lunes, 15 de abril de 2013

En blanco y negro


Me he caricaturizado en un instante, para verme como en realidad soy: en blanco y negro. Afuera quedaron los colores absurdos como el amarillo pollito o el melón. Adentro soy una tonalidad gris. Sencillo. Todo lo demás también parece haberse mimetizado con mi juego y la poltrona azul parece negra con puntos blancos. Atrás, la sombrilla orgullosa por sus colores vistosos se ha negado a salir aunque el día sea de lluvia y pronto debamos irnos. La puerta... la puerta ni se ve. Se ha convertido en túnel y estoy por aproximarme a él para buscar a tientas un poco de dulce. ¡No! Estoy a dieta. Dieta que se hace más fácil sin color. No hay un canuto de maracuyá tentándome para que lo saque de su envoltura y me lo lleve a la boca. No hay manzanas verdes ni duraznos atrayéndome. Parecieran todos haberse convertido en mobiliario y mi hambre se ha secado con tan absurda falsificación. El túnel, sin embargo, me lleva a la terraza donde las plantas dejan lucir sus hojas como plumas y mi risa dura tan sólo hasta que un gusano me recuerda el dolor.

Llegas y traes el beso y después de un minuto me dices: ¿Mujer, adónde se ha ido el color? Cierro la tapa de mi computador y hago cara de extrañeza, entonces dices que debemos llamar a los servicios públicos para que los reincorporen, que esa vaina es igual a internet, que se cae y se cae y se sigue cayendo. 
Te dejo llamar y poner la queja y protestar y cuando estás a punto de insultar. Abro la tapa y devuelvo la imagen a su origen habitual. ¡Por fin! ¿Quiénes se han creído?

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