domingo, 10 de marzo de 2013

El espejo



Fotografía: Marco Ramírez

"El espejo es una utopía puesto que es un lugar sin lugar"
M. Focault

¿Anhelará el espejo el cuerpo que refleja, ese espacio que lo tienta o lo niega? ¿Será cierto que al dolor añade más dolor y más belleza a la belleza? ¿La belleza está adentro o afuera? No pregunto dónde está el horror porque a ese sí siempre lo juzgamos externo. El horror... de la guerra...
Y qué hacer cuando las partes en conflicto son las emociones, cuando la puñalada es el dolor en el estómago... No creo que el espejo anhele ser lo que refleja porque así como el río no olvida su cauce, su cuerpo es de vidrio, cristal de roca. Hasta es posible que descanse cuando la maldición de una mano lo pulveriza y le devuelve la libertad.

No pongas espejos en el cuarto -me dijo una amiga años atrás; temiendo que un ojo en la intimidad fuera capaz de separar aquello que cohabitaba el espacio donde el amor se manifiesta y  la indiferencia también se expresa. Desobedecí. El espejo era más espacio para un espacio pequeño, y la sensación de amplitud que me transmitía era superior a ese temor ciego que quería infundirme. Entonces el espejo fue mi cómplice, el vigía de mis noches de insomnio, el testigo mudo de mi llanto convulso. Y como si hubiera sido conjurada, mi pareja empezó a desaparecer del cuarto, primero por minutos que lo conducían a la biblioteca, luego por horas que lo llevaban al bar y una noche, una carta, un punto final. Ni siquiera tuvo la valentía de decirme, no quiero seguir más. Y mi rabia fue incontrolable, deshice almohadas, abrí cajones, tiré las pocas pertenencias que dejó para no despertar mis sospechas y finalmente, miré al espejo -no es que me hubiera mirado en él- mire al espejo y quise romperlo, tirarlo contra la pared, lanzarlo de mi quinto piso, pararme sobre él. Sin embargo, recobré la compostura y ahora sí, me miré en él. No podía echarle la culpa. No podía destruirlo y dejar que ausencia sumara otra a mi noche. Lo cubrí con una sábana en señal de castigo y me acosté a pretender dormir.





No hay comentarios: