lunes, 29 de abril de 2013

Cancán


Orfeo en mis infiernos tiene el delirio de la réplica, el son son sin son ni ton, el eco de su lira clonando piernas. 
-¿Euridice dónde estás? 
-Aquí... Aquí... Aquí... 
-¿Dónde amor, dónde? 
-Aquí... Allí... Aquí...-pobre poeta. 
-Me ayudarías más si te quedas quieta. 
-¿Pero cómo? Hay que bailar, hay que bailar. 
¿Quién lo dice? Por supuesto: Euridice.

-No dejes de hablarme, vamos de subida. 
-Vamos, vamos, vamos... 
-¿Quién responde? 
-Tu Euridice.

¿Cómo confiar cómo? Hades dijo que si no miraba atrás podría salir de la gruta y traerla desde la muerte misma. ¿Cumplirá su palabra? Más me vale. Quiero mirar, quiero, ¿sigues ahí mujer? Sigo, sigo, sigo. ¿Pero quién me sigue si me hablan tres? Mirar debo.

Y tan pronto Orfeo voltea su rostro y mira por encima de su hombro las Euridices comienzan a caer del peñasco. Intenta agarrar la mano de una pero el peso de las otras dos, la hala. Perdóname amor. Perdóname. Sigue tocando la lira... sólo así podré escucharte...podré escucharte...




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