viernes, 15 de marzo de 2013

Un beso aéreo


Te vi pasar por mi pantalla esta mañana. Suspendí la lectura para verte en secreto y analizar el lenguaje de tu desprevenida postura. Me dio hambre en seguida y tuve que levantarme por un pedazo de torta de chocolate y un vaso de leche. El carrizo comenzó a temblar debajo de la mesa y aunque me deshice de un tacón, no me sirvió de nada porque pronto los dedos buscaron algo que tocar. La áspera superficie de unas cajas de cartón repletas de libros, fue lo que encontraron. Mientras tanto vos, seguías congelado y tu mirada al occidente de alguien más, no tenía forma de adivinar la encuesta que mis labios te habían preparado. Quise saber, casi de inmediato, tu estado civil, color favorito, autor predilecto, cita inolvidable -de un autor por supuesto- película o director de culto y banda de rock de tu agrado. No te imagine milonguero ni mucho menos fan de salsa. El pop me pareció muy suave y la música clásica... no, no iba con ese cabello revuelto, a propósito por ti desordenado. Abrí todos los chats, te busqué en todas esas ventanas, te esperé en una cita que no había sido programada y me bogué dos tasas de café -sin azúcar- esperando que llegaras a entablar conversación, conmigo. No llegaste o estabas en status fantasma. Tuve que ir por otro pedazo de torta, chuparme hasta los dedos, resignarme a esta nueva y sutil derrota. Fue entonces que me despedí con un beso aéreo y cuando estaba a punto de dar click en desconectarme, apareciste fugaz, y te me perdiste. Al menos recibiste el beso, fue lo que me dije. 


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