lunes, 1 de abril de 2013

Sobre-acento

He querido multiplicarme para que mis textos rindan en tres escenarios. Tras bambalinas... me ha costado seguirme el paso, me he tropezado, he incluso una vez: me fui de bruces. También he salido con el atuendo equivocado a un escenario que no esperaba verme así; se me ha olvidado despojarme de la tilde que quieren arrancar de sólo y la he puesto cuando la norma dice que ya no es necesaria. A veces incluso sufro de sobre-acento, una extraña enfermedad consistente en acentuar lo que no lleva tilde. No sé si deba al ritmo frenético con que mis dedos quieren abrirse camino por el teclado o si la razón es el exceso de cafeína  -acentuada en la i- olvidada por muchos pero imprescindible para mí al momento de prender los  motores de mañanas y tardes entre lecturas sueltas de bellas poesías. 

Ahora mismo soy sólo una fracción que se repite en los tres escenarios. Una mujer que se cuenta en historias, y crea otras donde se permite fantasear aunque los medios o expertos insistan en recalcar que ahora la pauta es la realidad. No puedo escribir por o para pautas. Ni siquiera si se tratara de desempolvar la administración para diseñar el slogan de una marca. Una paisa que no dice pues con frecuencia y una fracción que a ratos se pregunta por la unidad que eres. Sí, lector, me pregunto por ti.

Me pregunto si habrá un hilo conductor en estas historias que relato y que tú has visto nacer conmigo. Me digo que más fácil lo identificas tú porque mis fracciones se contradicen entre sí. Y sigo respetando tu derecho a no comentar. Aunque tu voz en letras a veces me hace falta. ¿Cómo saber si te dio emoción lo que a mí me causó espanto, o sí pudiste rescatar amor donde amé?



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