lunes, 29 de abril de 2013

Cancán


Orfeo en mis infiernos tiene el delirio de la réplica, el son son sin son ni ton, el eco de su lira clonando piernas. 
-¿Euridice dónde estás? 
-Aquí... Aquí... Aquí... 
-¿Dónde amor, dónde? 
-Aquí... Allí... Aquí...-pobre poeta. 
-Me ayudarías más si te quedas quieta. 
-¿Pero cómo? Hay que bailar, hay que bailar. 
¿Quién lo dice? Por supuesto: Euridice.

-No dejes de hablarme, vamos de subida. 
-Vamos, vamos, vamos... 
-¿Quién responde? 
-Tu Euridice.

¿Cómo confiar cómo? Hades dijo que si no miraba atrás podría salir de la gruta y traerla desde la muerte misma. ¿Cumplirá su palabra? Más me vale. Quiero mirar, quiero, ¿sigues ahí mujer? Sigo, sigo, sigo. ¿Pero quién me sigue si me hablan tres? Mirar debo.

Y tan pronto Orfeo voltea su rostro y mira por encima de su hombro las Euridices comienzan a caer del peñasco. Intenta agarrar la mano de una pero el peso de las otras dos, la hala. Perdóname amor. Perdóname. Sigue tocando la lira... sólo así podré escucharte...podré escucharte...




viernes, 26 de abril de 2013

Pinnueve


Fotografía: Daniel Efe Restrepo

Geppetto olvidó mencionar a Pinnueve. Mientras Pinocho estuvo fuera haciéndole creer que iba a la escuela, él se la pasó moldeando la figura de una hermosa niña, casi mujer. La guardaba en el depósito junto a los taburetes que hacían el negocio rentable para vivir. Más de un cliente quiso llevársela para decorar salones, pero el viejo le tenía cariño y a juzgar por su tierna nariz... no decía mentiras. Pinnueve, no había salido de una astilla de Pinocho; era una chica en madera que se sentía bien con su elemental aunque fuera inflamable y no estuviera inmunizada. A veces llegaban niños que la creían marioneta y le pegaban hilos para hacerla bailar. Ella sonreía y les seguía el juego hasta que Geppetto los interrumpía con una tos agría para que regresaran a sus casas a estudiar.

A Pinnueve, no se le pedía cocinar. Tampoco tenía que limpiar la casa ni remover la nieve que había comenzado a caer junto al zaguán. Ella estaba ahí, para escuchar. Era entonces cuando Geppetto se quejaba de las travesuras de Pinocho y con preocupación le decía que no entendía esa manía de andar diciendo mentiras con lo fácil que era hablar con la verdad.

Pinnueve, no hablaba. Se limitaba a invocar a las ninfas de los bosques de donde provenía. Y se preguntaba si ella era de sauce o de eucalipto, quizás de roble o castaño dulce. Sentía nostalgia de bosque, añoranza de río, conífera curiosidad de musgo en los pies.

Fue entonces cuando aprovecho un descuido de Geppetto y se fugó. No salió tan diferente de Pinocho después de todo. 




jueves, 25 de abril de 2013

Contar calorías


-¿A quién espera?
-Justo, a quien no llega.

El hambre ya le dio mal genio. El frío la tiene contra la pared. Otra vez tendrá que cambiarse dos veces el mismo día por esa costumbre de vestirse según el humor y no según el clima. Ella misma se lo advirtió y antes del vestido escogió un jean gastado pero esa terquedad suya quiso llevarse un punto inútil. Ahora no sólo tiene frío sino la certeza de que esperarlo para el almuerzo es mala idea.

Suena el celular y es él. No voy a almorzar. Bueno. Se le ha quitado el hambre de pensar que otra vez comerá sola. Aunque no debería. Desde que tiene memoria ha comido sola por ese hábito de la siesta que no perdona y que anticipa o posterga según las horas de sueño -que legalmente cuenta- de la noche anterior. 

Es sopa. Aprendió a tomarla hace poco. Siempre había sido fan del seco hasta que el nutricionista la motivó a contar calorías y engañar al estómago. No se siente bien engañando a nadie y menos al propio cuerpo. Se muere por unas papitas fritas y el número 400 aparece cargado de culpa. ¿Quién se las come pues después de saber que en una caminata de una hora apenas si se queman 50?

Deporte, claro, hay quienes le insisten con el deporte. Ella hizo caso, que conste. Se fue para un gimnasio crossfit... llena de valor y voluntad siguió las instrucciones de calentamiento e hizo rigurosamente los 500 metros de remo, simulación, por supuesto. Entonces se paró y el mundo no era el mismo. El rostro de la entrenadora tenía otras proporciones, muy móviles, fue cuando se dio cuenta que estaba sudando frío y tuvo que pedir con urgencia, los servicios. No voy a relatar lo que allí sucedió. Simplemente diremos que tuvo que pedir trapeadora. Era un gimnasio... no para todo el mundo. La cuña era estupenda, eso de sentirse bien, era justo lo que quería y preciso lo que no logró. No terminó con las demás pruebas. Intentaron tranquilizarla, le dijeron que a veces ocurría, que no era la única y le preguntaron cuándo volvería. Ella cortésmente respondió: el miércoles. Y aún no sabemos a qué semana se refería.

Ahora prefiere contar las calorías: comenzar el día con 200 de una arepa y un queso, sumarle un 100 de un yogur de media mañana, abolir su adorado arroz y pecar de vez en cuando con algún dulcesillo. Y  sí, contentarse al saber que la sopa solo tiene 60.  Se ha vuelto toda una economista de alimentos. Su canasta no es familiar sino cotidiana y tiene el tope de 1200. 

Aquí entre nos, creo que le dieron una herramienta peligrosa. No la han declarado obsesivo-compulsiva pero si tenemos en cuenta su forma numérica de subir escalones... bueno... creo que sería mejor ponerle fecha a ese miércoles.


martes, 23 de abril de 2013

Relatos gráficos


Hemos estado construyendo relatos gráficos sin darnos cuenta. Mientras una rubia decía que no le alcanzó el orgullo, Luvina, se robaba la luz para salir con el novio sin que la madre se enojara; y mi cuerpo en un traje ejecutivo contaba la historia de un tacto perdido en una zona T. Antes o después sangraron los ojos, visitamos dos veces un banco de alcobas y vimos partir a seres amados con los cuales a través  de la palabra, nos reencontramos. Y en medio de todo, hemos mudado de voz, hemos sido hombre, niño, abuela, madre, mujer. Hemos incluso sido exhibicionistas... de todo ha pasado por aquí. En Bogotá, una amiga lectora me hizo caer en la cuenta de que la voz se volvió mujer y me dije: ¡no puede ser...! Si tanto trabajo me costaba escribir con el femenino... pero ya ven... ahora estoy es cómoda y debo migrar al masculino otra vez, no vaya a ser que se sienta descuidado con lo mucho que lo quiero y todo lo que Antonio pudo hacer gracias a él.

¿Continuáremos con los relatos gráficos? no lo sé. Siento un afán estético de provocar con la imagen. Ignoro si mi propósito se cumple o no, pero me ejercito. En lugar de ir a pescar en la web, prefiero crear o pedirle a creadores que me presten imágenes con las cuales contar y contar hasta lo indescifrable.

Les confieso que he tenido revelaciones con las fotografías. Las chicas que aparecen allí son amigas de amigos. No hay conexión alguna diferente a la imagen, no hay comentarios sobre cómo son o qué les ha ocurrido y... más de una entrada a dado en el blanco de una emoción oculta. No sé bien como funciona este mecanismo. Sólo sé que las imágenes reposan en mis carpetas de autor por un tiempo. Las veo, las siento, pienso en ellas y luego, cualquier día... está resuelto. Tengo la historia y sé quién puede acompañarla. Entonces ellas se leen y me mandan decir... ¡no puedo creerlo!


Sobre-expuesta


Tengo un recuerdo arañándome la espalda. Las manos de un hombre conversando con mi nuca. La insoportable humedad de sus labios en ese lunar junto a mí clavícula izquierda. Sus ojos oscuros perdidos entre la noche yo. Su olfato haciéndome cosquillas. Su lengua abriendo la comisura de mi boca. Mi lengua queriendo esconderse para evitar probarlo otra vez. Negación inútil... he sido tan suya como mía. Me ha dolido en el esternón, me ha dejado molida las caderas, por él he juntado palabras que ni se conocían. Y ahora, sobre-expuesta, no tengo adónde huir; es más, no quiero. A nadie he sabido esperar y a él lo busco. La imperante necesidad de verlo me lleva a cometer locuras. ¿Qué importa que su voz me desencaje, que su mirada me desnude, e incluso, que con dos o tres palabras me posponga o me dilate?

Soy más clara o más oscura a su lado. Pero soy... 


lunes, 15 de abril de 2013

En blanco y negro


Me he caricaturizado en un instante, para verme como en realidad soy: en blanco y negro. Afuera quedaron los colores absurdos como el amarillo pollito o el melón. Adentro soy una tonalidad gris. Sencillo. Todo lo demás también parece haberse mimetizado con mi juego y la poltrona azul parece negra con puntos blancos. Atrás, la sombrilla orgullosa por sus colores vistosos se ha negado a salir aunque el día sea de lluvia y pronto debamos irnos. La puerta... la puerta ni se ve. Se ha convertido en túnel y estoy por aproximarme a él para buscar a tientas un poco de dulce. ¡No! Estoy a dieta. Dieta que se hace más fácil sin color. No hay un canuto de maracuyá tentándome para que lo saque de su envoltura y me lo lleve a la boca. No hay manzanas verdes ni duraznos atrayéndome. Parecieran todos haberse convertido en mobiliario y mi hambre se ha secado con tan absurda falsificación. El túnel, sin embargo, me lleva a la terraza donde las plantas dejan lucir sus hojas como plumas y mi risa dura tan sólo hasta que un gusano me recuerda el dolor.

Llegas y traes el beso y después de un minuto me dices: ¿Mujer, adónde se ha ido el color? Cierro la tapa de mi computador y hago cara de extrañeza, entonces dices que debemos llamar a los servicios públicos para que los reincorporen, que esa vaina es igual a internet, que se cae y se cae y se sigue cayendo. 
Te dejo llamar y poner la queja y protestar y cuando estás a punto de insultar. Abro la tapa y devuelvo la imagen a su origen habitual. ¡Por fin! ¿Quiénes se han creído?

¿Qué quiero decir?


Tengo una lista de No Debería encabezada con tu nombre y acontece que tú, el ensimismado y distante sos lo que más deseo por estos días, en esta vida. ¿Cómo concilio entonces, el querer, con el debería? Al diablo el deber, voy a aprender a decir: cerca.

Cerca de tus ojos estoy. Cerca de tus manos mi piel amplifica sus sonares y el vaso, la cuchara, el plato, le hacen interferencia al deseo de posarme sobre ti, por un  rato. El pitillo pone a bailar los hielos y el jugo desciende lentamente. Mi boca te habla de proyectos, de palabras, de cuentos que aún no he comenzado, de la reacción de un lector a mi novela y de ese personaje aún en construcción que se parece indefectiblemente a ti aunque no lo sepas.

Entonces me hablas tú, después de poner tu mano en mi hombro y crees que un gesto así pasaría desapercibido por mi piel. Trato de enfocarme lo que dices pero tu mano sigue ahí y cuánto detesto la camisa entre ambos tactos. Se te ocurre que un café sería bueno para bajar el almuerzo y llamas al mesero con la mano de mis tormentos. Puedo por fin concentrarme en lo que dices. En el tema de tu próximo seminario, en la fascinación que te despierta un autor que no había escuchado antes y que ahora hace parte de mis referencias próximas.  Te escucho... y esta afinidad nuestra se deleita en la palabra cardumen que nada en uno de tus poemas. Discutimos enérgicamente sobre su pertinencia.  Continúo leyéndote y entonces sí, me concentro en lo que dices. Ya no digo amor, estoy lejos. Digo con certeza: me gusta.


martes, 9 de abril de 2013

Lanzamiento de Ciento Uno en la Feria Internacional del Libro de Bogotá


Los invito a participar del lanzamiento de Ciento Uno. Conversaremos con Iván Correa sobre mi primera novela, un encuentro con la enfermedad bipolar a través de las peripecias de Antonio, el personaje que la padece.

Detalles del evento
Nombre del evento:Lanzamiento: "Ciento uno".
Categoría de actividad:General
Tipo de actividad:Presentación
Fecha de realización:20-Apr-13
Pais:Colombia
Lugar-sala :José Eustasio Rivera - Cap. 100 personas
Desde la hora:17:30
Hasta la hora:19:00
Descripción del evento:Presentación de la edición, en libro electrónico, de la novela Ciento Uno (Beca de Creación en Novela, 2009, Alcaldía de Medellín), de la escritora paisa Claudia Patricia Restrepo, a cargo de Iván Correa, editor de eLibros Editorial.

Boceto (después del banco de alcobas)



Un desfile de ausencias decidió retratarme en luces y sombras. No quise mirar el lienzo. Preferí pensarte. Imaginarme una vez más, timbrando a tu puerta con la ilusión de verte. El olor del cigarrillo y el ron, acompañando mi espera. El timbre otra vez. Tú dormido. Yo con afán de despertarte. Las escaleras, por mí convertidas en butaca. El celular... tu voz. "Gordita ya te abro" Tu canosa barba insipiente alojada en un beso que no alcanzaba ni a raspar. Tu abrazo -a veces torpe- y tus pantuflas blancas de hotel amenazándome con ese dedo gordo inconforme por el último golpe que te diste. La cafetera de una sola taza goteando por un defecto que nunca arreglamos y para el que una servilleta era suficiente remedio. Mi ansiedad de niña auscultando las gavetas por chocolate. Tu risa al declararme desde siempre: dulcera. El cigarrillo encendido y con el pantalón de la pijama como club de tiro para cenizas que se encargaban de traerlas al podio "Soy de Oscar, no duro nueva" Tu cuchara en carrusel con dos de azúcar sobre el recién listo café. Tu cabello desordenado y coqueto, provocativo para mis manos que jamás se cansaron de darle masajes a un coco acelerado y brillante. Las canas de tus cejas, cada vez más evidentes se arqueaban con tu sonrisa y la pregunta infantable: "¿Cómo está mi socio?" Bien papá, bien; igual que todos: añorándote. Me miras entonces con profundidad y un ave soledad se aloja en el árbol de aguacate justo detrás de nosotros. Pero si van bien -me dices. Quiero preguntarte  cómo lo sabes pero sé que no hace falta mi pregunta. ¿Cuándo te volveré a ver? Cuando quieras. Ya encontraste la llave del no dolor. No olvides que eres tú quien fabrica las alcobas.  

lunes, 1 de abril de 2013

No me pidas que te escriba

Fotografía: Daniel Efe Restrepo

Vine hasta aquí, según tus instrucciones: sube por la carretera, tanto como puedas y... detente a mirar el valle. No pienses nada, siente. Y lo único que siento es tu adiós; tu olfato arañándome las piernas, las raíces de tu boca haciendo grumos en la mía; los dedos intentado sacarlas, mis papilas reclamándolas para sí
 -arraigado está tu sabor-  El cítrico sabor de una boca sin mentiras ni mentas... Y mientras miro la ciudad, atardece, y mis manos se congelan. Prometí escribir unas líneas desde aquí, pero tú eres la única línea que no puedo escribir. Me hago agua de pensarte; soy deseo con evocar tu rostro; nostalgia al repensar tu silueta... larga y ajena. Con un ojo me miras con una inclinación de ceja;  con el otro me muestras la calma sin cuestionarme. A ambos les digo que estoy aquí, que seguí tus instrucciones pero que no soy capaz de escribir. 

Me repruebas. Sé que me repruebas. Busco entonces quién puedes ser que también soy, y una palabra me llega: cruel. Me sacudo de reconocerme así. Me lo niego. No soy cruel. Sin embargo, tú me enviaste aquí sola y yo te seguí. Sí, somos crueles. Ninguno de los dos sabe decir adiós. Y ninguno cree en el hasta pronto.

Me calzo, busco las llaves del carro y me alejo del sitio sin mirar la montaña. Abre la noche. Al menos sé que ya no seré tuya. 

Con usted o ninguna

Fotografía: Daniel Efe Restrepo

¡Qué vicio ese de dejarme esperando! "A las dos voy por ti" ¿Cómo no? Esta vez sí va a saber cuántas son cinco. ¿Cuántas? Pues cinco... no le voy a dar papaya para que termine burlándose de mí como siempre, es que, no sé porqué me verme brava le resulta tan chistoso. Pero me va a oír. Ay no, ¿y si le pasó algo? ¿Qué le va a ver pasado? Ese aprendió a manejar primero moto que triciclo. Bueno, eso creo. Dos veinticinco. Media hora bajo este sol, gracias a mi mamá que me enseñó a usar bloqueador. "Mija así se arruga menos" fue la cuña que me convenció. Caramba, nada que llega y yo sin minutos en este tiesto de celular. Desde que se lo presté a mi hermana... ¡tas! no funciona igual. Y eso que juró y re-juró que no le había hecho nada. Mínimo se le fue al sanitario. Ay hombre por qué no llegas, ya me tenés hasta nerviosa. Y por aquí no pasa nadie que no viva o sea pariente de alguien de la vereda. Será entonces: subirme; regresar a casa con estos tacones de mierda. Me los puse sólo porque a él le encantan... 

"Por un beso de la flaca yo daría lo que fuera, por un beso... aunque sólo uno fuera" Pa`dónde va mi amor tan arregladita, no me estaba esperando pues... Muy bien dicho, estaba. Ya no quiero salir. No quiere... no me diga que se enojó porque me retrasé. ¿RETRASÉ? Llevo más de una hora a pleno sol. Sudé hasta el primer tetero, me muero por una cerveza y no se me arrime porque me provoca matarlo. Tranquila mami, súbase y ahí vamos viendo. Vea que tengo una buena razón para el retraso. Buena razón ninguna. ¿Está segura mami, ah eso es que no le gustan los regalos?

La palabra regalo la quiebra. ¿Regalo? Sí, mami. Para usted. Verá, lo he pensado mucho. Es con usted o con ninguna, qué dice... Entonces ella se voltea esperando encontrar una caja y oh sorpresa: dos boletas para el clásico. 



  

Sobre-acento

He querido multiplicarme para que mis textos rindan en tres escenarios. Tras bambalinas... me ha costado seguirme el paso, me he tropezado, he incluso una vez: me fui de bruces. También he salido con el atuendo equivocado a un escenario que no esperaba verme así; se me ha olvidado despojarme de la tilde que quieren arrancar de sólo y la he puesto cuando la norma dice que ya no es necesaria. A veces incluso sufro de sobre-acento, una extraña enfermedad consistente en acentuar lo que no lleva tilde. No sé si deba al ritmo frenético con que mis dedos quieren abrirse camino por el teclado o si la razón es el exceso de cafeína  -acentuada en la i- olvidada por muchos pero imprescindible para mí al momento de prender los  motores de mañanas y tardes entre lecturas sueltas de bellas poesías. 

Ahora mismo soy sólo una fracción que se repite en los tres escenarios. Una mujer que se cuenta en historias, y crea otras donde se permite fantasear aunque los medios o expertos insistan en recalcar que ahora la pauta es la realidad. No puedo escribir por o para pautas. Ni siquiera si se tratara de desempolvar la administración para diseñar el slogan de una marca. Una paisa que no dice pues con frecuencia y una fracción que a ratos se pregunta por la unidad que eres. Sí, lector, me pregunto por ti.

Me pregunto si habrá un hilo conductor en estas historias que relato y que tú has visto nacer conmigo. Me digo que más fácil lo identificas tú porque mis fracciones se contradicen entre sí. Y sigo respetando tu derecho a no comentar. Aunque tu voz en letras a veces me hace falta. ¿Cómo saber si te dio emoción lo que a mí me causó espanto, o sí pudiste rescatar amor donde amé?