el parejo perfecto, aquel que desmintiera ese rumor de que yo, estaba quedada. Claro, como así nos dicen a las mujeres después de 30, sin marido ni novio a la vista... Tú no entendiste la gravedad de ese señalamiento. Te dedicaste a bailar con todas menos conmigo. Te dedicaste a beberte la fiesta sin determinarme. No, no me digas lo siento. Soy yo quien siente haberte invitado. Creí que por ser mi amigo comprenderías... ¿qué va? Es cierto. Estoy quedada. Después de Juan no hay nadie. Al menos no lo invitaron, eso sí habría sido más que uno oso. ¿No lo invitaron o no fue? Tendré que preguntarle a mi prima cuando regrese de luna de miel. Y tú... ¿por qué bebiste tanto? ... ¿Cómo?... Lo siento Juan, no debí invitarte, cómo es que nunca supe... ¿tú y mi prima? ¿Pero cuándo? Ay disculpa. ¿Quieres que te prepare una sopa?

domingo, 12 de mayo de 2013

Las super-mamis

Fotografía: Daniel Efe Restrepo

Lo cierto es que nadie se hace super-mami si no es porque alguien más te considera así. 
Las super-mami suelen ser personajes muy amorosos y cálidos que saben repartir abrazos y enseñar acerca del mundo, las relaciones y las cosas. No vienen por catálogo ni se producen en serie, se hacen a partir de los años y la experiencia. Jamás olvidan el rostro de cada hijo, una vez lo tienen sobre su vientre. Conocen cada peca, el origen de cada cicatriz y poseen unas manos mágicas que aprendieron a hacer masajes el mismo día que tuvieron que sacar su primer gas. Su mayor arma: la paciencia. La mayor enseñanza: el ejemplo. No son sólo super-mamis. Son mujeres que sueñan y persiguen esos sueños; mujeres que estudian, trabajan, aman, sobre todo aman y nunca, nunca, se olvidan de ser: ellas mismas. 

Para esas mujeres, muchas de ellas mis amigas, está dedicada esta entrada. Es gracias a ustedes que el infinito se hace tangible, que las caricias cobran sentido y que las palabras se hacen delgadas y hermosas como en el más tierno cuento.

Feliz día a todas y estoy segura de que en casa, saben que tienen una super-mami con ellos. Apuesto a que hoy, muchas fueron consentidas desde que abrieron los ojos.  

miércoles, 8 de mayo de 2013

Procesión de cacheteros


Fotografías Daniel Efe Restrepo 

La libertad de expresión nunca se había visto tan particularmente representada. Como desnudarse ya no tenía ningún chiste se optó por salir en paños menores. En otros ciudades como México D.F. y Nueva York ya se había realizado un emplazamiento similar, que abarcaba el Metro, en Medellín, se planeó igual, sin embargo... La Cultura Metro, no permitió la procesión de ciudadanos en cacheteros, calzoncillos y boxers.  Migró la intención y las calles de Bello pronto fueron la pasarela de tangas y encajes con los más diversos colores y expresiones. De no haber sido programada la marcha, muchos de estos turistas pudieron haber terminado en el Hospital Mental, pero estaban en grupo, y una epidemia de estas características era improbable. 

 

Para los ojos de un niño debió resultar extraño ver torsos semi vestidos. De la cintura hacia arriba, corrían con el vestuario de un día cualquiera. Los zapatos también eran los mismos. ¿Dónde habían quedado las faldas, shorts y pantalones? En casa. Ninguno era emperador y sin embargo todos se sentían satisfechos con sus fachas. ¿A quién señalar? El responsable -al parecer- es un grupo de facebook denominado: Los chistes de Sebas Argentino. 

Lo que más me llama la atención de este ejercicio o performance colectivo es la confrontación con la cultura Metro. En otros países, pudieron realizar la marcha a través de los vagones sin ningún problema. De hecho, eligieron las estaciones para desnudarse y allí la fuerza del sistema no fue tan preponderante como aquí. La Cultura Metro parece estar protegida contra todo, posee una asepsia única. Los ciudadanos no hacen grafitis en el metro, nadie raya, todos cuidamos incluso, es prohibido hablar en voz alta...


