martes, 12 de marzo de 2013

Consecuencias de un olvido


Fotografía: Marco Ramírez


Llegó. No me ha visto. No puede ser, control remoto, Jusfify... se trajo la comida desde la cocina y la hamburguesa parece ser lo único que le voy a ver morder esta noche. Mi paciencia se transforma en tristeza ante su saludo superficial y la ausencia de contacto visual. Por un momento pienso levantarme y encerrarme en el baño pero sé que ni así se daría cuenta de que hoy es nuestro aniversario. No entiendo por qué me enseñaron a prestarle atención a las fechas, a conmemorar onomásticos, a querer ser... una sorpresa. Por lo menos no había abierto el vino. Compré flores sabiendo que él no las traería. Las puse a la entrada como señal recordatoria y creo que solo las abejas notaron su efímera presencia. Cortos comerciales. Se levanta a la cocina a llevar el plato y traer una cerveza de vuelva. Una. Rara vez me pregunta si quiero acompañarlo. Vive ensimismado en un mundo que, honestamente no cohabito. He comprado tiquetes de avión, cenas elegantes, comidas callejeras y todo tipo de artilugios para acceder a él y ha sido en vano. Es entonces cuando miro el fémur que mi piel recubre y me pregunto lo obvio, si el deseo murió. Entonces comienzo a detestar los encajes, los esmaltes, los rizos en el pelo y todo lo que represento con femineidad. "Jamás tocada" parece el slogan de esta convivencia extraña. Entonces me digo: ¡es gay! ¿Cómo no me di cuenta antes? Ahora el deseo que ha muerto es el mío. Lo observo con extrañeza buscando pruebas de mi reciente descubrimiento. Siempre entre amigos, siempre cansado... y antes de continuar conjurando, me levanto por una pijama de ovejas y busco las pantuflas para encender un cigarrillo en la terraza. Fumar a oscuras nunca será igual a lo demás. Enciendo mi cigarro y dejo caer las cenizas sobre una mata vieja y cansada. Pronto escucho pasos. 
-Sandra, ¿qué haces? Ven a la cama.
-Ya lo sé todo. Sos gay.
-¡Qué, qué! No me digas, olvidé el aniversario otra vez.




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