lunes, 15 de abril de 2013

¿Qué quiero decir?


Tengo una lista de No Debería encabezada con tu nombre y acontece que tú, el ensimismado y distante sos lo que más deseo por estos días, en esta vida. ¿Cómo concilio entonces, el querer, con el debería? Al diablo el deber, voy a aprender a decir: cerca.

Cerca de tus ojos estoy. Cerca de tus manos mi piel amplifica sus sonares y el vaso, la cuchara, el plato, le hacen interferencia al deseo de posarme sobre ti, por un  rato. El pitillo pone a bailar los hielos y el jugo desciende lentamente. Mi boca te habla de proyectos, de palabras, de cuentos que aún no he comenzado, de la reacción de un lector a mi novela y de ese personaje aún en construcción que se parece indefectiblemente a ti aunque no lo sepas.

Entonces me hablas tú, después de poner tu mano en mi hombro y crees que un gesto así pasaría desapercibido por mi piel. Trato de enfocarme lo que dices pero tu mano sigue ahí y cuánto detesto la camisa entre ambos tactos. Se te ocurre que un café sería bueno para bajar el almuerzo y llamas al mesero con la mano de mis tormentos. Puedo por fin concentrarme en lo que dices. En el tema de tu próximo seminario, en la fascinación que te despierta un autor que no había escuchado antes y que ahora hace parte de mis referencias próximas.  Te escucho... y esta afinidad nuestra se deleita en la palabra cardumen que nada en uno de tus poemas. Discutimos enérgicamente sobre su pertinencia.  Continúo leyéndote y entonces sí, me concentro en lo que dices. Ya no digo amor, estoy lejos. Digo con certeza: me gusta.


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