La libertad de expresión quería montar en Metro y... no la dejaron. 












lunes, 6 de mayo de 2013

3D

¿Mamá, estás despierta? Hmmm, sí por qué. No duermas más por fa. ¿Te da miedo? No. no me gusta. Lo sé. Ya me levanto. Deja me desperezo. ¿Sabes qué día es hoy? Sábado. ¿Qué pasa los sábados? Son sábados de la mamá y el niño. Sí amor, pero sabes que estudio desde temprano y... nada, es cierto lo que dices, muy cierto, ¿Qué quieres hacer hoy?¿Qué tal ir a comer un heladito? ¿Y ya estás listo? Me faltan los zapatos y ya. Ah y mamá, ¿tú sabes cuándo sale Iron Man 3? No sé pero ya mismo averiguamos. Esa es para ir con el papá también. Claro. No me lo vas a creer... ya salió. ¿Podemos ir mamá? ¿En inglés y lees los subtítulos? Apuesto a que ya eres capaz. Bueno. Llama al papá. ¿Qué dijo? Que ya viene. Uy qué rico. A arreglarnos entonces, deja me maquillo. ¡Yupy! Y con sólo lavarme la cara, todo el cansancio se va... sé que no le gusta verme dormir... sé por qué no le gusta. Entonces me arreglo para salir con ambos. Llegamos al cine, compramos las boletas, tenemos tiempo para ir por una hamburguesa y, en todo el trayecto desde al cine hasta el restaurante, no me suelta la mano. De hecho, de vez en cuando la aprieta en un lenguaje subterráneo que tenemos para expresar que estamos juntos y contentos. Hace su orden con absoluta propiedad, si algo sabe es cómo le gustan los alimentos: sin verduras ni salsas. Aros de cebolla por favor. El papá me hace señas desde otro local, le digo a mi hijo que iré pero la idea de verse solo no lo entusiasma. Más bien me acompaña y me hace regresar por su pedido. La función está a punto de empezar. Nos damos prisa y llegamos hasta nuestros asientos asignados 4F, 5F, 6F él por supuesto, se pide la mitad. la mitad y las crispetas. Hago entrega de los lentes 3D y para cuando comienza la película ya somos tres niños comiendo palomitas, tomando gaseosa y leyendo subtítulos. Los leo para garantizar que esté leyendo y sí... "Pepper recibe un conejo". La película le encanta, lo sé porque se aguanta las ganas de ir al baño hasta el final. Va con el papá. Los espero. Me escondo. Los veo salir y decir: ¡ahí está! La felicidad en 3D deviene con ellos. 



Amuleto


Amatista para las transformaciones, turmalina para la ansiedad, cuarzo rosa para el amor. Hay quienes se mofan de esta tradición sin embargo lucen imitaciones de ajíes en sus muñecas u ojos turcos como pendientes o llaveros. El amuleto ha perdido su esencia. Ya nadie se siente protegido por él. Tampoco atrae la suerte para ganar el baloto o gozar de ese merecido ascenso. El amuleto -no vamos a decirlo duro- ha perdido su poder. Tanto así que las hierbas han remplazado a las gemas y se toma agua de san juan o valeriana en lugar de portar cerca al corazón... una pequeña piedra. Se ha perdido la fe en lo pagano, ya nadie menciona a la Diosa. Pronto habrá eclipse de luna ¿y quién hace ofrendas a ver? Ya ni miramos al cielo. Las noticias tendrían que anunciar un asteroide para que algunos gomosos pongan al día su telescopio y apunten al cielo. De resto... el asfalto nos sube por los pies, nos vuelve postes, nos quita la luz, nos llena de estática, nos recuerda que perdimos la fe en la bondad de las pequeñas cosas. ¡Qué bello era tener tu nombre tallado con bisturí en esa madera que encontramos junto al camino, volverlo dije, lucirlo en el cuello! Recuerdo haber comprado para ti, un medallón de San Gabriel. Recuerdo tu beso y tu mano empuñándolo, el "detente" guardado en la guantera y la bendición de tu madre cada vez que tenías clase de noche y debías manejar por carretera tarde y cansado. Recuerdo que entonces, el abrazo y el beso... eran amuletos.
Ya nos deseamos suerte de manera mecánica. Si, ajá, gracias. El amuleto se partió, ya no están nuestras iniciales jugando a ser el mundo. Sin embargo, me resisto a permitir que el asfalto se me trepe por los pies, no seré poste ni apagarán mi luz, caminaré descalza: adiós estática y volveré al camino donde el eucalipto sabe de mí. No le mentiré. Esperaré a encontrar un trocito de madera donde la esencia del bosque esté dispuesta a transitar conmigo.

viernes, 3 de mayo de 2013

Intoxicada de sueños


Deben ser las píldoras: de día toma una azul y de noche una que no es roja pero se le asemeja. Elije entonces estar suspendida, entre la realidad y la matriz. Entre su verdad y un montón de nodos que emiten señales que su sonar capta. Tan pronto se duerme, su oficial a bordo sale en búsqueda de la planilla e intenta ubicar los espacios que las señales sugieren. Una vez ubicados, se pone el traje común: jean y camiseta; con tenis porque son tan aislantes como las botas... y no, no usa lentes oscuros. Se abre paso con sus ojos cafés por noches sin niebla; y así es como visita a los amigos, así es como a veces se encuentra con personas que no ha visto en décadas. La impresión es algo que nunca se repite de sueño en sueño. Pero sí se intoxica cuando sueña de noche y de día, y cuando una escena o  diálogo queda pendiente por una línea.

Nunca ha tenido que usar artes marciales y a Morfeo sólo lo vio en cine y televisión. Ignora cómo luce en realidad su nave. No sigue conejos pero ahora estudia tatuajes... Es así como se despierta y abre el libro de Sandra Martínez Rossi, La piel como superficie simbólica, en un fragmento de Pedro Duque donde explica la dinámica de escarificación para marcar el cuerpo en performances... (p.211). Recuerda su marca con cariño y se pregunta si tendrá la valentía necesaria para modificarla.


En su Matrix sabe que nada es real y nada es imprescindible, incluso ella. Procura ser responsable con sus roles. Causalidad, sí, causalidad es todo lo que existe. Lo demás: ilusión. A veces se apega al recuerdo de un sueño. A veces quiere inmortalizar un buen momento. Adora la idea del amor pero sabe que es poderosa mientras sea una idea. Se queda entonces con los afectos.

Una derecha incierta


A la derecha de mi futuro aparece tu mirada sin cuestionarme. El presente es bello, te digo. Y te ríes de mi ingenuidad. ¿Qué es presente, qué es futuro? Imagino una línea de tiempo y cuando voy a detallártela, con las manos me dices que no hace falta. Mira mujer, tu presente era mi futuro. Ya, eres mi pasado. Somos atemporales ¿si ves? Lo intento pero la atemporalidad no me cabe en un plano cartesiano; no sé cómo pintarla y me enredo cada vez que intento reproducir una tierna imagen fractal. No te frustres. No intentes ponerle razón al azar. La tiene pero está por encima de ti y de mí, comprenderla. No, no puede ser tan difícil, matemática sí... ya verás que algún día te muestro la fórmula. ¿Para qué? ¿Por qué me desanimas? Porque no estás aquí para inventar fórmulas. Eso ya lo hiciste sólo que no lo recuerdas. ¿Ya lo hice? Sí, nos fue regular. Oh, entiendo. Pero... nada de peros mujer. Devuélveme esa mirada incierta a tu derecha. ¿Ésta?    Sí, esa precisamente. ¿Estás en mi presente? Por ahora.

Suena el celular y ella simplemente: despierta.

Renuncia de taquígrafa

He querido renunciar a él como quien pasa una carta a bienestar laboral. He querido... me he dicho que nadie necesita una taquígrafa a distancia. Taquígrafa, así dice mi tarjeta. Las voces me llaman, me dictan y yo pongo en limpio lo que sus bocas exhalan. Una carta para el concejo de administración, una citación de asamblea, un memorando para Jiménez. Las bocas tienen tecnología pero me prefieren a mí. Dicen que le pongo color a lo inanimado. ¿Color? Debe ser una excusa suya para compartir con alguien esas oficinas estadio donde bien podrían ubicar seis cubículos. El mío por ejemplo, no es más que un escritorio donde acomodar dos impresoras y un portátil. Sostiene también un porta lápices y un talonario de hojas en blanco para apuntar razones. El calendario, sí, lo tengo exhibido y me encanta porque trae los festivos con relleno verde... dan ganas como salir de camping. Mis jefes... usualmente me marcan por el interno. "Traiga block y lápiz" Lo llevo. Usualmente, no me siento. De pie escribo los garabatos que sólo yo entiendo y que corresponden a lo que ellos expresan. Odio que suene el teléfono en medio de un dictado... me desconcentra.  Y entonces sí alguno se da cuenta, protesta y verlos ofuscados, me estresa. Usualmente siempre llama uno cuando estoy en dictado con otro. Gajes del oficio y recortes presupuestales les negaron una taquígrafa a cada uno. Tienen que compartirme y no les gusta. A mí me encanta trabajar para Encinales,  y no porque sea el más joven, es más bien por... la voz. El más difícil en cambio es Lopera; ese señor habla en cursiva y detesta cuando le digo ¿Cómo? Verse interrumpido lo saca de casillas. Volviendo a Encinales... es a él a quien he querido renunciar. Lleva dos meses por fuera en un entrenamiento y el trabajo es aburrido desde que no está. Los otros cuatro pasan las mismas cartas, tienen los mismos intereses y les gusta joder, usualmente -con memorandos- a las mismas personas. Se han vuelto... predecibles. Encinales llama y me dicta otras cosas. El otro día me dictó dos frases para anexar a un ramo de flores para su novia... me pidió el favor de encargarme del resto: llamar a la floristería, pedir las rosas bien rojas, como sí hubiera otras... y le dije que sí a todas sus solicitudes. Y justo cuando la llamada iba a terminar, no sé cómo, me atreví a preguntarle cuándo regresaría... él se extrañó y me dijo que si no era mejor tenerme lejos y descansar un poco de tanto gerente inútil. -lo dijo en broma por supuesto- y quise decirle que descansar de ellos sí, pero que tenerlo lejos a él no... pero no pude. Luego supe que lo iban a trasladar definitivamente y en un arranque   imprevisto, tomé la máquina de escribir ubicada en otro escritorio, le puse la hoja, gradué el ángulo recto y escribí a toda prisa:

Medellín, Mayo 3 de 2013

Señores
Bienestar Laboral
Ciudad

Respetados señores:

Por motivos personales, no puedo continuar ejerciendo mi cargo como taquígrafa. A partir de la fecha, les concedo un mes para encontrar la persona que ha de sustituirme y con gusto le haré el empalme de ser necesario.

Muchas gracias por todo el tiempo y apoyo que me brindaron durante mi ejercicio de la profesión en La Compañía.

Cordialmente,


Mariela Bermudez.

Enter, enter, enter, enter... cuando tuve la hoja en mis manos, sonó el teléfono. Sí, ¿Dr. Encinales cómo está? Ya mismo, con mucho gusto. eh... Doctor... hay algo que debo decirle. Voy a renunciar. Lo lamento mucho Mariela, ¿así de mal la tratamos? No, no es eso, para nada. De hecho aún no he pasado la carta. Piénselo bien Mariela...  ¿Puede pasarme a Lopera mientras tanto?


miércoles, 1 de mayo de 2013

Cambio de apariencia


Deja de mirarme como un lepidóptero, no soy una flor y menos una margarita. No confundas mi naranja con una fruta. No soy comestible, ni siquiera, masticable. Vamos deja esa mirada, ya me tienes hasta nerviosa. ¿Qué es lo que te preocupa? ¿Por qué no salimos? Ven, vamos  a tomarnos algo, cambiemos de ambiente, sí, se que hace frío pero qué importa, para eso está una chaqueta ¿no? Cómo que entre las cobijas. No me digas... tienes en mente un plan distinto... ja, hoy no se puede. Porque no, estamos en esos días. ¿Que con razón estoy mal genio? ¡Qué tal! Tú no sabes cómo es, así que no te las vengas de muy sabiondo. ¿Entonces salimos o no?

¿Por qué le cambié la apariencia del blog? Estuviste leyendo... (sonrisa) bueno, la verdad es que me canso de la misma plantilla. ¿No te pasa? Creo que no. A ti te encanta la básica, blanca como tus luces sobre la modelo. A mí me ocurre lo contrario. Me fatiga entrar y encontrar el mismo fondo estático y superfluo. ¿Quién mira el fondo por más de dos minutos? Es como quien compra un libro y se queda en contemplación con la carátula. A contenidos móviles debería existir la opción de plantillas móviles, ¿no lo crees? ¿Cómo así que eso es para temperamentos volubles? Voluble... ya vi lo que pretendes. Hacerme enojar para que diga que no vamos a salir y terminar dándote gusto después de una provocación. Pues no. Quiero salir. Lo tengo muy claro. Más bien dime, ¿vienes o no?

Salgo sola con apariencia nueva. A la plantilla, le quité el color y cambié la imagen de los negativos por una de relato gráfico. Mientras conduzco con palabras, pienso en esa apariencia. ¿Por qué esa y no otra? ¿Por qué duró tan poco la anterior? Voluble... ¡Ja! Y si no fui diseñada para durar... quizás sí tenga algo de flor o una fruta estacionaria, y quizás Jose tenga razón al mirarme como un lepidóptero. Voy a colgar esta entrada momentáneamente mientras regreso a buscar su boca chupadora.


Cuello de almas


Hoy se vistió de negro. Justo el color que debe evitar. Imán para almas que necesitan, uno, o dos segundos de diálogo -monólogo también sirve-. Ya se alojó el pito en su oído. Ya trató de sacudírselo como si fuera agua. Ya sabe que no está sola. La primera en trepar le dice que el túnel es un cuento; que ha ido de aquí para allá esperando encontrarlo y que la luz... simplemente no se manifiesta. Otra vez lo mismo. Sepan y entiendan que no soy medium. Es primero de Mayo por favor, ¿no me van a poner a hacer una sesión de terapia grupal justo hoy o sí? Llevo cinco meses y seis días vagando señora, fue muy complicado dar con su dirección. A mí me pasó lo mismo, yo llevo ocho meses, nueve días y seis horas... Entiendo. ¿Quién quiere empezar? La voz de una niña se cuela entre el tumulto: yo sólo llevo un día pero parece una eternidad...
¿Cómo es que saben del tiempo, no dicen pues que del otro lado es atemporal? Lo sería si no hubiera calendarios exhibidos en la mayoría de oficinas, si los computadores al abrirse no tuvieran la hora y la fecha justo ahí, abajo a la izquierda; si los noticieros, las emisoras... ya, ya, ya entendí.  ¿Decías mi niña? Fue ayer, bueno, anoche. Empezó a dolerme el estomaguito y mamá me decía que todo estaría bien, papá discutía con los médicos por hacernos esperar y de repente... el dolor se fue. Mamá supo que algo andaba mal porque palidecí. ¿Qué es un apéndice? Ay mi niña, un órgano que no sirve sino para causar estragos. Se te reventó. ¡Quiero a mi mami! Y ella te quiere. Tengo sueño, me iré ya. ¿Quién sigue? Atropellé a dos en estado de ebriedad, fui a dar contra un muro. Mi hijo me reclamó en la morgue diciendo que había ido a buscar lo que quedaba del borracho de su papá. Pero ya no lo estás. Es cierto, no lo estoy. Tengo sueño... ya también creo que parto. Yo fui enviado a matar un tipo de cuello blanco. El guardaespaldas salió más listo y me apuñaló en silencio y sin escándalo, ya van a ser dos años, seis días y hora y media. Deja de perseguir al tipo. Es cierto, para qué lo persigo. Tengo sueño. ¿Puedo?... ¿Cómo lo hace? ¿Hacer qué? Ser cuello de almas. No lo hago. Soy. Con suerte algún día yo no tenga que contar los días en el calendario de alguien más y otro hombre, otra mujer, pueda sentir mi voz en su oído y escucharla decir lo que me quedo pendiente sea el opio que necesito para trascender. ¿Hay más? Por supuesto. ¿Qué te garantiza entonces que no soy yo quién te está escuchando en este momento? Nada. Tienes razón. Me ha entrado un sueño...