martes, 23 de abril de 2013

Relatos gráficos


Hemos estado construyendo relatos gráficos sin darnos cuenta. Mientras una rubia decía que no le alcanzó el orgullo, Luvina, se robaba la luz para salir con el novio sin que la madre se enojara; y mi cuerpo en un traje ejecutivo contaba la historia de un tacto perdido en una zona T. Antes o después sangraron los ojos, visitamos dos veces un banco de alcobas y vimos partir a seres amados con los cuales a través  de la palabra, nos reencontramos. Y en medio de todo, hemos mudado de voz, hemos sido hombre, niño, abuela, madre, mujer. Hemos incluso sido exhibicionistas... de todo ha pasado por aquí. En Bogotá, una amiga lectora me hizo caer en la cuenta de que la voz se volvió mujer y me dije: ¡no puede ser...! Si tanto trabajo me costaba escribir con el femenino... pero ya ven... ahora estoy es cómoda y debo migrar al masculino otra vez, no vaya a ser que se sienta descuidado con lo mucho que lo quiero y todo lo que Antonio pudo hacer gracias a él.

¿Continuáremos con los relatos gráficos? no lo sé. Siento un afán estético de provocar con la imagen. Ignoro si mi propósito se cumple o no, pero me ejercito. En lugar de ir a pescar en la web, prefiero crear o pedirle a creadores que me presten imágenes con las cuales contar y contar hasta lo indescifrable.

Les confieso que he tenido revelaciones con las fotografías. Las chicas que aparecen allí son amigas de amigos. No hay conexión alguna diferente a la imagen, no hay comentarios sobre cómo son o qué les ha ocurrido y... más de una entrada a dado en el blanco de una emoción oculta. No sé bien como funciona este mecanismo. Sólo sé que las imágenes reposan en mis carpetas de autor por un tiempo. Las veo, las siento, pienso en ellas y luego, cualquier día... está resuelto. Tengo la historia y sé quién puede acompañarla. Entonces ellas se leen y me mandan decir... ¡no puedo creerlo!


No hay comentarios: