viernes, 26 de abril de 2013

Pinnueve


Fotografía: Daniel Efe Restrepo

Geppetto olvidó mencionar a Pinnueve. Mientras Pinocho estuvo fuera haciéndole creer que iba a la escuela, él se la pasó moldeando la figura de una hermosa niña, casi mujer. La guardaba en el depósito junto a los taburetes que hacían el negocio rentable para vivir. Más de un cliente quiso llevársela para decorar salones, pero el viejo le tenía cariño y a juzgar por su tierna nariz... no decía mentiras. Pinnueve, no había salido de una astilla de Pinocho; era una chica en madera que se sentía bien con su elemental aunque fuera inflamable y no estuviera inmunizada. A veces llegaban niños que la creían marioneta y le pegaban hilos para hacerla bailar. Ella sonreía y les seguía el juego hasta que Geppetto los interrumpía con una tos agría para que regresaran a sus casas a estudiar.

A Pinnueve, no se le pedía cocinar. Tampoco tenía que limpiar la casa ni remover la nieve que había comenzado a caer junto al zaguán. Ella estaba ahí, para escuchar. Era entonces cuando Geppetto se quejaba de las travesuras de Pinocho y con preocupación le decía que no entendía esa manía de andar diciendo mentiras con lo fácil que era hablar con la verdad.

Pinnueve, no hablaba. Se limitaba a invocar a las ninfas de los bosques de donde provenía. Y se preguntaba si ella era de sauce o de eucalipto, quizás de roble o castaño dulce. Sentía nostalgia de bosque, añoranza de río, conífera curiosidad de musgo en los pies.

Fue entonces cuando aprovecho un descuido de Geppetto y se fugó. No salió tan diferente de Pinocho después de todo. 




No hay comentarios: